“Me ofende que la tele no me quiera como cantante y sí como tertuliano”
Entrevistas / Albert Pla

“Me ofende que la tele no me quiera como cantante y sí como tertuliano”

Yeray S. Iborra — 19-10-2020
Fotógrafo — Archivo

Los hay sin ideas. Y los hay que el calendario les queda corto para sacar todas las que les cuecen en la sesera. Está claro de qué club es Albert Pla, que este 2020 compagina la serie sobre los Borbones con el libro “España en guerra” (publicado en castellano y en catalán). Y lo que vendrá.

Ha venido a Barcelona desde algún lugar cercano a Girona para grabar diferentes secciones y entrevistas de radio. Concentra las demandas en la capital catalana. La de asfalto no es su jungla. Tiene dos horas para hablar, siempre entre el sosiego y el bocado, sobre hiperproductividad, monarquía y alcachofas. Humor y hastío sobre el momento presente de la cultura, las tiradas de lengua de la prensa y los múltiples proyectos presentes –este 2020 ha compaginado la webserie “España de Borbón”, estrenada en MondoSonoro, con el libro “Espanya en guerra”– y futuros. Albert Pla (Sabadell, 1966) nunca se aburre. La realidad no se lo permite.

¿De dónde sale toda esta hiperproductividad?
Lo complicado, más que hacer, son los tiempos para mostrar. Ahora he grabado dos programas de radio, la serie de los Borbones, el libro… [Larga pausa: en la grabadora se cuelan las profundas caladas a cigarros salpimentados que, pese a ser varios, no le niegan lucidez] Y mi manager me dice “no podemos sacar todo esto y anunciar que cantarás por WhatsApp la misma semana”. Siempre está esa putada. En diciembre iba a presentar un espectáculo infantil nuevo en el Teatre Lliure y no lo podremos hacer. Y ya lo tengo. He hecho un documental durante el confinamiento sobre La Pandilla Voladora, pero ahora no podemos venderlo tampoco. En fin…

“Cuando canté mi primera canción ya vi que de los diez tíos que había allí, la pilló uno. Los otros no entendieron nada”.

Hay más trabas industriales que creativas, veo.
Tenemos diez rancheras hechas con Raül Refree desde enero. Y es impensable ponerte a pensar en ellas, con su gira y todo eso. Las cosas se quedan encalladas porque no hay tiempo para mostrarlas. Presento “Espanya en guerra” y hoy mismo me ha dicho la editorial que el próximo libro no me lo sacan para el Sant Jordi del año que viene porque tienen el catálogo cerrado. Y yo ya lo tengo escrito. Pero ellos ya tienen decidido qué sacarán. No puedo hacerle más.

No parece que te autopresiones o te estreses pese a sacar tanta cosa.
Yo no me autoexijo nada. Me perdono siempre. La falta de trabajo es la falta de ideas; te pueden faltar canciones en un momento dado, pero yo nunca me pongo a hacer un disco sin canciones hechas. Ahora podría hacer uno para sacarme de encima canciones que tengo de los últimos años. Es más lento el ritmo de amortizar que el de hacer.

¿Eres metódico?
Cuando hago las cosas, nunca creo que las haré. Pero soy muy rutinario.

¿Sí?
Sí, me paso el día pensando. Pensando en mis cosas. [Ríe] No me resulta un esfuerzo. Me siento un momento, grabo o escribo, y ya. Si empiezo el tema de los Borbones, me pongo a hacer la serie. Catalunya Ràdio me pide una sección y les digo que tengo eso, y a hablar sobre Borbones. He hecho “España de mierda” (15), “Espanya en guerra”… Pues haré “España de Borbón”. Muchas veces tengo las cosas hechas, solo me falta el formato, cómo envolverlas.

¿Cuando publicas tanto sobre los Borbones es porque te obsesiona la monarquía?
No, no me ocupa especialmente. Yo imagino que la gente en su tiempo libre mira la tele o una película. Yo leo un libro de historia o veo un documental. Mi actualidad siempre es desde antes del invento de la bombilla. Si hablo de los egipcios no es porque entienda mucho de ellos sino porque una pirámide es una construcción absurda, básica, y de eso puedo hablar horas.

¿No te has documentado estrictamente para tus vídeos de Borbones?
Los ‘inputs’ van llegando en la vida, sin forzar. Si a uno le gusta cocinar alcachofas, de casualidad siempre le llegan recetas. Un día le cuentan un chiste de alcachofas, y un día ve a una persona y ya tiene cara de alcachofa. En fin, todo va en una dirección y lo utilizas como saco en el que arrojar las cosas.

Mientras miraba los vídeos, pensaba: con lo hilarante que es la historia de los Borbones, Albert se habrá tenido que reprimir… Teniendo yo nivel ‘usuario’ en la historia de los Borbones, claro.
Usuario de Borbón, cliente de Borbón… Es potente la historia lo mires por dónde lo mires. Lo difícil es resumir. Lo difícil siempre es resumir. También en las canciones. Los hay que dicen que hacer canciones es un ejercicio de autocensura; no lo es, pero sí debes resumir y ser preciso pudiendo decir las cosas de mil formas. No abrir melones que deberías tocar de otras formas, vamos. El mundo está lleno de cosas divertidas, tristes y sugerentes.

¿Son más divertidos tus vídeos o cómo la corona ha tratado la huida de Juan Carlos?
Es hilarante. Pero aún no podemos reírnos de eso. Cuando se sepan todos los detalles, ya… Por poner otro ejemplo: los Pujol. Lo que más gracia me hace es imaginarles pasando la frontera con un maletín lleno de billetes. “Cuidado”. Esa imagen de los tíos como si estuviesen pasando tres cartones de tabaco en vez de dos. Es una situación divertida. Tormenta por Andorra y ellos por ahí. Me gusta imaginar. [Ríe]

¿Que los vídeos sean tan caseros responde a un objetivo artístico?
Lo explico claramente en el primer episodio. Llevo mucho tiempo queriendo hacer una serie. Da para mucho. Los de Netflix te dicen que no, los astros del teatro moderno te dicen que no, el manager te dice que no te pondrás a explicar los Borbones… Y tú ves que todo el mundo cada vez respeta menos el farol borbónico, que algún día alguien se te adelantará y explicará el chiste de cómo Alfonso XIII perdió Cuba o cómo el otro se pensaba que era una rana… Alguien lo iba a hacer. A falta de gente, pues lo he hecho yo solo. Porque es la mejor manera, o no había otra. Nadie se enrollaba con los guiones, la banda sonora o el montaje.

Mira que contigo hay muchos que se meten en el fango. En este caso no…
En este caso no. Durante la pandemia tuve la mala experiencia de una canción sobre la misma pandemia. La quería hacer el primer día. La primera semana estaba hecha. Habían pasado tres meses y todavía… “Se tiene que mezclar bien. La tipografía del vídeo, no sé qué…”. Y un día la estrené en la radio y fuera. A veces hay que esperar tanto… Cuando estás cerrado en casa en una puta pandemia sin poder hacer nada, ¡venga hombre, es de chiste esperar! Esperar a no sé quién.

No me toques…
¡No me toques los huevos! Internet te da capacidad de autogestión… Decidir tus ritmos. Y a ver qué pasa.

Hablabas de los Pujol. ¿Todo chiste es bueno en función del momento en el que se cuente? ¿Piensas en si era el mejor momento para el tema Borbones? ¿Te da miedo acabar querellado? Estamos en el país de Valtònyc.
Tampoco los molesto. Yo estoy a la izquierda del WC de los Borbones. No salgo por las teles. No, no… No soy un tío tan mediático. Me escuchan cuatro colgados. No tengo la influencia social que podría llegar a preocuparles.

“No me gustan los humoristas porque hacen que los políticos caigan bien a la gente”.

¿Nunca te llegaron presiones?
A ver, si Pilar Rahola, Anna Grau, Inés Arrimadas dicen que las acosan por Twitter… Imagínate a mí… [Ríe] No sé. Cuando canté mi primera canción ya vi que de los diez tíos que había allí, la pilló uno. Los otros no entendieron nada.

¿Es una metáfora válida para toda tu carrera?
Siempre ha sido así. El tiempo, además, gestiona sus acuerdos: los de Telecinco no me quieren y yo tampoco. Los de El Mundo no me quieren y yo no los quiero a ellos. Ellos me censurarían a mí. Y yo a ellos también les callaría la puta boca, si pudiese. A todos los que intentan chapármela a mí, les haría lo mismo. Pero como ahora ganan… No sé, ya nos veremos en el infierno [Ríe].

¿Y piensas en a quién quieres que lleguen estos vídeos? Porque más allá de ese tipo que te entiende, supongo que querrás llegar a otra gente…
La verdad, siempre parto de la base que no llego a nadie…

Pero eso es falaz. Y lo sabes.
Bueno, lo mío es un divertimento. No puedo evitarlo. Se me ocurre algo y: “Mira, mira, mira…”. Con los años he visto que esto me da trabajo. Sin más. Como el patronista que se fija en los pantalones, yo tengo el honor de poder guardarme tonterías que después aplicaré. Pero, insisto, como el que se fija en pantalones o alcachofas. La tontería es mi trabajo.

Cada proceso productivo tiene sus cosas. No es lo mismo un vídeo que un libro. Da la sensación, por eso que tú todo lo haces rápido. Incluso un libro. ¿Demasiado rápido a veces?
Lo escribí en dos meses y me lo pasé genial. Cuando uno hace algo y empieza a sufrir, a sudar, o a aplicar las teorías esas de Guardiola de “levantarse bien pronto, sacrificio entreno, tácticas, lloros”… Olvídalo, no te dediques a eso. Dedícate a otra cosa. Porque cuando te salga algo, te lo tomarás muy en serio y creerás que es cojonudo y querrás solemnizar. Y yo, siempre que acabo algo, prefiero llevar la contraria. “Todo lo que hago se puede hacer de otra forma”. Puedo hacer “Miedo” (18) y puede ir de otra cosa. Ahora hacemos esto. Y luego ya haremos lo otro.

Eres lo contrario a un Excel.
Con todo esto de la pandemia y la falta de conciertos… Se ha visto claro. Vamos a hacer conciertos por ‘streaming’. Vas a una sala y la gente comprará entradas y repartiremos entre sala, IVA, ‘ticketing’, Movistar, SGAE’…’. Pocos conciertos se hacen por ‘streaming’. [Ríe] Y yo me dije: “¿No es más lógico que la gente me pida dos canciones y les llame por WhatsApp y se las cante?”. He tenido que luchar mucho por una cosa tan lógica.

¿A qué precio, esos conciertos exclusivos?
70 euros, dos canciones.

No lo has hecho para tu público precario. Te has hecho valer.
Primero, uno se tiene que hacer valer, sí. Y después, si coges cuatro colegas, hombre…

Ahora podemos juntarnos hasta seis. Pero luego igual serán cuatro… Como tenga que pagarlo uno solo…
Bueno, si lo tienes que pagar tú solo, tampoco es una cosa… No sé, no pienso en todo esto. Si alguien lo pide, lo haré. Si alguien me dice que es muy barato, lo pondré más caro. Y si me dicen que es muy caro, lo pondré más barato… [Se desternilla] Yo qué sé. La cuestión es tener esta opción tan simple, que no es una virguería tecnológica. Y sin intermediarios.

Debe ser difícil jugar con los intermediarios, porque a veces los necesitas.
Mi compañía de negocios es mi manager y yo. Él solo me lleva a mí. Somos dos socios. Y ya está.

¿Y te cuesta cuando se tiene que abrir diálogo con esas terceras partes que te lo ponen farragoso?
Lo llevo como todos los ciudadanos. Fatal. Son cosas del día a día. Como hacer la cena a diario.

Que las últimas cosas que has hecho tengan un contenido muy social, ¿es casualidad? ¿Has aparcado tu parte más evocativa, después de “Miedo”?
A mí se me reclama mucho socialmente. [Ríe] Casi más que como cantante. Eso me ofende.

¿Sí?
Que la tele no me quiera llevar como cantante y me quiera fichar como tertuliano… En mi casa nadie se ha escandalizado nunca con mis libros, ni con mis canciones. Si alguien lo ha hecho es porque vive tan lejos la vida respecto a cómo la vivo yo… No sé, me parece alucinante. No seré yo el que vaya a ganarme la vida de la polémica. Los Borbones y “Espanya en guerra”, permiten vengarse. Vengarse de toda esta tromba de información de la que hay que posicionarse siempre serio. Como los futbolistas: “Táctica, trabajo, mis principios”. Calma. Una persona que no tiene razón es muy peligrosa, pero lo es más la que la tiene. “Te he pillado robando, tengo derecho a matarte”. Ostia, tío, no, no hace falta ser tan miserable con los enemigos, con los vencedores. Ya tendré razón yo mañana.

“Parece que lo de morirse en Europa está prohibido. Y no, la gente muere y morirá siempre. No seamos tan vanidosos”.

¿Hacer broma sobre los Borbones es perdonarles?
No me gustan los humoristas porque hacen que los políticos caigan bien a la gente. Lo que hace los de “Polònia” (TV3) es que te caiga bien Puigdemont. Un poco de cariño a Rajoy. Eso no me gusta. Una ventaja tiene la historia: puedes decir que te cagas en Alfonso XIII y vas a guillotinarlo. Con la actualidad, no puedes. Con la actualidad no se puede… Pero bueno, tanto preguntarme y tanto preguntarme y cuando digo lo que pienso de quién es un hijo de la gran puta, ¿me quieren meter en el talego? Todo el mundo me quiere en el talego. No era mi intención decir que era un hijo de la gran puta, pero si me preguntan…

¿Te cansa que te busquen siempre por la polémica?
Es muy absurdo. Está pasado de moda. A veces veo entrevistas mías opinando sobre Chenoa o sobre economía griega. Sobre qué opino del tamaño de las farolas de Barcelona, porque la gente está indignada con eso. Yo llego a hablar de mi libro, y me paso todo el día hablando de farolas… Es incómodo, porque yo no tengo nada que decir sobre las farolas.

Estamos de acuerdo que hay una parte de tu obra más reivindicativa y otra más emocional, y por la que te reclaman menos. ¿Lo echas de menos? ¿A ti cómo te gustaría que se te tratara?
Me la suda. Si alguien me llama por algo es porque habré transmitido esa imagen. No me quejo. Con “Miedo” he hecho tantas funciones como he querido, y más que haremos. “Miedo” lo disfruto mucho. Es un espectáculo para tener un viaje y es bonito. Me lo paso muy bien.

¿Es más agradecido que cuando te vienen a buscar por la reivindicación?
A todos los cantantes les gustan las canciones que no le gustan al público. “Canta la del negro”. Ueee. Es lo que hay. Supongo que también es lo divertido de la cuestión. Tú haces una cosa para ti, y eso llega, y hay unas reacciones. Lo divertido de la cuestión, supongo, es no hacer demasiado caso a nada. Uno a lo suyo. A veces ves que hay reacciones a cosas que dices… Y quieres jugar con ello.

Disfrutar y torear las reacciones.
Todo es muuuy importante. Una campaña de promoción: “Uhhhh”. [Ríe] Nunca ha servido para nada. Yo nunca he sido un cantante de enseñar una cosa y que haya una promoción muy eficaz y que algo suba como la espuma. Normalmente todo va muy lento. Sacas el disco de la rumba y años después la gente empieza a… Todo son reacciones, no del momento, digamos. No tengo la capacidad de ser tan visible. Las cosas van haciendo. Lo de los Borbones, igual con los años…

La vida del artista es aún más jodida hoy. Lo del WhatsApp está bien, ¿pero la pandemia te ha hecho plantear que igual esto podría acabarse?
Sí, a ver… Los cantantes piensan que se morirán antes de los treinta, y si no me gusta lo dejo… Y pasas los treinta, y ves que es una obligación que te sigan escuchando. Yo siempre tuve muy claro lo pasajero de mi oficio y de la vida. La sociedad nos ha enseñado que lo importante es la jubilación, que “cuando un día…”. Aunque tu presente sea una mierda, pensar en la inversión en el futuro. La pandemia desmonta todo esto, y me parece delicioso.

¿Y si te quedas tú sin jubilación?
Si me quedo sin perras, ya encontraré una forma de vivir. Y si no, moriré. Parece que lo de morirse en Europa está prohibido. Y no, la gente muere y morirá siempre. No seamos tan vanidosos. Que tú vivas como una mierda para pensar que con setenta años vivirás como un rey con 1.200 euros, eso es una fantasía sexual tuya. Si se cumple, será una puta casualidad. No puedes pedir una compensación si luego la palmas a los cincuenta y ocho. Diferente es que seas funcionario, tengas tu curro, que trabajes en un banco y se te considere trabajador… O que seas músico y que el funcionario y el banquero piensen que tu trabajo es menos que el suyo. Eso demuestra también la pandemia: socialmente no somos vistos como trabajadores. Si tú no tienes ese apoyo social, si la gente no es consciente, si no lo hemos conseguido explicar al Gobierno, tu oficio se va a la mierda el primero. Porque no es un oficio, es un capricho.

Los músicos han criticado la desprotección gubernamental.
Es más, estos días, los artistas hacen huelga. Ya es la polla. ¿Que no te den trabajo y hagas huelga y digas que no tocarás? [Se parte la caja, con un profundo pitido de pecho] Una lucha de idiotas contra imbéciles. ¿Parar? Si ya estoy parado. Vamos a quemar el puto parlamento, igual así sí que te escuchan.

¿Has intentado vehicular esto con otros músicos e ir a quemar el parlamento?
Mi oficio tiene algo muy malo (y el de actores y demás del espectáculo): cuando la cosa funciona, cuando yo hago “Miedo”, la gente cree que el Gobierno me paga la carrera. Que a mí en Gijón me están pagando todos los españoles. Y la gente no tiene ni idea: todo esto es una iniciativa privada y los que viven del teatro subvencionado son unos, pero los otros…. Y luego vas a las SGAE y no hace falta decir nada más. Mira los nombres de la junta rectora. Torcuato… Es un delirio, podría hacer tres libros con la lista de nombres. Quien no vea que eso es un robo y son unos hijos de puta asquerosos que han robado toda la vida a los artistas, es que es imbécil. Pero las SGAE caerán, pero no porque los artistas protesten, sino porque las multinacionales sienten que les roban. “Para que roben, robamos nosotros”. Otros hijos de puta les levantarán el negocio de seguir robando al artista.

¿Tienes energía para cambiarlo o solo para denunciarlo?
No tengo energía ni para cambiarlo ni para denunciarlo. No lo estoy denunciando. Lo sabe todo el mundo. Y eso que se cuenta una cuarta parte, pero con esa cuarta parte, pero sería suficiente para que cayera. Y ni así. ¿Qué tengo que hacer yo? Yo ya le digo a la gente que no vaya a votar. Me toman por loco. “Puto anarquista de los cojones, qué me estás contando”. Loco. No cuento.

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