Supervivientes del pop alternativo, las cenizas del Getxo Sound están a buen recaudo con Gringo. Solo que han cambiado la velocidad por la pausa, los cambios de ritmo endiablados por hipnóticos bucles. Su nuevo disco, “Riptides”, es un buen ejemplo de ello.

¿Qué queda de las cenizas del Getxo Sound, si es que queda algo?
Muchos de los que formaron parte siguen activos a día de hoy. Con alguna rara excepción (como el regreso de Bonzos o las puntuales reuniones del Inquilino) casi todos han sabido reciclarse, ya sea en grupos nuevos, pluriempleados en varios proyectos, en carreras en solitario o, incluso, metidos en tareas de producción, algunos desde Getxo y otros, desde otras latitudes.
Nosotros mismos somos ejemplo de ese reciclaje cuando formamos Gringo en 2005, unos siete años después desde que disolviéramos Inte Domine, que fue nuestra primera experiencia musical allá a principios-mediados de los 90. Respecto a Igor, el actual bajista, también cuenta con su bagaje, ya que estuvo en Olimpic la pasada década y le conocemos desde entonces: fuimos vecinos en el primer local que tuvimos en Azkorri.

La carrera de Gringo ha ido un poco de la mano de esta revista, con aquel debut que fue número 1, la fiesta Demoscópica… ¿Qué recuerdos tenéis de aquellos primeros años?
Sí, recordamos bien aquel momento. Nos hizo mucha ilusión y nos dio la confianza de que no estábamos tan oxidados como se podría pensar a priori. El cambio de Inte Domine a Gringo no fue fácil al principio, tanto por volver a tocar juntos tras varios años, con nuevas incorporaciones, nuevos instrumentos (nunca antes habíamos tocado con teclados), nuevas influencias incorporadas o con los grandes cambios en el mundillo musical. Todo esto nos hizo pasar por un proceso de pruebas que nos llevó varios meses hasta dar con la tecla: dejamos de hacer cosas que no éramos capaces de hacer o hacíamos mal (algo que nos pasó con Inte Domine, supongo que por la adrenalina propia de la juventud) para centrarnos en lo que dominábamos mejor. Así, cambiamos la velocidad, la inmediatez y los cambios de ritmo imposibles por la pausa, la repetición y el jugar con las intensidades. Eso sí, nos sigue flipando el ruido tanto como cuando empezamos, que hay cosas innegociables.

¿Cómo funciona un grupo como Gringo? No sois muy prolíficos, pero cada vez que publicáis algo cuidáis mucho el material, no se cuelan medianías y está todo bastante bien estructurado.
Cierto, no nos proliferamos por temas familiares, laborales y por el hecho de que algunos de nosotros compaginamos Gringo con otros grupos (Trampas, Arana, esporádicamente McEnroe, etc.). Al menos, intentamos mantener el ensayo semanal de rigor, haya conciertos a la vista o no. Por tanto, ya que vamos a una media de pasar por el estudio cada 4-5 años, intentamos sacarle el máximo provecho, yendo con las cosas claras, aunque siempre surjan ideas nuevas en el propio estudio. En cualquier buen disco que se precie siempre ha de haber sitio para pequeños experimentos.

Se os suele asociar con grupos como Dream Syndicate, The Velvet Underground, Sonic Youth y, en general, el indie-rock norteamericano. Pero no sé si ha sido premeditado o no: a mí hay muros de guitarras (“I´m the one”) que me llevan a cosas más actuales como Ty Segall.
Puede ser, pero al final esto de las reminiscencias es un tema muy subjetivo. Comentas que “I’m the one” te recuerda a Ty Segall, mientras que Alfon Arana (lider de Arana) nos dijo que le recordaba a Dinosaur Jr. Nosotros nos basamos en My Bloody Valentine para la parte final de coros e incluso reciclamos un trozo de una vieja canción de Inte Domine para re-usarla en ésta. Como ves, las referencias son varias, aunque es innegable que las que comentas son parte central de nuestras influencias.

Los temas largos (“Vodka”, “Seabass…”) son ya marca de la casa, dejáis que respiren, se pierdan y encuentren su camino. ¿Cuál es el propósito? No es lo más habitual en el pop…
El problema del pop clásico es que, respecto a sus estructuras, puede llegar a ser muy limitado, con sus encorsetados esquemas de estrofa-estribillo-estrofa-estribillo-solo-estribillo-fin en unos tres minutos. Eso no deja mucho margen para jugar con otros elementos que nos encantan, como las intensidades, las pausas o los desarrollos más largos, importando poco si nos pasamos de minutaje, si realmente funciona todo conjuntado. Y de ese juego, salen canciones como “Vodka”, “Seabass…” que, por cierto, fue la que más quebraderos de cabeza nos dio durante las mezclas.

“Grupos nuevos surgen continuamente y cada vez más variados, con lo que el relevo está asegurado. Donde no vemos tanto relevo es en el público”

¿Lo de “Back in 94” es un guiño al pasado? ¿Un ramalazo nostálgico?
Sí, aunque también con ciertas dosis de ironía, que siempre es sano reírse de uno mismo de vez en cuando. Es todo un poco chorra, pero así nos salió.

¿Grabasteis las bases del disco en un solo día? Supongo que fuisteis al estudio con los deberes hechos, ¿no?
Así es. Por experiencias anteriores, sabíamos que los posteriores añadidos, premezclas, mezclas y demás iban a llevar su tiempo. Para compensar, quisimos grabar las bases rápidamente para luego hacer con calma y paciencia el resto. La idea es ir con el esqueleto de la canción bien claro para luego ir dándole cuerpo poco a poco, capa a capa en el estudio, con algunas ideas ya planeadas y otras que surgen durante la marcha.

De nuevo confiáis en la mano de Xabier Eguia y los estudios Tigre de Deusto. ¿Lo hacéis por cercanía, por amistad, porque os tiene pillado el punto?
Por las tres razones, pero especialmente las dos últimas que comentas. Es el tercer disco que hacemos con Xabi y el segundo en El Tigre desde que nos conocimos hace ya diez años. Nos conoce bien, no solo escucha nuestras ideas, sino que también aporta las suyas. Incluso se ha animado a grabar cosa. Ya metió unos coros en una canción de “A Devastating wave of…” y en este ha metido teclados en otras dos, con muy buen gusto, todo sea dicho.

Dedicáis el disco a Enrique Artaza y el pintor Jon Abad Biota, ambos fallecidos en 2016. ¿Cuál era vuestra relación con ellos?
Enrique era amigo nuestro desde chavales. De hecho, “Vodka, Seabass and Chalks” es nuestro pequeño homenaje, cuyo título hace referencia a tres de sus aficiones: el vodka con naranja (“vodka”), las lubinas (“seabass”) y las tizas (“chalks”), que es como conocemos a los Ducados que tanto le gustaba fumarse.
Jon Abad, por su parte, tenía como hobbie la pintura. Usamos dos de sus cuadros para las portadas de “A Devastating Wave Of…” y “Powerless”. Además, su hija Keka es nuestra diseñadora gráfica particular desde el principio y su nieta María nos grabó hace unos años el videoclip de “Beer”.

¿Veis relevo en la escena del rock de Getxo y alrededores? ¿Cómo está la cosa por allí?
Grupos nuevos surgen continuamente y cada vez más variados, con lo que el relevo está asegurado. Donde no vemos tanto relevo es en el público. No sabemos si porque hay más oferta que demanda, porque la gente prefiere usar su tiempo libre en otras cosas o porque, simplemente, lo que hacemos no interesa, especialmente a los jóvenes. Sospechamos que cada vez va menos gente a los conciertos (festivales al margen, que es otra historia) y los que van, suelen ser los mismos… Lo peor es que este problema se agrava más entre los grupos locales y/o autoeditados.