“'La mida', aunque sea un disco corto, se puede saborear muchas veces"
Entrevistas / Anna Andreu

“'La mida', aunque sea un disco corto, se puede saborear muchas veces"

David Pérez — 11-05-2022
Fotógrafo — Silvia Poch

Anna Andreu, tras formar parte del dúo folk rock Cálido Home casi durante una década, decidió iniciar una nueva trayectoria bajo su propio nombre y, guitarra en mano, volver a cantar íntegramente en catalán y desnudar misteriosas y magnéticas canciones personales rebosantes de simbolismo. Y el fantástico La mida (Hidden Track, 22) es únicamente la segunda parada de esta nueva aventura.

Así, con Marina Arrufat como imprescindible compañera de viaje, a la batería, coros y teclados, nos regalaron en pleno confinamiento una de esas joyas sonoras que, con una sola escucha, ya te proporcionan una vida extra,Els mals costums (Hidden Track, 20). Tras ese primer vendaval poético e instintivo de melodías y versos que se quedaron pegados como salitre mediterráneo en nuestra piel, vuelven a parir otro emocionante y sentido milagro, La mida.

Ya en “Els mals costums” parecíais buscar entre esas “malas costumbres” un punto medio como virtud, un equilibrio de los sentimientos a fuego lento… Senda que prosiguen y ahondan estas nuevas ocho canciones, partiendo del título, “La mida”, en una reinante “contención”, en esa “justa mesura” que cantas en “La força i el temps”. Háblame de esa lucha o intento de templar los impulsos en tu música y en tus letras, esa búsqueda de la justa medida.
Pues hay varios caminos para explicar esto. Por una parte, está el camino puramente musical, somos dos personas, y al ser dos personas, digamos que no puede haber nada que sea muy prescindible, es decir, es básicamente eso, encontrar el equilibrio en lo que podamos sentir dos personas, que suene lleno, pero al mismo tiempo, no haya tampoco muchos artificios. No es que tenga nada en contra de los artificios, es decir, de sumar más capas, pero sí que es una apuesta el poder tocarlo en directo, entonces cada melodía o cada sonido, está medido en este sentido. Puedes hacer una melodía muy complicada con un sinte, al final está restricción que me pongo a mí misma, que es poder tocarlo en directo, no es tanto una cosa que limita musicalmente, sino que me enfoca mucho más. A veces, las limitaciones lo que hacen es enfocarte, más que otra cosa. Entonces, por una parte, es esto, y por la otra, al final, cuando tenía cinco o seis canciones, como hice en el disco anterior, veo cuál es la idea que está sobrevolando continuamente. Y en este caso, en estas nuevas canciones, la idea que más merodeaba era “la medida”, “la templanza…”. A nivel de letras, digo. Siempre se repetía esa idea y no era una idea preconcebida. Nunca digo: “voy a hacer ocho canciones sobre esto”, no sabría hacerlo, sino que al final las propias canciones te enseñan, te muestran en qué momento estás tú, y quizás yo estoy en un momento así, de darle vueltas a esto, de cómo dices las cosas para que lleguen a quién se las tienes que decir. Sí es importante decir siempre lo que piensas o no… Parece que tener una opinión es necesariamente sinónimo de tener que expresarla y, a veces, en realidad, es mejor escuchar y callar. Al final son valores profundamente clásicos, y de ahí sale también la portada…

"No soy una persona que sea muy impulsiva a la hora de trabajar, miro las letras mil veces, le doy mil vueltas a todo"

Sí, precisamente te iba a preguntar por ella ahora, por la portada. Me parece muy hermosa e interesante. Sencilla, pero con contrastes fuertes, el anaranjado de tu ropa, con el fondo negro; tu mirada y una atmosfera de misterio envolvente, con ese huevo en la mano y, en la contraportada, en la otra mano que tienes escondida en la espalda, un huevo roto…
Es lo que te decía, reflejar esos valores clásicos. Por ejemplo, en la cerámica griega siempre tienen esos contrastes de colores, el negro y encima las figuras de color naranja. Quería jugar con eso, trasladar esos valores clásicos en ese sentido, de la templanza, el comedimiento…

Sí, el equilibrio, el punto medio…
Sí, en la portada también se puede ver reflejado ese equilibrio con el huevo que tengo en la mano, es decir, las cosas que mostramos, las cosas de las que estamos orgullosos; y las cosas que no mostramos, es la contraportada, que está el huevo chafado. El precio que pagamos a veces guardándonos las cosas y no diciéndolas. Es un poco eso, la mesura tanto en lo musical como también en lo personal, cosas que vas aprendiendo, a decir algo en un determinado momento o no, igual ahora me toca escuchar o ahora no… Esos primeros impulsos no siempre tienen que salir, se pueden masticar un poquito antes.

En otros dos aspectos repetís fórmula con respecto al anterior álbum, en la duración del disco, veintiún minutos ambos, y a la producción, de nuevo Jordi Matas. ¿Por qué ese minutaje que nos deja con ganas de más?
[Risas] Te podría contar cualquier historia, pero al final es que no me sale de otra manera, no soy una persona que sea muy impulsiva a la hora de trabajar, miro las letras mil veces, le doy mil vueltas a todo… Al final salieron ocho canciones porque es lo que tenía en el momento de la grabación, si hubiera tenido diez pues habría metido diez. Supongo que tiene que ver también con los tiempos en los que vivimos, dónde todo es de consumo rápido, pero en “La mida”, aunque sea un disco corto, se puede saborear muchas veces, hay muchos matices en estos veintiún minutos. Entonces yo creo que es resultado de mi forma de trabajar, igual hubo un día que tenía diez canciones, pero a la semana siguiente tenía siete, porque las hago, las deshago, las junto, miro cómo pueden encajar… Si hay algo que no me convence, le puedo dar mil vueltas. Al final es un resultado de sintetizar todo. Las canciones tienen dos estribillos, y aunque se puede repetir una tercera vez, no soy mucho de alargar las cosas ni de repetirlas.

Es decir, que es coincidencia total que sean veintiún minutos como en el disco anterior…
Sí, sí, es lo que ha salido. Si hubiera tenido diez canciones, hubiera metido las diez canciones. De hecho, son ocho, pero hay una que casi se cae, porque me llevaba de cabeza la estructura y al final la pudimos resolver, pero casi se quedan en siete.

¿Cuál fue esa? La más compleja de terminar
“Un gest”. Tengo una libreta con más de cincuenta combinaciones de diferentes estructuras [risas]. Estrofa, estribillo, puente, estribillo y no sé qué… Estrofa, estrofa, estribillo, puente… Al final, pues eso, es ir sublimando y ver qué es lo que te acaba funcionando. Y el resultado son dos minutos. Para qué alargar y añadir por añadir si al final es así como más me gusta. Si termina pronto y te gusta, pues te la vuelves a poner [risas].

Y lo de repetir con Jordi es porque os gustó la experiencia anterior, ¿verdad?
Sí, es genial trabajar con él. Además, desde el primer momento, con “Els mals costums”, confió en el proyecto. Al final, le estábamos planteando un proyecto que era guitarra, voz y batería, y entonces surgen preguntas como: ¿y dónde está el bajo?, ¿cómo lo trabajamos?, ¿no queréis meter a una tercera persona? Y claro, la idea era hacerlo así, nosotras dos, y esta confianza que depositó él en el proyecto, fue para nosotras muy importante, una manera de confiar también nosotras, porque grabar el primer disco era como no saber muy bien que iba a salir de aquí. Y en este segundo disco, sí que exprimimos más los instrumentos y metemos más masa, Marina dispara estos sonidos, que no están secuenciados, sino que los toca en directo. De alguna manera el proyecto ha reposado y ha salido toda esta masa que en un principio no sabíamos como la podíamos moldear. Trabajar con Jordi es genial, estamos muy alineados los tres, nunca ha pasado que Jordi dijera algo que nos pareciera rarísimo o que nosotros propongamos alguna cosa y que a Jordi le parezca una burrada, al final solemos estar enfocados hacia la misma dirección. Y a nivel personal, es un amor de persona, y eso es muy importante para mí, porque si tengo que pasar 15 días grabando con una persona y no me entiendo a nivel personal, es difícil que salga algo bonito de ahí.

Te leí hace poco, que en la canción que nombré al principio, “La força i el temps”, hablas de la “fuerza”, que es Marina Arrufat, y del “tiempo”, que eres tú, de encontrarse en un sitio concreto y de que todo funcione. ¿Cómo nace esa canción en concreto, “La força i el temps”, que me encanta, y en qué momento os encontráis en el camino Marina y tú y decidisteis iniciar esta aventura artística?
Marina es violinista de profesión, pero en realidad lo importante para el proyecto es que es músico y trabaja muy en pro de la canción. Si el elemento central en lo que hacemos es la voz, no vamos a hacer un solo o tocar fuerte una parte… Y nada, Marina me dijo un día que tenía ganas de tocar la batería, que de adolescente la había tocado un poco. Entonces la acompañé a un local y para que no tocara sola me lleve la guitarra. Empezamos a tocar las canciones en las que yo estaba trabajando y vimos que caminaban mejor, que le quitaba un poco de gravedad, esa intensidad que tienen las letras, con la batería, de alguna manera, parece que fluyen mejor, y decidimos comenzar el proyecto.
Y en esa canción que tú dices, “La força i el temps”, Marina tiene un papel muy importante tanto en este proyecto como en mi vida. Yo a veces le aporto la parte más creativa, pero me falta organización, me falta disciplina, rigor a la hora de trabajar en según qué cosas, y ella me centra muchísimo, es la fuerza que me ayuda a estructurarme, a organizarme… Yo qué sé, imagínate que yo estoy haciendo las canciones, estoy escribiendo las letras, es un proceso bastante solitario para mí y en algún momento estoy desorientada, y entonces ella me dice: “venga, de aquí a dos semanas tienes que terminar este estribillo y empezar una letra nueva”. A mí eso me da la vida. Si no igual me podría pasar un mes con el mismo estribillo dándole vueltas. Ella me pone objetivos, es esa “fuerza” que hace que todo camine. Su trabajo quizás es más invisible, pero muy valioso e importante, tanto en la fase de creación y grabación, como en la preparación de los directos. Y es eso, la “fuerza” que hace ella y el “tiempo” que me tomo yo para hacer las cosas, se cruzan en un punto en el que todo funciona. Si ella hiciera un poco más de fuerza o yo me tomara un poco más de tiempo, entonces las líneas no se cruzarían dónde toca. En “La força i el temps”, hay un trocito de letra que dice: “Encuentra la justa medida y que no parezca lo mismo”. Esa es la idea que tenía yo cuando empecé a hacer este último disco, que quería hacer un disco que cogiera el relieve de ‘Els mals costums’, pero que no fuese lo mismo, y ahí se quedó plasmado, en esta canción, como una declaración de intenciones, que suene a lo que habíamos hecho, pero que no parezca lo mismo.

"Para mí, las referencias a la hora de hacer canciones, no son solamente musicales, a veces son más preguntas o imágenes que me vienen a la cabeza"

En la primera escucha de “La mida”, la primera novedad que nos llega es la exploración y ampliación de la paleta sonora, ya sea a base de una guitarra con octavador que hace de bajo por momentos o, sobre todo, con luminosos sintetizadores que, creando atmósferas más futuristas y complejas en algunas pistas, no difuminan ni un ápice la identidad del proyecto, esa esencia cálida y personalísima sencillez melódico-mediterránea, con giros y florituras marca de la casa al mismo tiempo. ¿Qué dirías tú que diferencia más a este segundo disco de vuestro trabajo anterior?
Pues sí, sobre todo eso, una paleta sonora más amplia. Marina canta también más, hay más segundas voces y esto es un color añadido. Y sí, lo que dices, hay sonidos más atmosféricos, algunos adornos más, pero casi siempre todo trabaja en pro de la voz. Es un disco menos folk que el anterior, y concebido sobre todo para tocarlo en directo, claro, yo hago canciones porque me gusta tocarlas, no al revés, hay gente que no, que disfruta más en el estudio y luego los directos son algo colateral, para mí es al contrario. Por eso tardo tanto, siempre pienso: esta canción que estoy haciendo, si hay suerte, después la tendré que tocar muchas veces en directo y la quiero disfrutar siempre, no quiero que llegue el momento y diga, mierda, no me acaba de gustar. Y pensado para el directo, en el sentido de que no hay nada secuenciado, sino que cada sonido que se puede escuchar en el directo va asociado a un movimiento que da Marina, eso para mí era muy importante.

En relación con esta evolución sonora de “La mida”, más rica, pero sin perder la esencia mediterránea, con un aire folk menos marcado como el que comentabas, podríamos decir que os acercáis y hermanáis con esa espacial sentimentalidad del llamado “pop metafísico”, ese que se respira en Joan Miquel Oliver y que, Ferran Palau y El Petit de Cal Eril han elevado al máximo rozando el misticismo. ¿Cómo veis estas comparaciones y etiquetas?
Bueno, supongo que por el uso de los sintes y eso, de todos modos, es una etiqueta de la que no intento rehuir, porque al final les escucho mucho, y a Ferran y Joan Pons les tenemos cerca, pero las melodías de la voz son más líricas, la guitarra también tiene mucha presencia… Entonces, por un lado sí, pero es también otro camino propio el que queremos recorrer, claro.

Y hablando de Ferran Palau, con el que colaboraste en tres canciones de su último y magnífico “Joia” (Hidden Track, 22), os devuelve ahora la colaboración y es el único invitado que encontramos en “La mida”, con el que nos regaláis la genial y preciosísima “Un son”. Háblame de la relación que os une a Ferran y como se da esta colaboración.
Al final todo nace del afecto personal. Hay muchos artistas a los que admiro, pero al final, no los tengo tan cerca como tengo a Ferran, y nos entendemos muy bien con él. Ha formado parte de nuestras vidas recientemente, ha estado presente en estos dos últimos años y nos apetecía que eso quedase reflejado en “La mida”. Y nada, fue proponérselo y escogimos la canción que creíamos que encajaba más con su manera de hacer, con su imaginario, y se lo propusimos y le hizo mucha ilusión y a nosotras también, fue muy bonito, la verdad, y trabajamos muy bien. Y nada, a ver si la podemos tocar en directo y puede venir Ferran, que tenemos muchas ganas, porque es una canción que es un placer de tocar y con él aún más.

Y hablando de afinidades musicales y referentes artísticos, ¿Qué referentes/discos de cabecera tuvisteis durante el proceso creativo del disco?
Pues sobre todo cosas que hemos estado escuchando en la furgo, que además voy de copiloto y no estoy haciendo ninguna otra cosa, y te dejan más poso. Como Marina conduce, Marina manda [risas]. Hemos estado escuchando a Aldous Harding, Julia Jacklin, Haley Heynderickx, Big Thief… Al final son cositas que van dejando su huella; y Marina, cuando es tarde y vamos cansadas en la furgo pone clásica también, entonces si hay una progresión de algo de clásica, que yo no había escuchado nunca, y hay algunas cosas que realmente me han emocionado, aunque no ha sido intencional, al final están ahí en el disco… Pero para mí, las referencias a la hora de hacer canciones, no son solamente musicales, a veces son más preguntas o imágenes que me vienen a la cabeza, cosas que me pueden inquietar y luego intento describir de la forma más poética que pueda. La música ya buscaré la manera en que la acompañe. Es decir, que los inputs, en mi forma de trabajar, no me vienen solamente de lo que escucho, sino de lo que veo en un momento dado o preguntas que me surgen, y a partir de ahí, hay veces que prima una métrica, y entonces las melodías van detrás, y hay veces que es lo contrario…

Justo quería ahondar en eso, en las letras, otro sello indiscutible de Anna Andreu, con una carga poética muy brillante, con muchas metáforas y simbolismo, además de afiladas rimas que aportan un extra de preciosismo y musicalidad. Ya me has dado unas pinceladas, pero, cómo es el proceso compositivo de las canciones, ¿cómo creas las letras y cómo trabajáis la música?
El momento de hacer las canciones, para mí, es como si estuviera resolviendo un problema. Sí, a veces, por ejemplo tengo una frase, y le tengo que buscar una rima a esa frase, este elemento restrictivo del que te hablaba antes, que también sucede con lo musical, también está en las letras. Para mí, las rimas, no son un elemento necesariamente restrictivo, sino que me enfocan, porque de repente no tengo todo el vocabulario a mi alcance, si no solo aquellas palabras con las que rima, que son un porcentaje muy pequeño. Entonces salen imágenes y salen paisajes, o pueden salir ideas, a las que de otra forma no llegaría, si tuviera todo el vocabulario a mi alcance sería muy complicado. De repente, tengo una frase y le busco una rima, y puede que esta segunda frase, que era la que tenía que rimar, va pesando más y la primera se va, ya no aparecerá en la canción. Es un camino bastante misterioso, a veces frustrante, pero cuando ves que todo te encaja, ahí descubres de lo que va esa canción, de qué quieres hablar en esa canción… No es algo premeditado, va surgiendo, aparecen imágenes sin que te des cuenta antes. Y sí, también lo que decías de las metáforas, muchas veces utilizo metáforas, frases que no son literales y luego le contrapongo frases hechas, que sí son literales, como quiebros que despistan. Por ejemplo, en el disco anterior, en la canción “La Riuada”, hablaba de “andar con pies de plomo”, que es ir con cuidado, pero después decía que esa persona que va “con pies de plomo” se acerca al río y ¿qué ocurre?

"Mis padres escuchaban mucho a Paco Ibáñez en casa y hay cosas que cantaba que tenían ese poso de oscuridad del que hablábamos, imágenes poéticas muy potentes"

Se hunde. Con pies de plomo, se hunde.
Me gusta usar esos giros en las canciones y contraponer frases que no son literales con otras que sí.

Pues siguiendo con las letras y en contraste con la luminosidad y dulzura melódica, encontramos muchos versos que suelen dejar a entrever cierto halo de inquietante oscuridad y crudeza… De ese “Sueño” que comentábamos antes junto a Ferran, pasando por la inicial “Penyora” por ejemplo, una de mis preferidas, por cierto. ¿Es un contrapeso buscado? ¿de dónde nacen esas sombras?
Sí, efectivamente, es un contrapeso buscado. Mi voz, al final, es más bien dulce, y las melodías suelen ser bonitas, con acordes mayores, y siempre hay también menores para lo mismo, para contrarrestar. Entonces toda esta dulzura, de alguna manera, la intento regular, a veces, con las palabras que digo… Si tengo que decir “estrella”, pues posiblemente diga “astro”, que es quizás un poco más inquietante o amargo. Es ver un poco los sinónimos de las palabras, tener en cuenta tanto su sonoridad cómo ver hacia dónde te llevan. No sé, Nick Cave por ejemplo, puede hacer una canción de dos animales que corretean por el bosque, “Breathless”, porque tiene esa voz que ya es oscura de por sí. Pero si yo hago una canción de dos animales que van correteando por el bosque, posiblemente me va a quedar con un punto infantil, mucho más azucarada que a él. Buscar esa oscuridad en las letras, ese dolor, a veces me sirve para contrarrestar, para que se mantengan en la dirección que quiero. Es un poco eso. Lo que dices de “Penyora”, que empieza con una melodía muy dulce y unos acordes luminosos, si ahí meto palabras dulces también, se me va a ir mucho en esa dirección, entonces la letra comienza con: “Llevaba una pena tan grande sobre una espalda tan pequeña…”, y ya le metes ahí un punto de dolor que hace que no se tambalee.

Pues un cartel con Nick Cave y vosotras abriendo de teloneras me pinta muy bien, eh
Sí, seguro que le hace ilusión a Nick [risas].

Yo lo veo, en serio, y os marcáis versión oscura de “Breathless”. No recuerdo exactamente, pero creo que fue Cat Power la que hizo un cover muy chulo… Bueno, aparcamos al señor de las tinieblas y nos vamos a un poema de Lorca que tampoco le iría nada mal a Mr. Cave y que, vosotras, entre disco y disco, a finales de 2020, os atrevisteis a grabar en castellano, “Canción del jinete” que musicó en su momento Paco Ibáñez, y que os quedó genial. ¿Cómo se dio esta adaptación? Tengo entendido que de pequeña te daba mucho miedo esta canción…
Sí, mis padres escuchaban mucho a Paco Ibáñez en casa y hay cosas que cantaba que tenían ese poso de oscuridad del que hablábamos, imágenes poéticas muy potentes… Una poética que de pequeña pasa desapercibida, pero esas imágenes no puedes quitártelas de la cabeza, como “el perfume de flor de cuchillos” o ese inquietante caballo sin jinete en medio de la noche… Me gustaba tocar en casa esa canción y Marina me dijo, “esto lo tenemos que hacer”. Hizo ella la “fuerza” y nada, ahora es una de las canciones que más me gusta tocar en directo y que más nos funcionan. Además, la versión que hemos hecho, hemos apretado ahí, hemos subido la palanquita de oscuridad plus, y meterle todos esos sonidos inquietantes, creo que nos ha funcionado muy bien. Y también es guay, en un momento dado, cantar algo que llega directo, que la gente ya conoce, y de repente se le hace todo mucho más cercano, esta canción y las que tocas después, porque ya has conectado con una parte mucho más íntima con la gente. Es un gusto tocarla.

No te voy a preguntar si volveréis a grabar pronto algo en castellano o en inglés, como hacías en Cálido Home. Supongo que si surge, surge, pero si hay una duda que tengo y no sé si tiene algo que ver con el idioma. Estoy seguro de que no depende de vosotras, claro, pero da la sensación de que tenéis un circuito de gira muy delimitado y es complicado veros en algunos lugares… Por ejemplo, hablando en primera persona, yo soy de Cádiz, aunque vivo en Málaga, y no sé si habéis tocado alguna vez en Andalucía, por ejemplo, la cosa es que nos encantaría poder disfrutar de Anna Andreu en directo por estos lares y otros más a menudo…
Bueno, como este es el segundo disco y el primero lo sacamos en periodo de confinamiento, no hemos tenido mucha oportunidad, pero supongo que sí tienes razón en eso de que en Cataluña hay un circuito amplio… La verdad es que yo estoy alucinada con la cantidad de conciertos que hemos podido hacer en un territorio físicamente tan pequeño como es Cataluña. Y claro, para nosotros salir fuera, lo que sí tiene que haber son unas condiciones, porque es trabajo y claro, al final te tienes que desplazar más y hay muchos más gastos. Son muchas cosas a tener en cuenta. Pero en mi caso yo no lo concibo como una barrera que me implica el idioma, para nada. Ya lo hemos puesto a prueba en otras ciudades del norte, por ejemplo, y explicando o contextualizando un poco las canciones, el público ya sabe más o menos qué referentes se puede esperar o no, y al final la música también tiene otra parte interpretativa y expresiva que siempre cala y completa lo que no puedes entender. Después de todas las buenas experiencias que hemos tenido tocando fuera de Cataluña, la verdad que encantadísima de girar en cualquier sitio, de salir fuera. No veo el idioma como algo que necesariamente tenga que ser un freno.

Totalmente de acuerdo contigo y os esperamos en cualquier sitio con los brazos abiertos. Volviendo al disco y para terminar, del vaivén contenido y suaves olas sintetizadas de la titular “La mida”, con ese sentido estribillo, a “El mur” final, donde parece que la contención se resquebraje, con guitarras distorsionadas y un sonido envolvente que nos levanta del suelo. Dame unas pinceladas de estos dos temas que cierran el álbum, la que le da nombre y la explosión que parece romper con la contención reinante.
“La mida” es la canción que habla más específicamente de la contención. Habla de una “oreja furtiva”, de alguien que está escuchando, y le pregunto si me hubiese escuchado, si se hubiera dado cuenta de que estaba apretando los dientes, intentando medir las cosas, y al final viene “El mur”, que habla un poco de la importancia de construir las cosas bien desde la base. El pre estribillo dice: “Un muro que no tiene plomada, caerá más temprano que tarde”. Y es un poco eso, que a veces construimos las cosas fijándonos en un resultado, pero no hay que olvidarse del camino, porque el resultado no va a ser el que te esperas si la base no está bien construida. Los errores se van acumulando cuanto más alto es este muro. Ahí de nuevo la importancia de conseguir la justa medida y tener en cuenta que, esas pequeñas desviaciones, son acumulativas al final. Y hay frases que dicen: “Me quema tanto, que me hierve la sangre”. Es lo que te decía también, cuando una cosa te quema tanto, esto es algo muy metafórico, pero si lo llevas a lo literal, si algo quema mucho, acaba hirviendo. Y sí, al final es un poco el colofón de toda esta contención, al final acaba como tú dices, con esta explosión de derrumbe y todo eso.

En directo tiene que sonar muy potente…
Sí, yo creo que sí, hemos trabajado para eso, para que suene así, fuerte y contundente. A veces hay un poco la percepción, o por tradición mental del mundo en que vivimos, que si dos chicas tocan algo, tiene que ser necesariamente delicado… bueno, no delicado, pero sí un sonido más bien finito… Y nosotras apostamos por romper esto, que aunque sean canciones que puedan ser bonitas o dulces, contienen una buena carga sonora y contundencia en el directo, y en esta canción se pone especialmente de manifiesto.

 

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