“Baiuca ayuda a dar una nueva vida a la música tradicional”
Entrevistas / Baiuca

“Baiuca ayuda a dar una nueva vida a la música tradicional”

Guillermo Chaparro Terleira — 23-05-2018
Fotógrafo — Archivo

Cuenta el propio Alejandro Guillán que su llegada a Madrid le sentó mal a Alex Casanova, su proyecto de electropop. Esa sensación de no hacerse un hueco en la capital, despertó en él esa morriña hacia su tierra con la que tanto identificamos a los gallegos. De esa nostalgia nace Solpor (Raso, 2018), su debut en largo a los mandos de Baiuca, un osado proyecto musical que pretende aunar sonidos propios de la tradición gallega con la electrónica. Por el momento ya ha conseguido no solo despertar el interés de los más jóvenes por el folclore gallego, si no también poner a Aída Nízar a bailar al ritmo de su música.
De todo ello tuvimos la oportunidad de charlar con el artista gallego afincado en Madrid.


Hasta ahora te conocíamos por Alex Casanova, un proyecto musical de electropop que de primeras poco tiene que ver con Baiuca, ¿cuál ha sido el proceso hasta llegar aquí?
Es cierto que si lo ves desde fuera te choca este cambio. Pero para mí me resulta muy natural. De pequeño tocaba la gaita y con 10 años ya empecé a componer con ella. Pero esta faceta la abandoné a los 14 años cuando entré en el instituto y empecé a tomar contacto con otro tipo de música. Fue ahí donde descubrí los sintetizadores y comencé a centrarme en el pop electrónico que es lo que hacía con Alex Casanova. La verdad es que desde hace tiempo ya tenía en mente este proyecto: juntar lo que hacía de niño con lo que hacía en la adolescencia. Lo difícil fue que todo cuajara. Meter una gaita con una base de techno o de house era complicado. En Galicia ya hubo proyectos que lo intentaron pero no funcionaron bien. Además me resultaban muy horteras.

Entonces este concepto ya lo habías escuchado antes.
Sí, yo conocía proyectos que lo intentaron pero sin éxito, como Spiritu (986). Aún así, consideraba que aún no había nada de lo que yo estaba buscando. Comencé a buscar la idea que tenía en mente pero no era capaz. Siempre partía de la base de que la gaita debía ser el instrumento principal y hasta que no me di cuenta de que tenía que escapar de eso no salió nada. Comencé a centrarme en los ritmos, las percusiones, investigar voces antiguas… y a partir de ahí, de lo más puro, comenzó a salir el sonido del proyecto. Tuve que apartar la gaita para que Baiuca saliera a la luz.

¿Por qué nace Baiuca justo ahora? ¿Qué te impulsó a crearlo?
Su origen está relacionado con un momento personal. Cuando termino el primer disco de Alex Casanova, quería parar un poco ese proyecto. Tomar aire y probar nuevas cosas. Y ahí fue cuando empecé a investigar sobre música electrónica y de raíz. También tuvo mucho que ver el sentimiento de morriña. Yo en Galicia vivía al lado del mar y para mí era muy importante. Y aquí en Madrid no lo tengo. Todos esos sentimientos estaban queriendo salir de alguna manera.

En la nota de prensa también se hace referencia a cierta reivindicación política.
Desde pequeño a mi me enseñaron que Galicia es el mejor sitio del mundo. No había un sitio mejor para vivir. Pero también existe un cierto sentimiento de inferioridad. Y yo con este proyecto, más que reivindicar, quería enseñar al mundo lo que tenemos allí.

“Chavales de 18 años me dicen que les parece la hostia lo que estoy haciendo o que nunca tuvieron ese punto de conexión con su tierra como ahora”

Y en relación a este sentimiento gallego, ¿no tienes miedo a que se te echen encima los más puristas del sonido tradicional?
Cuando yo lanzo las primeras canciones de Baiuca las publico con una máscara para que la crítica se centre en la música y no en la persona. También era una forma de protegerme. Si algo salía mal, nadie podría saber quién era el culpable. Yo al final le tengo mucho respeto a todas las personas del mundo del folk gallego. Se han hecho cosas muy importantes que lo han revitalizado. Al final, la gente con la que pude hablar entienden que es un proyecto que ayuda a dar una nueva vida a la música tradicional. Yo parto desde el respeto con la idea de hacer que gente de 18 años tome contacto con la música tradicional. Y está pasando que chavales de esa edad me dicen que les parece la hostia lo que estoy haciendo o que nunca tuvieron ese punto de conexión con su tierra como ahora. Es abrir un mundo nuevo.

En los últimos tiempos estamos viendo que esa fusión de raíz y electrónica ha funcionado a nivel global. Ejemplo de ello son Nicolas Jarr o Nícola Cruz, ¿piensas que tu propuesta puede alcanzar también ese alcance mundial?
Yo creo que sí. De hecho, tal vez uno de los sitios más complicados para lograr esa repercusión sea España. Me da la sensación de que aquí no hay una visión del folk más allá de que es algo antiguo.

¿Y por qué crees qué es eso? Por seguir con los ejemplos, Nicolas Jarr y Nicola Cruz sí que han tenido éxito en sus tierra.
Creo que es porque una propuesta como la mía es algo que no se ha trabajado. Seguro que Nicolas Jarr y Nicola Cruz no han sido los primeros en hacer lo que ellos hacen. Igual eso ya viene de antes. Al final es abrir camino. España tiene culturas muy diversas. El flamenco no tiene nada que ver con la música gallega. Y aquí siempre nos falta ese punto de engancharnos. Parece que aquí cuesta un poco más. Lo nuevo que llega tarda en generar interés.

Entrando en el disco, en una entrevista previa leí que este disco iba a ser cómo un tratado. Explícame un poco esto.
Cuando empecé con las canciones tenía claro en llevar a cabo esta mezcla de folclore y electrónica, pero partiendo de ahí tienes muchos caminos diferentes (hacerlo más pop, más techno, más baile, más oscuridad,…). Y en vez de centrarme en uno solo de esos caminos, decidí ampliar todo el abanico y ver todo lo que era capaz de hacer. De cada canción puede salir un disco diferente. Por ejemplo, Muíño es una canción en la que se repite mucho el ciclo, acercándose a lo industrial; Morriña está más cerca del pop,… De hecho, hay cosas que se han quedado fuera que aún quiero experimentar. Con el disco ya acabado, en vez de cerrar un ciclo, se me han abierto más opciones.

Una cosa que sorprende con las escuchas es que en ese experimento de juntar el pasado y el presente, da la sensación de que encajan bien. ¿Cómo fue la experiencia de juntar ambos mundos? ¿En algún momento tuviste la sensación de que se iba de las manos este experimento?
Al final había sonidos que no encajaban con lo que yo quería hacer. Pero tiré mucho del uso de sampleados de música tradicional, eso ya te marca la tendencia de la canción, incluso en ocasiones me dirigían a un terreno inesperado y totalmente diferente a lo que yo quería en un principio.

Al final me estás diciendo que ha sido la parte tradicional la que ha mandado sobre la parte electrónica.
La parte electrónica podía controlarla pero la parte del folklore no, y eso marcó mucho lo que iba haciendo. La parte folclórica era el punto base o principal para intentar lograr ese 50 y 50 de cada mundo.

Para esta parte tradicional, has llevado al estudio muchos instrumentos tradicionales, ¿cómo ibas seleccionando qué meter?
Sobretodo hay muchos samples. Si en un disco encontraba unas panderetas que me gustaban, lo utilizaba.

¿Y cómo dabas con esos discos? ¿Fue un proceso de investigación o ya lo tenías en la cabeza?
Al mudarme a Madrid me traje muchos discos de música tradicional gallega que tenía por casa. Estuve dos meses revisando álbumes y estructurando lo que quería para acumular material. Era un proceso de llegar a casa, sentarme al ordenador y poner todos los CDs que tenía e ir viendo que cosas podía reutilizar. Al final era una forma de ver o rescatar lo que siempre he tenido a mi alrededor y aprovecharlo.

¿Qué artistas del sonido tradicional fueron los referentes en el sonido del álbum?
Para mí Carlos Núñez fue uno de los referentes, es como el artista más internacional que hay en Galicia. Parece que es un mundo pequeño, pero Carlos Núñez ha llegado a tocar con Ryuichi Sakamoto y con gente por todo el mundo. El primer concierto que recuerdo es de él, tendría yo 6 años. Sus discos siempre han estado presentes. Hay cierta investigación en sus canciones y fue una referencia en plan: “en este disco hay veinte minutos que a mi me gustaría que fuesen un disco”.

A nivel de voces, has contado con la Asociación Cultural Xirandola. ¿Cómo surge la colaboración? ¿Les sorprendió la propuesta?
Conocía a unas chicas en Santiago con las que quería grabar pero al final no lo pude llevar acabo. Comencé a buscar aquí en Madrid y encontré esta asociación. Las llamé, se lo propuse y al día siguiente aceptaron la propuesta. Aunque sí que es cierto que al principio se quedaron muy sorprendidas. Entiendo que al venderles que era un proyecto de electrónica, les vendría a la cabeza algo así como más house, eurodance… Es el miedo que me da siempre, que la gente piense que hago algo relacionado con eso cuando en realidad poco tiene de ese mundo. Los sonidos que me interesan a mí tienen más que ver con esos artistas latinomamericanos que mencionabas antes e incluso con Omar Souleyman o Batida, que son unos chicos de Portugal.

¿Han escuchado el resultado?
Sí y están encantadas.

“Tal vez uno de los sitios más complicados para lograr repercusión sea España. Me da la sensación de que aquí no hay una visión del folk más allá de que es algo antiguo”

¿Te atreviste a tocar/manipular sus voces en el estudio?
Las de ellas no. Hay voces que igual parecen que están mal ejecutadas pero tenía que ser así.

¿Y eso no le puede chirriar al oyente?
Entiendo que si no conocen el proyecto o la cultura gallega pueda chocar. Pero yo quería reflejar que Galicia es eso. Tú ves un grupo de pandereiteiras y es muy salvaje. La técnica es ir a saco y yo quería encontrar esa autenticidad, ese punto de crudez.

En la parte de electrónica, ¿cuáles han sido tus referentes?
Más allá de los referentes folclóricos o de ver todo lo que se hace alrededor del mundo relacionado con la fusión de raíz y electrónica, no quería centrarme nada en concreto. Las épocas en las que compongo no me gusta escuchar música, no quiero que nada me influya. Prefiero dejarme llevar por lo que ya conozco o lo que he vivido. Todo ello te acaba poseyendo.

Antes me hablaste de grupos y proyectos gallegos que ya se habían aventurado en esa simbiosis de mezclar tradición y sonidos contemporáneos. ¿Podrías hablarme algo de ellos? Aquí en Madrid apenas se conocen.
La primera referencia que yo conozco que existiese es una versión de Muiñeira de Chantada de Son Lalín, del año setenta y algo. Pegó muy fuerte en Ibiza. Mezcla la música disco con la tradición. Posteriormente, en la década de los noventa, salieron más relacionados con el eurodance. Alberto Comesaña, el de Amistades Peligrosas, produjo un disco conmemorativo del Xacobeo en las que había dos canciones de este rollo. De esa época también son los que te mencionaba antes, Spiritu (986), que llegaron a tocar en Música Sí.
Actualmente, Os Gru, de la zona de El Bierzo, exploran esta mezcla de raíz y electrónica. Su historia es muy interesante: en los años 40 y 50, un tío americano o británico se dedicó a hacer grabaciones por toda España. Todas esas grabaciones están recogidas en un banco y estos chicos de Os Gru utilizaron dichas grabaciones para crear canciones.

Dejando a un lado lo puramente musical, también das mucha importancia a lo visual. Muestra de ello es la colaboración con Adrián Canoura para la realización de los videoclips. 
Esta unión fue algo casual. De primeras yo me centré simplemente en la música pero posteriormente conocí a Nistra. Estos chicos gallegos, que también son amigos míos, querían coger los sonidos que se hacían en Burela, pueblo marinero de Galicia pegado a Asturias, en el que el 30% de la población es de Cabo Verde. Allí viven unas señoras que decidieron hacer música de Cabo Verde, y estos chicos de Nistra querían coger esos sonidos, con instrumentos típicos de allí, y a partir de ahí crear una conexión. Uno de estos chicos es Adrián Canoura. Él además es cineasta y cuando yo le pasé las canciones le gustó mucho porque su cine está muy influenciado por la tradición gallega. Partiendo de lo que yo le pasé comenzó a experimentar y mezclar con la mitología gallega, en concreto con La Santa Compaña, que es una procesión de muertos que si la ves quiere decir que serás el siguiente.

¿Esta tradición relacionada con la muerte es la inspiración para esa oscuridad que está presente en Solpor?
La verdad es que no. Sí que es cierto que el tema de la muerte es uno de esos puntos que no he tocado y me gustaría tocar en el futuro. Pero al final la música de Galicia ya de por sí es muy oscura. Recuerdo un invierno que empezó a llover en octubre y no paró hasta mayo. Eso hace que te metas en una vorágine de algo muy oscuro. El disco se llama Solpor, una palabra que hace referencia a una puesta de sol. Con ello quería simbolizar que entre esa luminosidad que es Alex Casanova, podía aparecer algo más oscuro como es Baiuca. Me servía para dar mi discurso y mostrar de dónde venía y a dónde iba.

De hecho, Galicia tiene un mundo mitológico muy oscuro.
Sí, allí hay todo un mundo sobre eso: la queimada, las meigas… Al final todo ese universo está dentro de ti y quería transmitirlo con total naturalidad, echarlo con toda crudeza y no dejarme nada fuera.

¿Todo esto en directo cómo lo estás llevando?
Llevo varias maquetas electrónicas, un secuenciador, un sinte, un sampler… Voy mezclando todo ello con cunchas, flautas,…

¿Y las cunchas y flautas las tocas tú?
Sí, las toco yo. Tanto para hacer melodías, como para hacer efectos.

¿Sobre el escenario llevas todo muy estudiado o te dejas llevar por la improvisación y exploración?
En general está todo bastante cerrado, pero dentro de ese mundo cerrado puedo ir cambiando en función de cómo va el concierto. Por ejemplo, el otro día en un festival en Santiago cerrábamos nosotros y teníamos que dar un poco más de caña. Hay que tener flexibilidad para adaptarse al momento.

“Alex Casanova era un proyecto de pop al fin y al cabo, no había discurso detrás. Y Baiuca tiene mucho que contar”

¿Hasta ahora cómo has visto al público en tus conciertos?
El de Santiago, por ejemplo, fue muy emocionante para mí. Tampoco puedes medirlo cuando juegas en casa, pero no me esperaba que fuera así. En una de las canciones comenzó a temblarme la cara porque veía a la gente muy enchufada, como que sentían que eso les representaba.

Era la primera vez que tocabas música de tu tierra en tu tierra, ¿no?
La verdad es que me emocioné mucho tocando. Al final esto no es un producto. Hay gente que tiene el discurso de querer vender un producto, marketing,… Pero esto son sentimientos. Es expresar lo que te sale de dentro y lo que la gente comparte. Es una experiencia compartida. Todo lo que se vive es algo común.

Más allá de los conciertos, leí que tú música había sido la banda sonora de un desfile de moda. ¿Cómo surge esa colaboración? ¿Te interesa ese mundo?
El desfile era de Madrid Manso. No sé cómo dio con mi música. El desfile iba sobre una película gallega llamada La lengua de las mariposas, y vio que había mucha relación cultural en Baiuca.

¿Te sorprendió esta colaboración?
Fue curioso porque estaba allí Aída Nízar bailando al ritmo de Baiuca (Risas). Era chocante ver mi música en un desfile, en la Madrid Fashion Week. Pero al final, parte de lo que yo hago también es chocante. Todo lo que pasa en Galicia es chocante. Nosotros, los gallegos, somos gente muy ambiguos. Lo llamamos “retranca gallega”, que es algo así como hablar con ironía.

Para ir terminando, ¿Baiuca es un impulso creativo aislado o va a tener largo recorrido?
De primeras era un impulso. Dejar a Alex Casanovas descansar y lanzarse a la aventura. Pero al final he visto que me interesa más de lo que yo pensaba. Al principio no sabes lo que estás haciendo, y cuando vas viendo que tiene sentido y peso para ti, ya te metes en ese mundo y te vas sintiendo muy cómodo. Puedo hablar de ello sin forzar nada. Alex Casanova era un proyecto de pop al fin y al cabo, no había discurso detrás. Y Baiuca tiene mucho que contar. Más allá de que interese o no, a mi me apetece contarlo. Hablar de mi tierra, la tradición,…

Con el disco publicado, ¿te vas a centrar en el directo o vas a continuar componiendo?
Estoy trabajando en algunas canciones y una colaboración con un artista gallego, que no puedo desvelar aún, que el año pasado lanzó para mí uno de los discos más importantes de Galicia en los últimos diez años. Me molaría hacer algo conceptual con sus canciones.

Por último, ¿qué proyectos tienes en mente a largo plazo? ¿Posible regreso de Alex Casanova?
Puede que sí, o puede que dentro veinte años. Yo tenía un disco casi preparado de Alex Casanova pero no estaba del todo convencido con él. A día de hoy está dormido ese proyecto. Madrid me sentó muy mal en ese sentido (Risas). Así como Baiuca nace a raíz de mi llegada a Madrid, Alex Casanova no acaba de encontrarse aquí. Ahora mismo me apetece aprovechar el momento con Baiuca. Me gustaría poder vivir de Baiuca. Si no lo intento ahora, no lo haré nunca.

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