Desde el primer segundo en que empiezas a hablar con ella, Myriam Swanson enamora. Y no hablo solamente de belleza física, que también, sino sobre todo del torbellino en que se convierte cualquier charla con ella. Por eso convierte cada momento de las entrevistas en algo dinámico, divertido, alegre. Y así es, precisamente, el segundo disco de Flamingo Tours, “Lucha libre” (La Cúpula, 18), un álbum de indiscutible sabor fronterizo.

Podrás verles en Logroño (28 marzo, Biribay Jazz Club), Ponferrada (29 marzo, Festival Freakland; concierto AIEnruta), Soria (30 marzo, Café Teatro Avalón; concierto AIEnruta), Barcelona (14 abril, La [2] de Apolo, Curtcircuit), La Seu D’Urgell (27 abril, TBC) y Gironella (1 mayo, BdeGust).

Myriam, el disco “sabe” mucho a México, ¿no?
Es que a todos los miembros de la banda nos encanta ese sonido. No únicamente a mí, que me vuelve loca. Rebe y Mena también son muy fans. Ellos pasan mucho tiempo allí en otros proyectos. Girar con Bunbury, por ejemplo. Y eso tiene dos vertientes, porque más allá de los conciertos te permite vivir el país y la cultura de otra manera. Yo además me paso todo el día dándole vuelta a ese imaginario. Es que me gusta muchísimo. El primer disco apuntaba a que podía pasar esto, pero ahora ha explotado.

El primer disco es más variado y este es casi conceptual en cuanto a sonido.
Estoy de acuerdo. En aquel disco había canciones que venían de otras cosas ajenas y acabaron formando parte de un mismo disco. Había una intención pero no tan clara quizá como ahora. Había cosas que habían salido de cancioncillas que tenía Lere, que es un crack, peor todo estaba quizá más divagado.

Me encanta que me estés hablando sin preguntarte tanto del grupo. Me quita un poco la impresión de que Flamingo Tours es “el proyecto de Myriam Swanson”.
Es que no es así, de verdad. Yo lo siento así. Del grupo actual hay tres personas que son prácticamente mi familia. Gente que conozco desde que tenía quince años y tengo treinta y ocho. O el primer batería de mi primer grupo de punk que es Salva Suau. Eso no quiere decir que yo no iniciara el proyecto y todo eso. La cosa empezó con Anton Jarl y Mario Cobo cuando estaban en Los Mambo Jambo y yo cantaba con ellos, luego lié a Jordi y a Rebe, la cosa evolucionó y aquí estamos.

Volviendo al disco, es más fronterizo pero menos garage y menos punk.
Pero queda mala hostia, ¿eh? En el momento en que trabajas más las canciones igual le quitas algo de esa crudeza. Las letras, por ejemplo, las escribí casi en el estudio y la actitud era como muy potente. Quizá es cierto lo que dices pero no creo que eso s e pueda interpretar como falta de intensidad.

Creo que tenías muy claro cómo querías sonar.
En cuestión de sonido sí. Es que yo tengo muy claro como quiero sonar y me voy hacia eso. Soy difícil de convencer cuando se me mete algo en el coco.

Entonces, ¿por qué te buscas un productor del calibre de Mike Mariconda?
(Risas) Ahí me has pillado. Ahora en serio. Yo quería a alguien que me hiciera sonar como sonamos en estudio. Y Mike, que es un hacha y una leyenda, es el mejor para eso. A nivel de sonido lo ha clavado. La producción te puede gustar más o menos respecto al primero, pero en cuanto a sonido no hay discusión. Además tenía ganas de currar con Mike. El mundo del rock and roll es muy machista y yo quería un tío que entendiera que la voz tenía que ser un puto descalabro, nada de chica mona que canta y esos rollos. Entonces Mario Cobo me dijo que Mike, que era muy punkie, lo entendería a la perfección. Y lo ha hecho, vaya si lo ha hecho.

Y ¿vais a seguir por ahí?
Seguro porque es la línea que nos mola. Estamos todos muy contentos de ese sonido primitivo pero trabajado, y esa va a ser la línea a seguir.

Entonces ¿Flamingo Tours se convierten en un grupo de rock and roll fronterizo?
¡No! Para nada, de verdad. Somos unos enamorados de muchos sonidos y estilos. Es probable que el siguiente disco suene a Hawái o a Nueva Orleans. No lo sé. El sonido irá por los mismos parámetros pero ¿el estilo? Ya veremos.