Músico inquieto por naturaleza, el barcelonés Hans Laguna acaba de despachar con “Manual de Fotografía” (El Genio Equivocado, 2016) un cuarto álbum exento de corsés, mediante una depuración de estilo en la que su pop de vuelo libre se empapa ocasionalmente de ritmos latinoamericanos, textos que combinan la indagación introspectiva con la necesidad de abrirse al influjo de buenas compañías y una política de austeridad con la que menos mimbres dan lugar a un discurso más proteico. ¿Su mejor trabajo? Es muy posible.

Charlar con él es una buena forma de destripar algunas de las claves de uno de esos discos que, afortunadamente, se alejan de las manidas divisas comunes del indie estatal (tanto del que transita a la velocidad de crucero de los grandes festivales como del que muchas veces vende como elixires de subsuelo algunos perfumes de segunda mano) para acercarse a un discurso autoral rebosante de ese factor a veces tan difícil de calibrar: una acentuada personalidad.

Has ido modulando tu mensaje de una forma cada vez más austera, tanto instrumentalmente como en los textos, que ahora son muy directos. De hecho, has escrito tú mismo la hoja promo. ¿No querías que nadie se explicara por ti? ¿Prefieres eliminar intermediarios?
Al final las hojas de prensa siempre van copiando una información que se repite en diferentes medios, y muchas veces las escribe el propio artista pero en tercera persona, hablando de una manera neutra. Es más honesto y más entretenido para el lector, si hago una pequeña explicación confesional del disco. Lo de eliminar intermediarios me parece una política bastante sana. No tengo tan claro lo que comentas de la austeridad, porque a nivel de percusiones hay muchas capas. Siempre he trabajado con baterías, pero en este disco hay un montón de panderetas, congas, etc… No sé si es más austero, lo que ocurre es que también he eliminado intermediarios en la parte de la grabación, porque he grabado mucho material en casa. También con el portátil e incluso con el móvil. No como otras veces, en las que he grabado el cien por cien en un estudio. Esta vez he intentado hacer mucho más por mi cuenta. Sí que había una voluntad por mi parte de cargarme más cosas a la espalda.

“Un disco es como un conjunto de imágenes de un momento tuyo, y me hacía gracia jugar con el concepto de imágenes sonoras de una etapa de mi vida”.

Cristian Pallejà y Ferran Resines repiten a la producción. ¿Es un paso más en la senda emprendida en “Deletrea”?
Al haber grabado casi todo por mi cuenta, incluso ritmos con un móvil Samsung, corría el riesgo de irme de madre, así que me siento muy seguro llevando luego todo el material a Cristian y a Ferran, y que ellos también desde fuera aportaran su visión. Si rompemos todas las fórmulas, al final ya me siento desorientado, así tenía que tener una visión externa. Cuando te tiras muchas horas en tu casa grabando, llega un momento en que no sabes ni lo que estás haciendo.

Corres el riesgo de perder la perspectiva, ¿no?
Sí, y me parecía sano llevarlo luego a unos profesionales contrastados, como ellos.

¿Por qué un título como “Manual de Fotografía”? ¿Buscabas jugar con esa luz? ¿Que las canciones funcionasen como fotografías o viñetas sonoras que captasen un momento concreto y con una luz determinada?
Un disco es como un conjunto de imágenes de un momento tuyo, y me hacía gracia jugar con el concepto de imágenes sonoras de una etapa de mi vida. Pero a nivel más profundo, me he interesado mucho últimamente por la obra de Fox Talbot, un científico del siglo XIX que fue quien propiamente inventó la fotografía -aunque en realidad la reivindiquen muchos-, y cuya figura me parece central por cómo captaba la luz. Me pareció una metáfora muy buena de lo que intento hacer yo, que es ser un poco más luminoso en mi vida y en mis canciones. “Deletrea” era un disco más depresivo, y ahora intento sacar la cabeza más hacia el mundo exterior. Como un intento de captar la luz con mi material musical.

Sobre las colaboraciones con Blanca y Tuixén de Les Sueques, Julio Bustamante y Montse Azorín o Nacho Vegas: me da la impresión de que incorporan su personalidad a las canciones, pero no las determinan. Es decir, aportan pinceladas que son como muy sutiles, porque al final las canciones siguen sonando muy tuyas.
Bueno, mi idea era que no fueran demasiado sutiles, abrirme un poco más. Blanca y Tuixén, por ejemplo, ya habían colaborado en el anterior disco, en los coros, pero les quería dar más protagonismo. Pero esto tampoco es un “Duets”, claro. Con Nacho (Vegas), en concreto, me entraban ganas de que él cantara la canción solo, porque su voz lo merecía, pero por otro lado también le veía el sentido a hacer algo en lo que yo abra la puerta a amigos que se metieran en mi mundo. Espero que lo que han aportado sea algo más que pinceladas, aunque sí es cierto que no se ha perdido el carácter mío en la canción. En el caso de Nacho, por ejemplo, es un mano a mano.

Escuchando el disco, se aprecian influencias del otro lado del charco. Has estado recientemente girando por Latinoamérica con Nacho Vegas, pero creo que el disco ya estaba compuesto con anterioridad, así que no sé hasta qué punto te ha influido. ¿Es una vía a explorar en el futuro?
Sí, de hecho descubrí cosas en esta gira con Nacho (Vegas) de las que luego piensas que es una pena no haberlas conocido antes. Mucha música folclórica de allí. Si te soy sincero, he estado escuchando muy poca música pop, rock u occidental últimamente. He estado oyendo mucha música africana y latinoamericana. Chicha peruana, música de Etiopía y de Mali, cosas asiáticas… así que es normal que el disco tenga un punto bastante étnico, digamos. Era un poco la apuesta, hacer mis cancioncitas de cantautor al uso con arreglos de músicas de otros lugares. A nivel rítmico, hay aires de reggaeton, incluso, en alguna canción.

“Escapar, huir de aquí, emprender un viaje, no saber a dónde ir, sin equipaje, y regresar a casa, para verla como por primera vez”, cantas en “Por primera vez”. Se me ocurren pocas frases, dentro del álbum, que sinteticen mejor su espíritu…
Me parece acertada la apreciación, sí. Soy muy inquieto y me gusta experimentar, pero siempre tengo en mente la idea de volver a casa. Nunca me acabo de ir del todo. Probar nuevas sonoridades, nuevos ritmos, pero que eso no implique que deje de sentirme cómodo en mi terreno. La idea de un viaje en el que no sabes lo que te vas a encontrar, pero acabas regresando a tu zona de confort. Y eres otro, pero a la vez eres el mismo. Sería un poco esa dialéctica del viajero.

Las letras son sencillas, pero no simples. Y eso te aleja de la complejidad de discos conceptuales como “Oteiza”….
Sí, eso conecta con lo que te decía de la fotografía y la necesidad de ser más luminoso. Intentaba ser más sencillo, que las canciones fueran más cortas, más digeribles, e ir depurando las palabras hasta dejar mensajes bastante claros. Mi obsesión es que sean textos sencillos, pero a la vez algo abstractos, que sean susceptibles de ser interpretados de muchas maneras. Ya en el disco anterior tenía alguna canción muy directa, y en este he intentado depurar más. No sé cómo se percibe desde fuera, si resulta sugerente o muy explícito, es algo que se me escapa.

Ya que comentas lo de la abstracción: igual lo que te voy a preguntar ahora es una completa estupidez, pero me da la impresión de que el tono de voz que empleas suena deliberadamente neutro, incluso aparentemente frío y desapasionado, como si fuera el mejor vehículo expresivo para esas letras sencillas, que no simples. Y me recuerda -ya te digo que puede ser una tontería- al registro de voz de Javier Aramburu en el disco de Family (“Un soplo en el corazón”, de 1994), que es tan neutra que parece que ni siquiera tenga género (no es tu caso, claro), pero también se presta encapsular esa clase de textos, tan propensos a distintos planos de lectura ¿Buscabas eso?
Más que por las razones que tú dices, lo que yo intentaba -y es una gran lucha mía- es encontrarme a mí mismo como vocalista, lograr la manera de cantar más apropiada. Y en este disco he intentado estar muy cómodo con la voz. Creo que en anteriores discos cantaba de una forma un poco más forzada, no encontraba el tono, y creo que ahora canto de una manera muy natural, más cómodo. Espero que eso no derive en frialdad, sino en ver a alguien que canta de una forma en la que se siente muy a gusto. Sin florituras, evidentemente, pero que suene natural. Ese es mi objetivo. La referencia a Family que comentas, me gusta, aunque no tengan nada que ver, pero también son un referente que he tenido a veces en la cabeza. La idea es como si yo estuviera cantando en el sofá, en la cama, en mi casa, y tuviera delante a la persona que escucha el disco. De una manera cercana y muy natural. Esa era la intención.