Una clara y gélida mañana de enero a principios del siglo XXI
Libros / Roland Schimmelpfennig

Una clara y gélida mañana de enero a principios del siglo XXI

7 / 10
José Martínez Ros — hace 1 semana
Empresa — Periférica

Un lobo cruza un río helado que separa a Polonia y Alemania. Se adentra en un territorio donde su especie fue exterminada mucho tiempo atrás, en el que es un intruso indeseado. En su camino pasa junto a una autopista, cerca de Berlín. El tráfico está paralizado por una nevada y un accidente; entre los conductores atrapados hallamos un joven polaco, Tomasz, que como cientos de miles de ciudadanos de su país, se han asentado en Alemania con su novia en busca de una vida mejor. Aunque por el momento no la han encontrado: ambos llevan en Berlín una vida agotadora y frustrante, que está desgastando su relación. Agnieszka, la chica, que trabaja como empleada del hogar en la casa de una familia rica, está embarazada de otro hombre y él aún lo ignora. Tomasz sale del coche. Llega a atisbar al lobo, le hace una foto y la cuelga en las redes sociales. Pronto se convierte en una noticia masiva.

Ese lobo será el nexo entre varias historias que se entrecruzan en esta breve novela, escrita con una prosa nítida y transparente: hay un cazador al que le gusta adentrarse solo en el bosque, pero que de repente sufre un ataque cardíaco; hay una pareja de adolescentes que se fugan de una pequeña aldea, porque la madre de ella, una antigua bohemia alcoholizada e irresponsable, no deja de martirizarla; hay una estudiante de periodismo de origen turco que ambiciona su primera exclusiva. Los diferentes hilos narrativos van avanzando en pequeños capítulos-fragmentos que, en conjunto, nos ofrecen una contundente visión del continente en general y, de la Alemania de nuestra época, en particular, de la que hace un retrato frío e inclemente: un país duro que, sin embargo, es la tierra prometida para muchos emigrantes.

“Una clara y gélida mañana de enero a principios del siglo XXI” es la primera novela del dramaturgo germano Roland Schimmelpfennig (1967). Su estilo, simple, limpio, subraya la universalidad de la experiencia de sus personajes. Ese lobo que ha cruzado una frontera centroeuropea sin darse cuenta del peligro que le acecha es el símbolo de los muchos destinos incompletos que nos presenta. Tal vez echamos de menos un desenlace más sólido, pero eso era algo que no estaba, claramente, entre los propósitos de su autor. Después de todo, sólo es un ramillete de pequeñas fábulas que transcurren durante un día de invierno. Todo acabará y todo volverá a empezar al día siguiente.

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