CRONICAS MARCIANAS
Entrevistas / Mouse On Mars

CRONICAS MARCIANAS

Aritza Basterretxea — 29-10-1999
Fotógrafo — Archivo

Con el corazón en la mano, me sentía un poco desplazado a la hora de entrevistar a un grupo como Mouse On Mars, no por su hostilidad (todo lo contrario), sino por su concepción abstracta de la música, por su búsqueda intencionada de la anticomercialidad, y por su negativa a valorar su música. Si a esto sumamos mi desconocimiento en detalle del mundo del techno, ambient, y ya mucho menos del kraut rock (Can, Neu!), pues lo veía difícil. Sospechas confirmadas: el locuaz y amable Jan St. Werner se encargó de ponérmelo un poco complicado, en conversación telefónica desde Austria. M.O.M. nació en 1993, en Colonia, Alemania, dentro de la incipiente escena vanguardista y experimental denominada A-Musik Scene, un movimiento seminal, familiar y que trascendía lo puramente musical. Una especie de comuna, vamos. «El A-Musik éramos un grupo de amigos que trabajábamos y hacíamos lo que creíamos que debíamos hacer. Desde un punto de vista musical, no teníamos unas raíces claras. Quiero decir que, por ejemplo, el hip hop sí las tiene. Nosotros sólo teníamos una gran pasión, cuyo origen estaba en las ansias de crear una música profunda, la música como lenguaje, como sistema... en definitiva, queríamos explorar el mundo. Crear un modelo rico, y no opresivo». La discografía de este trío, formado por el propio Werner (sintetizadores), Andi Toma (bajo), y Dodo Nkishi (batería), es (singles aparte) amplia y variada: el intimista y ambiental «Vulvaland» (94), el ecléctico «Iaora Tahiti» (95), donde ampliaron el espectro ambiental con guiños al funk, dub y la música industrial, el Ep «Cache Coeur Naif» (97), donde Mary Hansen y Laetitia Sadier de Stereolab prestaron sus susurros para el sugerente colchón de sonidos de M.O.M.,sus colaboraciones para sendos discos de tributo al filósofo post-estructuralista francés Gilles Deleuze («In Memoriam» y «Folds And Rhizomes», 97), sus fallidos (en sus palabras) «Autoditacker» (97) y la banda sonora de la americana película underground «Ganster Glam» (98). Pero, y pasamos a la pregunta del millón, de tanto oscilar entre las corrientes más inconformistas del techno, kraut, pop y ambient, ¿cómo definirían su música? «No definimos nuestra música. Eso corresponde a los que la escuchan, te corresponde a ti». De acuerdo, pero en lo que sí estamos de acuerdo es que dentro del creciente mundo del techno han buscado una anticomercialidad, un afán minimalista que les ha apartado de propuestas más «para todos los públicos», como Chemical Brothers, Fatboy Slim y demás. El ejemplo más claro es que no han introducido vocalistas, cuando todo el mundo lo ha hecho. Es más, su nuevo disco, «Niun Niggung», es realmente complejo, teniendo en cuenta que fue escrito durante la intervención militar de Kosovo. «Sí. Nuestra pregunta era ¿cómo crear cultura en un mundo en guerra? Por otra parte, no podíamos hacer nada. Todo eso se refleja en «Niun Niggung», un disco con una base experimental (claramente anti-mainstream, pues vemos a la sociedad más conformista que nunca), y otra más tradicional, con instrumentos de cuerda y viento, que creemos lo enriquece». Terminamos la charla hablando del sello que han creado, Sonig, con distribución exclusiva en vinilo de sus discos y de otros grupos afines. «Sólo distribuimos vinilos por pragmatismo. El gran mercado actúa así: saca un compacto, le da bombo durante dos meses y lo aparca hasta el siguiente gran lanzamiento. En cambio el vinilo siempre estará ahí para el que lo desee». Una postura romántica, sin duda. Mouse On Mars actuarán el 3 de noviembre en Barcelona y el 4 en Donostia.

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