“No hay mucha gente con proyectos similares a los míos”
EntrevistasBofirax

“No hay mucha gente con proyectos similares a los míos”

Oriol Rodríguez — 18-09-2026
Fotografía — Pol Rebaque

Entre la luz del día y la oscuridad de la noche existe un instante de transición. Ahí sitúa Bofirax “Fading Lights” (Montebello, 26), un álbum de electrónica ambiental con el que el productor barcelonés ha puesto banda sonora a su particular salto al vacío.

(Bofirax estará presentando su nuevo álbum el próximo 26 de septiembre en la Antiga Fàbrica Estrella Damm de Barcelona. Actuación enclavada dentro de la programación del BAM Festival).

Me pide que quedemos en la Llibreria Finestres, en su cafetería interior, el Bar Watson. Hoy está cerrado. Nos vamos. Caminamos por la calle Diputació dirección Rambla Catalunya y, paso a paso, Adrià Serarols, el músico y productor que se esconde tras el apelativo creativo de Bofirax, me explica que sí que le mola leer, “pero me va a épocas y el tipo de libros que leo va fluctuando. Puede que la literatura sea una influencia en mi música, pero no de una forma directa. El sitio te lo he propuesto porque me parece tranquilo y bonito”. Subimos Rambla Catalunya y acabamos entrando en una Granja La Catalana, la que hay justo enfrente de Casa del Llibre. Esta vez la propuesta es mía. Me mola el sitio. Es una de las localizaciones de una de mis películas favoritas de siempre, “En la ciudad” (Cesc Gay, 03) con la que me polienamoré perdidamente de Leonor Watling y Vicenta N’Dongo.

“He dejado atrás una vida estable para volcarme en la música. ‘Fading Lights’ es una especie de viaje a través de todo 
lo que he sentido a lo largo de este proceso”

Aunque tres años antes había debutado de largo con el elepé “Ephemeral”, de Bofirax me enamoré perdidamente en septiembre de 2021, cuando publicó su EP “Decades”, electrónica emotiva en la línea de The Blaze o Moderat. “Son influencias, claro”, admite. Luego iría diseminando su rastro creativo en diversos singles. Me flipó especialmente “Males herbes”, el tema que sacó el 2024 en colaboración con Rubén Campos de la banda Zulabard. Puede que fuera el preaviso de que algo se está reactivando, del álbum que estaba por llegar, este “Fading Lights” que ha visto ahora la luz, nuevo ejercicio de mesmerizante electrónica ambiental. Beats sedosos para escuchar en hora crepuscular. Un álbum que nace desde la sensación de salto al vacío. El que ha dado Adriá apostando por dejarlo todo para dedicarse exclusivamente a la música, ya sea transpirando todo lo que le hierve creativamente en su interior como Bofirax, ya sea como miembro del entourage escénico de artistas como María Rodés y Paco Pecado, ya sea componiendo la banda sonora para un documental o creando la música para un espectáculo teatral. “Cuando emprendemos estos cambios vitales, pasas por infinidad de fases. Hay momentos en los que te sientes eufórico, para luego estar perdido y desorientado. En mi caso, he dejado atrás una vida estable para volcarme en la música. ‘Fading Lights’ es una especie de viaje a través de todo lo que he sentido a lo largo de este proceso. Por eso el disco tiene como dos caras, una más luminosa y bailable, otra más oscura y conceptual. Es un disco de puesta de sol, de música electrónica que no se acaba de ubicar, porque no es el techno de madrugada, pero ya hay algo de oscuro. Me gusta situarlo en ese momento de transición, empezar por tonos cálidos y acabar en casi negro”.

“Catastrophic Day”, uno de los temas que mejor definen el sonido del disco, con una parte oscura que por momentos puede transportarnos a los Depeche Mode de la era “Ultra”, fue la primera pieza que Adrià compuso para el disco. Fue la llave entrando en el contacto para arrancar el motor. Luego salieron el resto, sin una metodología concreta ni una rutina creativa establecida. “En todos los temas parto de la paleta sonora que conforma la personalidad musical del disco en su totalidad. Son como colectividades de sonidos que, a medida que las voy trabajando, van cogiendo forma hasta encajar. Pero no es nada ultra pensado. A veces las canciones me salen tocando la guitarra, en ocasiones sentado frente al piano. Estructuras que luego voy procesando hasta dar con el sonido que quiero. Aunque puede que, para este disco, en el que quería trabajar más las atmósferas, las canciones hayan salido por otras vías”. De la memoria interna de su teléfono móvil, por ejemplo, donde guarda una casi infinita biblioteca de sonidos de todo tipo que graba porque le han llamado la atención y que después usa en sus composiciones. “Tengo el sonido de una alcantarilla un día que llovía muchísimo, por ejemplo. El sonido del agua colándose por la alcantarilla me flipó, lo grabé y lo acabé filtrando en el disco. O el sonido que hace el mate justo en el momento en el que lo absorbes. Yo lo descubrí porque mi pareja es de Argentina. Si se te acerca a la oreja alguien que está tomando mate, descubrirás que suenan pequeñas explosiones, como cuando comes Peta Zetas. Lo tengo grabado. Para este disco no lo utilicé, pero seguro que lo acabo colando en algún tema”. 

“A veces me siento un poco solo”, concluye Adrià. “No hay mucha gente con proyectos similares a los míos”. Le cito a los también barceloneses TIEMEI, que recientemente han sacado un EP más que notable, “Tot escrit” (Primavera Labels, 26). “Tenemos que hacer más comunidad. Lo difícil de un proyecto como el mío es que en Barcelona no hay una escena muy consolidada. Todo el mundo me dice que si me fuera a Londres o Berlín las cosas me irían mucho mejor. Quién sabe, a lo mejor intento asomarme por estas ciudades, me gustaría probarlo, pero sin dejar de lado mi lugar en el mundo que es Barcelona. Es más, aquí tenemos a programadores, hay una industria, se hacen cosas, viene gente de fuera potente. Tal vez lo que hace falta es que crean en nosotros”.

 

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