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The National nuevo disco

Hubo un momento, a la altura de “Trouble Will Find Me” (2013), en que The National parecían abocados a un callejón sin salida, abonados al déja vù de una fórmula gastada. Aguardar un nuevo álbum suyo daba cierta pereza – salvo para su núcleo duro de incondicionales –, pero nos la empezamos a sacudir con aquel “Sleep Well Beast” (2017) que parecía más de lo mismo en una primera escucha pero que a la larga se revelaba como un paciente revulsivo en su carrera. Ahora, sin tiempo apenas para digerirlo porque (además) no han dejado prácticamente de girar desde entonces, demuestran surfear sobre una ola especialmente rejuvenecedora con un disco que no estaba previsto en su hoja de ruta (lo suyo hubiera sido un parón indefinido, un receso en el camino para la banda cuarentona por antonomasia, necesitada de cierto poso reflexivo ante cada nueva maniobra), pero que su colaboración con el cineasta Mike Mills (no confundir con el bajista de R.E.M.) para el cortometraje del mismo título ha estimulado de forma gozosa.

El resultado es un octavo álbum inusualmente largo, que se prolonga hasta los casi setenta minutos – como en los tiempos en los que los músicos exprimían la duración de los cedés – pero no lo hace por un intento megalómano de marcarse uno de esos grandes discos dobles llamados a pasar a la historia, sino por dar rienda suelta al argumento que esboza el film y la dialéctica que Matt Berninger y su mujer, la escritora Carin Bessner, proyectan a raíz de él desde lo personal a lo universal, desde el relato de su relación de pareja al que cualquiera de nosotros podríamos encarnar. Obviamente, el saldo no sería el mismo sin las colaboraciones vocales de Gail Ann Dorsey, Lisa Hannigan, Sharon Van Etten, Mina Tindle o Kate Stables (This Is the Kit), un elenco de mujeres que añade pinceladas de distintas identidades, contribuyendo a retorcer un poco el discurso de una banda que malea su argumentario sin enajenarlo. Que lo enriquece, vaya.

I Am Easy To Find” tiene el dinamismo justo para no soliviantar a los fans ni tampoco aburrir a los profanos. Sigue siendo un disco de The National por los cuatro costados, pero se nutre de una alteridad que les beneficia. Y de qué forma. Trata de cosquillear al oyente transitando de lo íntimo a lo comunal, del sigilo a esa épica contenida que hace tiempo es marca de la casa (“Roman Holiday”, “Quiet Light”, “Oblivions”, “Light Years”), pero también lo hace buscando la agitación por contagiosas sacudidas rítmicas (las de “Rylan” o “Where Is Her Head”). Vale, puede que esa combinación de registros no sea precisamente novedosa en su caso, pero sí lo es la forma en que menean sus canciones con sarpullidos electrónicos que van más allá de lo epidérmico (“You Had Your Soul With You” o “The Pull of You”) o esas codas finales con las que desdoblan algunas de sus canciones (“Not In Kansas” o “So Far So Fast”) hasta transportarlas a otra dimensión. A los de Ohio les sienta bien enfundarse de vez en cuando los trajes – y los vestidos – de otros.

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