“Soy más un músico serio y tradicional que un rock star”
Entrevistas / Alain Johannes

“Soy más un músico serio y tradicional que un rock star”

Adriano Mazzeo — 08-08-2020

Alain Johannes tiene listo su tercer disco “Hum”. Este manifiesto que refleja su sentir a través de una etapa de esperanza, pérdida, enfermedad, depresión y purísima creatividad es la excusa para esta charla en español con Mondo Sonoro.

El multi instrumentista, productor y arreglista de origen chileno, uno de los personajes de reparto más representativos de la escena alternativa desde los tempranos 80s (cuando fundó What is This, banda de la que surgirían los Red Hot Chili Peppers), mano derecha de Chris Cornell, parte de Queens of the Stone Age y colaborador de PJ Harvey entre otros destaques -sin mencionar a su incomprendida banda Eleven o su consistente colección de canciones como solista-, está de vuelta y lo cuenta así.

Has comentado que “Hum” es un disco que te liberó ¿cómo te sientes ahora recuperado de tu salud pero viendo el mundo en esta extraña situación de peligro?
(Risas) Es la ironía de salvarte a ti mismo con un disco. Yo estuve muy enfermo pero antes de eso ya tenía planeado este disco. También hubo un delay porque caí en una depresión muy fuerte antes de enfermarme. Pasó que el año pasado, cuando nos juntamos para ese show tributo a Chris en el Forum… luego de eso caí en cuenta de su muerte porque hasta ese momento no lo podía creer. A eso le sumo lo de Natasha (Schneider, su esposa, fallecida en 2008) y mis padres que murieron en 2014 con tres semanas de diferencia. A mi padre lo había conocido en 2010, luego de 46 años fuera de Chile… vine porque Josh (Homme) me propuso que venga a telonear a Queens y así conocer a mi papá. Mi tío Peter Rock (figura en el rock seminal de Chile) hizo el contacto y sucedió aquello. Fueron cuatro años muy lindos por haber podido cerrar el círculo y conocer el lado paternal de mi vida. Luego comencé con algunos problemas de salud y mi tío se enfermó, fue muy triste aquello también.
Total que en marzo del año pasado decidí hacer un nuevo disco solista y se lo comenté a Ipecac y ellos felices. Pero cuando me propuse empezar con el disco me quedé sin inspiración, así que preferí salir de gira solista por Europa, la cual funcionó muy bien.
Volví a Los Ángeles y me enfermé, pensando que era una influenza, pero estuve en cama desde noviembre a principios de febrero. En todo ese tiempo en reposo, tuve miedo de no sobrevivir, pensé mucho en el pasado, fue un proceso revolucionario interno, entonces cuando me dispuse a grabar el disco, llevaba toda esa energía dentro y, claro, los temas salieron de inmediato. Cuando empecé tenía sólo dos melodías en mente y terminé completando un tema por día, imagínate.
Natasha y Chris aparecen mucho en las letras, y yo también. Aparezco como intentando que el pasado sea un modo de inspiración, una necesidad de seguir un legado para honrar a los amados que ya no están. Pero ya con menos pérdida, sintiéndolo de una forma más saludable. Así poder salir de gira y hacer más discos y proyectos y… y de pronto una pandemia y de vuelta al encierro (risas)

Entiendo que la escritura de “Hum” te ayudó a sobrellevar situaciones de dolor, al tener estas canciones tanta carga emocional ¿crees que serán difíciles de cantar en vivo? A menudo me pregunto cómo hacen ciertos músicos para tocar temas que a mí, que no soy quien los escribió, me hacen llorar.
Me pasa que estas no son canciones casuales. Aún cuando antes de tocar yo puedo estar hablando con amigos y divirtiéndome, necesito un pequeño espacio de tiempo para poder conectar con lo que voy a cantar, antes de subir al escenario.Un momento de reverencia.
Miro el setlist y veo que ahí está “Unfinished Plan”, eso me requiere cierta energía especial.
En el proceso de tocar, el tiempo pasa de un modo muy extraño, es como una meditación en la que de pronto puede aparecer un recuerdo o un chiste, algo divertido. En esas ocasiones sí que me he visto superado alguna vez, no para dejar de cantar, pero sí me ha afectado. Me ayuda mucho tener ese espacio sagrado de meditación. Confío mucho en la improvisación y en que “algo” me va a llegar. En mis redes todos los días posteo algo que toco y luego mucho de eso se usa en discos como en “Fragments and Wholes”, algunas de este disco también son semillas de esas sesiones.
Es algo que siempre vive dentro mío, una especie de presencia de Natasha y de Chris integrada a mi persona. Eso atenúa la tristeza de no tenerlos. Desde que Natasha se fue, yo la tengo disponible para darme consejos “Oye, ¿esta armonía esta buena o medio que no?” (risas). Humildemente tengo una mini Natasha dentro que me aconseja con esas cosas en las que ella era un genio total. Lo mismo con Chris y las letras.
Y si todo esto es una forma de sobrevivir que me inventé, da igual, nadie puede decir si es algo metafísico o algo simplemente de un huevón que está medio loco (risas)

Este nuevo disco se origina luego de situaciones particulares. Una vez que te vuelcas a escribir nuevo material, ¿tienes en claro lo que quieres exorcizar o esas conclusiones aparecen luego de la música? Es decir ¿tuviste alguna vez la sensación de que tu música hace que te conozcas mejor a ti mismo?
Sí. Durante toda mi vida sentí que soy parte de una transmisión, un vehículo. Por eso creo que nunca desarrollé un ego dañino. La música siempre fue mi ama y para Natasha también era así. Siempre servimos a la música. Me sorprenden las cosas que salen, porque imaginate que yo uso instrumentos extraños, que se afinan de formas particulares como la guitarra portuguesa, de la que me enamoré cuando trabajé en Lisboa y conocí la música de Carlos Paredes. Conseguí expresar mis sentimientos a través de ese instrumento. Me pasó toda la vida con la influencia de distintos artistas: los Beatles, Paco de Lucía, Jimi Hendrix, Page, Brian May y luego el jazz. Me sorprendo porque esas cosas “aparecen”, escuchar tanta música me ha ayudado a desarrollarme como músico, tanto como tocar. Tengo una biblioteca subconsciente de distintas culturas, sonidos, épocas. Desde Astor Piazzolla a Bach, todo.
Yo soy coleccionista de instrumentos, tengo unos 600 de todo el mundo. Me suelo animar a tocar el sarangi, que suena entre cello y violín, lo usé en “Hum” en un par de temas para texturas sobre todo.
Pensé en la atmósfera sonora de “Hum” como algo cercano a Nick Drake: cigar box, guitarra acústica y voz principalmente. Y luego arreglos orgánicos, cuerdas, clarinetes, saxos y voces.

¿Qué tan cómodo te sientes en la posición de “tapado” que te caracteriza?
Extremadamente cómodo, porque ahí he estado cuarenta y pico de años (risas).
A mí me gusta ser parte de un equipo, de una familia, de un dúo. Para mí es difícil estar en una posición como la de Josh o Dave (Ghrol) o Trent Reznor. En Queens, en “Euphoria Morning”, en las Dessert Sessions, yo creo que la gente me valoró por mi posibilidad de ayudar tanto como músico, como siendo productor o arreglista, a llevar el concepto adelante y saber cuando meter la mano más dura y cuando no. Como productor intento crear un buen ambiente de trabajo y también soy versátil en lo que puedo aportar a un proyecto. Quizá por eso es que formé parte de tantos discos y también por mi personalidad: quienes trabajan conmigo no se sienten juzgados. Tampoco me gusta el drama, me gusta pasarlo bien y siempre… bueno, casi siempre, estoy lleno de luz y soy muy empático. Siento cuando algo negativo aparece y sé cómo controlar esas situaciones, es algo que aprendí de chico con las peleas familiares en la cena. Me siento un mediador.
Incluso en mis discos solistas siento que estoy colaborando y sirviendo a la música.
Soy más un músico serio y tradicional que un rock star. Soy más Bach y menos Beethoven.

Eres parte de discos como “Euphoria Morning” (Chris Cornell), “Songs for the Deaf” (QOTSA) o “Tragic Kingdom” (No Doubt) que ayudaron a definir el sonido de una época. Mientras trabajabas en ellos ¿te dabas cuenta que serían discos que se meterían en la banda sonora de una generación?
Simplemente me daba cuenta que serían grandes discos. Y eso me hacía muy feliz. Con “Euphoria Morning” nos pasamos los tres siete meses encerrados y veíamos cada posibilidad de mejorarlo para lograr la mejor versión posible del disco. Lo mismo en las Dessert Sessions en donde conocí a Lanegan y a Polly Jean (Harvey). Se sabía que sería algo grande. Con Eleven por ejemplo, hicimos muy buenas cosas pero el sello nunca nos apoyó. Les gustaba tenerlos en la nómina, porque éramos respetados, pero nunca nos promocionaron. Yo puedo escuchar “Howling Book” y sentirme muy orgulloso, hay gente que no logra eso. Con Natasha nos hacíamos la pregunta “¿Qué música falta en el mundo?”, y ahí simplemente la componíamos y grabábamos.

Es raro, ustedes hacían muchos géneros muy bien, incluso mejor que bandas que fueron muy populares por hacer decentemente sólo un estilo de los que vosotros podíais tocar.
Empezamos en el 90, y hubo un magnetismo con Pearl Jam y Soundgarden, que nos invitaron a telonearlos durante años. Ese era nuestro método de promoción. En la gira de “Down on the Upside” en Europa, recién perdíamos por suerte el contrato con Hollywood. Chris nos invitó a ser el grupo soporte, pero le dijimos que lamentablemente no teníamos el dinero para hacerlo. Llamó luego de unos minutos con la noticia de que cada uno de los Soundgarden pondrían 15.000 dólares para cubrir nuestros gastos en la gira. Eso fue increíble. Impresionante.

“Es importante ser austeros para poder seguir haciendo música”

Has trabajado con infinidad de sellos y discográficas ¿qué es lo mejor de estar en Ipecac?
Estuve en varios discos de Ipecac: Dessert Sessions, “Peace Love and Death Metal” de los Eagles of Death Metal, que lo grabamos en mi casa. Luego sacaron “Spark”, mi primer disco solista. Luego cuando tenía “Fragments…” ellos estaban muy enfocados en otras cosas y no pudieron lanzarlos, entonces lo edité yo mismo.
Ipecac son muy justos porque te comparten el 50%, obvio que no tienen los recursos de las grandes corporaciones, pero promocionan muy bien la música.
Allí está Patton, así que es un sello “artist friendly”. Tenemos una relación de amigos en la que ellos siempre están apoyando la creatividad, sin intentar meter la mano de un modo negativo. Comentando sobre lo que es, no sobre lo que debería ser. No como los sellos grandes que ponen dos pesos y luego no paran de pedirte cosas. Fue un desperdicio muy grande la época de los sellos multinacionales. Había mucho dinero pero solo te pasaban el 10%, así que había deudas por millones de dólares para nada (risas).
Es importante ser austeros para poder seguir haciendo música. Mis giras como solista se mantienen solas.

Tu música tiene mucha sensibilidad, entiendo que tocas desde el corazón más que desde la cabeza, ¿qué pasa cuando te piden un trabajo específico, por ejemplo que compongas música para un videojuego? ¿Logras ser un compositor más “mental” en estas ocasiones?
Por suerte los chicos que me encargaron esta música ya eran fans de lo que había hecho en el pasado, y antes de contactarme ya habían pensado cómo hacerlo. En vez de poner límites apuntaron a la improvisación, como hizo Neil Young en la película “Dead Man” de Jim Jarmusch, donde él simplemente toca la guitarra reaccionando a la película. Eso fue lo que hicimos.
Para el primer juego nos encontramos en Bolivia y usamos charangos, percusión, guitarra clásica flamenca y luego invité a Nick Olivieri, Joey Castillo y Norm Block e improvisamos los cuatro mirando el juego alrededor nuestro. De ahí salieron las 14 horas de música que están dentro del video y también las casi dos horas de banda sonora.
Para Breakpoint se necesitaba algo más electrónico, entonces invité a mi amigo Alessandro Cortini de Nine Inch Nails, que es un genio de la electrónica.
Me gusta aplicar la experiencia de mi carrera de esta manera, más específica. Soy un gran aficionado al cine y entiendo bien lo que una buena banda sonora puede lograr.
Me encantaría encontrar un director con el que nos pudiéramos unir, que era algo que pasaba mucho en el pasado: era Takemitsu con Kurosawa, Herrmann con Hitchcock, Sergio Leone con Morricone, Nico Rota con Fellini, etc. En esas situaciones la música no era algo que se pensaba después.
Ahora los editores pueden poner música excelente (ya existente, con derechos) para un boceto y luego el músico debe mejorar esa situación copiando esa música, pero sin copiarla demasiado y en muy poco tiempo. Ese es el sistema de Hollywood.
Ojalá suceda. Por el momento me encantó ser parte del equipo de Ubisoft.

Cambiando el ángulo ¿Qué recuerdos tienes de la época de What is this y tus primeros pasos como músico en los EEUU? ¿Cuándo te diste cuenta que era parte de una escena?
Llegué el último día de 1974. Comencé octavo grado. Yo había vivido seis años en México antes de eso y si bien no sabía nada de inglés, tenía ventaja educativa con respecto a mis compañeros, porque allí, por cuestiones del año escolar, yo estaba adelantado. Entonces me enfoqué en aprender inglés.
Teníamos una clase de práctica del “talent show” y allí conocí a Jack (Irons, baterista), que venía disfrazado de Gene Simmons, se sentaba atrás mío. Y como tenía esos gayumbos duros del disfraz, yo le pegué en el pene a ver qué tanto le protegían (risas).
Se enojó conmigo pero no mucho porque me había visto tocar la guitarra y quería juntarse conmigo. Estuvimos tocando un par de años juntos con Hillel (Slovak, guitarra), dos guitarras y batería, después del colegio.
Luego en el instituto encontramos un bajista, un amigo llamado Todd. Empezamos a tocar canciones originales. En 11vo grado hicimos un concierto y luego Todd se fue. Ahí mismo le preguntamos a un amigo tompetista de jazz si se animaba a tocar el bajo. Ese amigo era Flea.
En tres meses venía una batalla de las bandas en un garito famoso del Sunset Strip.
Entre Jack y yo le enseñamos a Flea cómo mover los dedos con el bajo, la música ya estaba en su cabeza. Le mostré varios ejercicios, para tener coordinación y fuerza. Al día de hoy cada vez que lo veo antes de un show está haciendo ese mismo precalentamiento. Ahí ingresó en la banda.
Otro amigo que teníamos que estaba involucrado en teatro era nuestro MC, nuestro presentador, ese era Anthony Kiedis.
Cuando terminamos el instituto y Flea ingresó a ser miembro de Fear. Hillel se enojó tanto que no le habló por varios meses.
Flea y Anthony va vivían juntos en esa época, Hillel vivía en otro apartamento. Yo aún no había conocido a Natasha. Surgió la idea de armar algo con Anthony para abrir los shows de What is This? y ahí surgió el concepto de los Chili Peppers. Recuerdo el primer show en el que Anthony entró a escena con un boombox gigante y tocaron tres o cuatro temas.
Así empezó todo, compartiendo sala de ensayo. Llegó un momento en que nos ofrecieron contratos a las dos bandas, nos juntamos todos y claro, algo tenía que cambiar. Hillel y Jack decidieron quedarse conmigo con What is this?. Anthony y Flea se enojaron, yo sólo respeté la decisión de Hillel y Jack. Por eso Anthony me maltrató tanto en ese tiempo. Cada banda hizo sus primeros discos y luego comencé a notar que Hillel estaba como enfocado en otra cosa. Lo que no sabía es que estaba hablando con Anthony Kiedis para irse de What is This a los Chili Peppers.
Eso pasó y salimos a tocar los tres Jack, Chris Hutchinson y yo. Allí conocí a Natasha y luego Jack decidió irse a los Chili Peppers también. Paramos What is this? y con Natasha comenzamos Walk The Moon que sería la semilla de lo que luego se convertiría en Eleven. Eso no tenía un sentido muy de banda, era música basada en la composición con sintes. Luego murió Hillel y Jack tuvo un quiebre mental y para sanarse nos volvimos a juntar y armamos Eleven. Lo interesante de esa época para mí, viviendo en México, sentía que tenía que llegar a EEUU porque no me imaginaba cómo seguir adelante como rockero, obvio que eran otras épocas. Entonces me tomé la música muy en serio, al igual que mis compañeros de banda. Tocábamos todos los días, escuchando música muy diversa y yendo a muchos conciertos. Ensayando mucho, improvisando sin luz. A Flea, a Jack, a Hillel y a mí nos ayudó mucho a conectarnos. Hubo oportunidades de tocar con adultos, pero yo pensaba que mi conexión con ellos era muy buena.

¿Se suelen ver actualmente?
Sí. Con Flea siempre nos hemos llevado bien y Jack es mi hermano directamente. A Hillel siempre lo extrañé, hace tantos años que falleció… pero teníamos una conexión muy fuerte los dos.
Con Flea, sí, de vez en cuando lo veo y lo llevamos poco a poco mejor. Y con Anthony también, pero es diferente… no sé. Sigue el asunto muy complicado… (risas) No hay peleas, pero no hay resonancia, no hay conexión.

Por algunas cosas que se saben, pareciera que Kiedis es un tipo inseguro.
Él logró llegar a un gran nivel, tiene mucho talento para liderar, para estar al frente de una banda como performer y componiendo para los Chili Peppers es perfecto, la banda funciona perfectamente. A mí me gustan más los discos de los 80s, con Jack y Hillel.
Yo reconozco mucho a Frusciante, es un gran músico. Y Flea también, obvio. También Chad (Smith), yo grabé con él, gran persona, muy buena onda.

Has participado en múltiples colaboraciones ¿tienes alguna colaboración soñada que aún no hayas podido concretar?
Durante mucho tiempo creí que iba a colaborar de alguna forma con David Bowie. Pero eso no pasó.
Yo tuve mucha suerte de encontrarme con algunos de mis músicos favoritos como PJ Harvey por ejemplo. Creo que Thom Yorke o Johnny Greenwood serían muy interesantes para mí, gente con un muy buen nivel creativo. O Fiona Apple, me encanta su nuevo disco, adoro su forma de ser tan abierta, libre y creativa. Björk sería súper interesante también, aunque no sé si yo podría llegar a ese nivel de avant-garde que tiene (risas).
Mi amigo Jason Falkner, que era parte de Jellyfish, es un mega talento también.
Seguramente haya muchos artistas que conoceré y haré cosas nuevas.

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