Greta Van Fleet, la banda de rock conformada por los hermanos Kiszka —Josh (voz), Jake (guitarra) y Sam (bajo)— y el batería Danny Wagner lleva un año meteórico: dos EP’s lanzados, un tema de moda —“Highway Tune”— y ya metidos de lleno en la fase final de su primer álbum de estudio mientras siguen con una gira que les ha traído tres semanas por Europa. Con veintiún años (Josh y Jake) y dieciocho (Sam y Danny), Greta Van Fleet suenan al rock de siempre. Y que nadie se confunda: no hay en esto nada retro o impostura sino un rock‘n’roll descarado y con sabor a clásico. “El futuro del rock es la vuelta a las raíces”, dicen.

Michigan ha vuelto a hacerlo. El árbol que no deja de dar frutos a la música (Bob Seger, Mitch Ryder, Iggy Pop, Alice Cooper, Stevie Wonder, Jack White…) suma ahora a: Greta Van Fleet, la banda compuesta por los hermanos Kiszka (Josh, Jake y Sam) y Danny Wagner. Los tres primeros, voz, guitarra y bajo; el último, batería. Entre los cuatro suman sólo dos años más que Bob Dylan, tres más que McCartney y cuatro más que Roger Waters o Mick Jagger. La crítica americana les ha designado ya como los sucesores de Led Zeppelin. A su sonido inspirado en los sesenta y los setenta, sumémosle vitalidad y descaro. Así, en 2018, las raíces del rock. Su “Highway Tune” —que alcanzó el primer puesto de las listas de Billboard y Active Rock en septiembre de 2017— es ya uno de esos temas de la década que algunos no podremos olvidar.

Los entrevistamos en Bruselas, en la recta final de la gira que los ha traído a Europa por primera vez. En la conversación no dejan de salir las referencias que los delatan: Led Zeppelin, por supuesto, pero también Muddy Waters, Elmore James, John Denver, Bob Dylan, Wilson Pickett… Pero no sólo música, dice Danny: “El arte en general ha sido y es una fuerte influencia para nosotros, para mí específicamente la literatura, pero también el cine”. Jake recoge el testigo con mucho gusto: “Kubrick, Francis Ford Coppola, los hermanos Coen, el mismo Tarantino, aunque a lo largo de su carrera se está volviendo cada vez más superficial, son influencias muy importantes para nosotros”.

Todo eso está detrás del sonido de Greta Van Fleet, los cuatro chicos de la pequeña localidad de Frankenmuth (cinco mil habitantes), conocida por… sus festivales bávaros y por albergar la tienda navideña más grande del mundo. “No conocimos el rock moderno o contemporáneo que se estaba haciendo hasta que fuimos al instituto”, confiesa Danny. “Nos habíamos criado escuchando en nuestras casas rock clásico, blues, folk, esa música tradicional, las raíces musicales de cada género”, prosigue Jake, que añade: “Luego, en los años del instituto, al ser conscientes de lo que se estaba haciendo, fue cuando pensamos: ‘ey, podemos coger toda la música que hemos escuchado desde pequeños y traducirla en algo más agresivo, más emocional, en torno al rock and roll para que suene a clásico pero también a actual’. Es una evolución directamente hecha desde las raíces”. Ese enfoque, además, cuajó en una banda en la que cada uno de sus miembros confiesa una predilección especial precisamente por un género musical diferente: Josh, músicas del mundo; Jake, rock; Sam, jazz y blues; Danny, folk. Cuatro en uno; y, como decía James Bond para el Martini: mezclado, no agitado.

Desde luego, han dado con la tecla. La banda de Frankenmuth va como un cohete. En 2014 grabaron su primer disco, un directo (“Greta Van Fleet Live In Detroit”); en abril de 2017 lanzaron su primer EP (“Black Smoke Rising”); en noviembre, el doble EP “From The Fires”, y ya están preparando su primer larga duración, que saldrá a mediados de este año.

Quizás todo ese descaro, vitalidad y buen rollo que transmiten procede del hecho de que pertenecen a una generación cuyos primeros recuerdos comienzan bien entrado el nuevo milenio y lo que para cualquiera forma parte del anteayer, para ellos son cosas que vienen en los libros de Historia: las guerras de la administración Bush, las Torres Gemelas, incluso la caída de Lehman Brothers… En fin, que han entrado dando un puñetazo en la mesa y sin complejos, mirando hacia adelante sabiendo lo que hay, pero con lozanía y optimismo, sin los traumas y miedos compartidos por las generaciones inmediatamente anteriores. De ahí sale una voz nueva, una música limpia y fresca, sí, pero que no nace de la nada: de las raíces mismas del rock‘n’roll de su infancia. De eso hablan sus letras, de las lecciones que nos ha dado la historia, sí, pero también de canalizarlas hacia adelante a través del amor y la unidad.

Por un lado, la administración Trump en Estados Unidos, las recientes multitudinarias marchas contra las armas en Washington y las marchas (o las mareas o las primaveras) por los derechos civiles en medio mundo. Por otra parte, la vuelta a las raíces de la música, la vestimenta con cierto aroma hippy sesentero que suelen llevar Josh y Danny en los conciertos, la versión del “A Change Is Gonna Come” de Sam Cooke incluida en “From The Fires”… ¿estamos, entonces, en una especie de regreso a los años sesenta y setenta? “En la letra de ‘Black Smoke Rising’ hablamos de la crisis de una nueva era, pero es una expresión que está abierta a la libre interpretación”, comenta Jake. “Para nosotros significa que siempre hemos estado en crisis, por eso es tan importante mirar hacia atrás y aprender de ello, pero también centrarse en lo próximo que pueda pasar, en el futuro. Creo que, por este motivo, mucho del rock que se hace es sobre amor y unidad”, remacha. “El rock and roll para nosotros, los jóvenes, es una manera de decir al mundo: estamos aquí, tenemos una voz”, prosigue Jake. “Vemos también nuestras letras”, asegura, “como que ha habido una renuncia en cierto sentido de nuestra generación en cuanto a reivindicar que tenemos un significado, un propósito, que deberíamos tener una opinión y ésta debería contar, debemos hacerla valer. Es el turno de los jóvenes”, remacha, “y empieza ahora”.

Durante una gira de un mes que les ha acercado a Europa (desde Holanda hasta al Reino Unido; en todos los sitios han colgado el sold out) no dejan de trabajar en el próximo álbum. “Aún no tenemos un título pero estamos muy cerca de tenerlo terminado. Tenemos al menos diez u once canciones en marcha y eso es un buen comienzo”, afirma Danny, que sí concreta que esperan que salga a mediados de este año. “No tenemos una fecha tope, podemos tomarnos nuestro tiempo para ver todo nuestro material y trabajar sobre él”, explica Jake. “Mucho de nuestro material está escrito en los últimos cinco años y yo diría que en torno al cincuenta por ciento de lo que tenemos lo hemos ido haciendo durante el proceso mismo de elaboración del propio álbum. Está siendo un proceso muy interesante para nosotros”.

“El nuevo álbum, en cierto sentido, va a ser en gran medida como ‘Black Smoke Rising’ o ‘From The Fires’”, afirma Jake, que apostilla: “Será muy dinámico, tendrá material más duro y también más orquestal, lo veo como una evolución de nuestro sonido”.