Hijos del dolor
Entrevistas / A Perfect Circle

Hijos del dolor

Robert Aniento — 05-12-2003
Fotógrafo — Archivo

Tras el sonado e inesperado éxito de su debut “Mer de Noms” (Virgin, 00), Billy Howerdel, Maynard James Keenan y Josh Freese vuelven a rizar el rizo con éxito en “The Thirteenth Step”. Son novedad la entrada al bajo de Jeordie Osborne (Twiggy Ramirez para los ex-amigos) y del guitarrista James Iha (exSmashing Pumpkins), éste ya de cara a la nueva gira. Quizá ya no cuenten con el elemento sorpresa a su favor, pero a cambio logran renovarse a sí mismos y, de paso, dar una nueva lección a todas las bandas que acogieron su primera obra como particular libro de estilo.

Más allá del guiño permisivo que le dedicamos a las últimas (y muchas de ellas raquíticas) obras de nuestros queridos ídolos añejos; más allá de las decepciones a las segundas de cambio cuando descubrimos que la penúltima gran esperanza resulta ser el último gran desengaño. El segundo larga duración de A Perfect Circle nos demuestra que todavía existen bandas en las que podemos confiar. Resulta tan insoportable como inseparable. Tan enfermizo como revitalizador. Tan denso como eficaz. Tan inquietante como balsámico. Tan alejado de la sutilidad como próximo a la delicadeza. Tan cercano a Tool como distante de “Mer de Noms”.

“En las sesiones para este disco también han participado amigos como Josh Homme (QOTSA) o PJ Harvey. Todo el mundo con ideas afines puede colaborar”

No sólo han conseguido con este “The Thirteenth Step” cumplir con las expectativas que el público, la prensa, la industria habían puesto en ellos, sino también superar el altísimo listón que se habían colocado ellos mismos con el infatigable “Mer de Noms”. Un disco debut que, recordemos, consiguió hace tres años que nadie se volviera a preguntar cuando Tool editaría la hasta entonces tan esperada continuación de “Aenima” (1996). Demostraron que Maynard James Keenan y Billy Howerdel formaban un equipo como pocos y sorprendieron a todo el mundo con un giro de tuerca hacia una música más atmosférica y menos enrarecida que conseguía, a partir de sus propias virtudes, hacer veraz el mismo nombre de la banda. Todo había empezado cuatro años antes. Tool, tras el éxito inesperado e inesperable de sus dos primeros discos, “Undertow” y “Aenima” (¿quién dijo que este tipo de obras inescrutables sólo triunfaban en los setenta?) inició una etapa de descanso, combinada con una batalla legal contra su sello discográfico. La banda, liderada por Maynard James Keenan, un pintoresco frontman con una imagen y actitud más propia de frenopático que de estrella de rock, había conseguido una mezcla perfecta entre el art rock más perturbado y un sonido metálico guitarrero tan subsidiario como palpable. La crítica se había rendido a sus pies, sus apariciones en Lollapalooza (donde fueron cabezas de cartel junto con Korn en el 97), eran tan esperadas como celebradas y, pese a que el boom comercial del rock alternativo de principios de los noventa empezaba a declinar, su nombre parecía un seguro de éxito. Todos esperaban ansiosos su nuevo trabajo. Pero tanto Maynard como el guitarrista que había ayudado a conseguir el brillante resultado de “Aenima”, Billy Howerdel, tenían otros planes. Se disponían a sorprender a propios y extraños con una nueva banda y un nuevo sonido. La primera gran diferencia era el liderazgo dentro del grupo. Si Tool era Gollum, fruto de la esquizofrenia de Maynard, A Perfect Circle era Arwen, hijo directo de las experimentaciones más atmosféricas y reposadas (aunque en la misma proporción que enigmáticas) de Howerdel. “La gente se dirige a mí como líder porque nos asocian con el otro grupo, pero Billy escribe toda la música y es quien se ha encargado de la producción de todo el disco. Está claro que al principio habrá muchas comparaciones, pero cuando aparezca un nuevo disco de Tool también se nos comparará con A Perfect Circle”, aclaraba entonces Maynard, cuadrando con loable precisión el devenir del combo. Efectivamente, “Mer de Noms” marcaba un punto y aparte, no sólo en la carrera de sus componentes, sino también en el acontecer del rock del nuevo milenio. Intenso, apasionado, hermético y catártico a partes iguales, sus doce temas resistían sin problemas cualquier paralelismo que se quisiera realizar. Y, tal como predecía Maynard, cuando en el 2001 volvieron Tool con “Lateralus”, fueron inevitables las comparaciones, en esta ocasión imposibles de compensar. Hemos tenido que esperar dos años para que sea el mismo equipo básico que compuso “Mer de Noms”, formado además de por Maynard y Billy por el reputado batería Josh Freese (GN´R, QOTSA, Paul Westerberg), el que desentierre por fin el baúl de los elogios. Es precisamente con éste último con el que nos citamos por teléfono para conocer más detalles acerca de la nueva obra. “Es un disco más complicado que “Mer de Noms”. Más duro, tanto en su sonido como en las letras. Se percibe, al oírlo, una tensión que, efectivamente, existía entre nosotros a la hora de grabarlo. Tanto Billy como Maynard han padecido recientemente desgracias familiares importantes y existía un cierto aire de amargura y tirantez que se ha acabado reflejando en “The Thirteenth Step”. Por suerte, acabamos el disco sin matarnos los unos a los otros y, a la vez, el resultado es todo lo satisfactorio que podíamos esperar”. Más allá de la atmósfera que se respira, el disco se define a sí mismo también como una obra más conceptual, más experimental, incluso más intelectual que “Mer de Noms”. “Estoy de acuerdo. Después de todo, hemos estado trabajando más tiempo en él. Tampoco es un giro radical respecto al sonido de A Perfect Circle; se trata simplemente de un paso en otra dirección, una nueva ruta más aventurada” y aventurera, en la que sin duda han influido las colaboraciones con las que ha contado el trío repetidor. Más allá de la comentada entrada en el combo del ex bajista de Marilyn Manson, Twiggy Ramirez, bautizado Jeordie Osborne para la ocasión y que sustituye a la tan carismática como huidiza Paz Lechantin (recientemente también ha abandonado Zwan), ha participado en el disco Danny Lohner (NIN) y ha vuelto a colaborar en varios temas el guitarrista Troy van Leeuwen (que dejó la banda para enrolarse con QOTSA).

“Axl fue muy amable y generoso conmigo durante la grabación de “Chinese Democracy”, pero no podía estar eternamente esperando su llamada para salir de gira”

Además, ya se ha incorporado el ex Smashing Pumpkins James Iha de cara a la nueva gira. “Claro, los nuevos componentes inciden sin lugar a dudas en el resultado final del disco. Probablemente, la aportación más clara es la de Jeordie (participa en la composición de uno de los temas). Es un gran bajista y ha sabido captar la esencia de A Perfect Circle desde un primer momento”. Con tanto baile de nombres, al final uno se pregunta si no será A Perfect Circle un proyecto parecido al de Queens Of The Stone Age, una base sólida completada con diferentes (y estelares) colaboraciones en cada nuevo proyecto. “Bueno, sí y no. Es un poco de todo. Lo nuestro es una comuna musical. Una comunidad de puertas abiertas. En las sesiones para este disco también han participado, además de la gente que has nombrado, amigos como Josh Homme (QOTSA) o PJ Harvey. Todo el mundo con ideas afines puede colaborar”. Entre los temas de “The Thirteenth Step” (título referente por cierto a los doce pasos o fases de Alcohólicos Anónimos) sorprende por su eficacia el primer single, “Weak and Powerless”, una ingeniosa mezcolanza de luminosidad y melodía. Pero especialmente turbadora es la experiencia de disfrutar de “The Outsider”, uno de los cortes más duros y descarnados: “Probablemente ése sea uno de los temas preferidos por todos en la banda. Desde luego, es mi favorito. En cierta forma, su composición fue diferente a la del resto. Fuimos creando diferentes piezas, que al final intentamos encajar como en una especie de puzzle sonoro. El resultado es extraño. Intentamos que saliera como primer single. Después de todo, es más representativo de “The Thirteenth Step” que “Weak and Powerless”. No pudo ser, pero será el segundo sencillo que salga del álbum”. Posiblemente el contrapunto más brillante nace de la tan lúcida como aberrante versión del “The Nurse Who Loved Me” de los Failure. Un lago plácido a la vez que brumoso que d

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