Imploding The Mirage
Discos / The Killers

Imploding The Mirage

6 / 10
Raúl Julián — 21-08-2020
Empresa — Universal Music
Género — Pop

Hace tiempo que The Killers se embarcaron en una cruzada estilística que, a día de hoy, mantienen como principal objetivo. La banda irrumpió en escena con “Hot Fuss” (Island, 04), un disco de querencia new wave, más rockero y con generosa presencia de guitarras, además de contar con pelotazos como “Mr. Brightside” o “Somebody Told Me”. Por su parte, “Sam’s Town” (Island, 06) fue una continuación lógica pero que al mismo tiempo sirvió como transición hacia esas texturas que en el futuro se tornarían imprescindibles. Unas preferencias que la formación de Las Vegas no ha abandonado desde entonces, plasmadas sin tapujos y a conciencia en el controvertido “Day & Age” (Island, 08).

Cabe entender (y asimilar) por tanto que The Killers son, definitivamente, esa banda de aspecto ochentero capaz de apurar los niveles de épica hasta el mismo límite, apostando indiscriminadamente por teclados y sintetizadores para prensar un pop-rock que tiene como objetivo llenar estadios con su aspecto grandilocuente. Desde esas coordenadas consumadas, el cuarteto tiende a hacer equilibrios sobre esa fina línea que puede separar el acierto de la horterada manifiesta. Es así como el grupo ha sido capaz de firmar discos convertidos en intermitentes placeres culpables del tipo de “Wonderful Wonderful” (Island, 17) o el propio “Day & Age” (Island, 08), pero también despropósitos de dimensiones considerables como “Battle Born” (Island, 12) con el que ni sus autores parecen conformes. El sexto álbum de estudio de The Killers no presenta sorpresa alguna con respecto a entregas inmediatamente previas, evitando asumir cualquier tipo de riesgo hasta imponerse como una obra previsible además de totalmente continuista.

De nuevo, el protagonismo principal se reparte entre la interpretación vocal de Brandon Flowers –inmerso de pleno en su papel de cantante mesiánico– y el uso masivo e indiscriminado de sintetizadores. Todo al amparo de (una vez más) una producción excesiva y ostentosa (en esta ocasión a cargo de Shawn Everett y Jonathan Rado de Foxygen) que señala el camino hacia un nuevo éxito consabido y fácil, pero éxito al fin y al cabo. El contenido se distribuye entre piezas logradas ante las que es complicado no claudicar, y otras inocuas cuando no empalagosas, concretadas éstas últimas de “Running Towards A Place”, la facilona “Dying Breed” o “My God”. Entre las destacadas se encuentran la inicial “My Own Soul’s Warning” –quizás la mejor del lote junto con la verticalidad de “Caution”, en la que colabora el mismísimo Lindsey Buckingham de Fleetwood Mac–, el medio tiempo pop “Blowback”, o una “When The Dreams Run Dry” que hubiese sido un vistoso cierre del elepé. Un honor que en la práctica corresponde a la cumplidora “Imploding The Mirage”, deudora del mismísimo Bruce Springsteen y que a su vez da título a la referencia.

“Imploding The Mirage” deja clara por enésima vez la capacidad del combo para alumbrar algunos singles incontestables y, en realidad, no es sino “otro” disco de Flowers y compañía. Ni especialmente bueno, ni especialmente malo; ni tampoco especialmente diferente. The Killers se recrean en su posición acomodada, y aprovechan su tirón para completar la jugada con colaboraciones renombradas como las de K.D. Lang, Weyes Blood, Adam Granduciel (The War On Drugs) o el grupo neoyorquino Lucius. Pero, más allá de aciertos puntuales difícilmente cuestionables, la banda comienza a repetirse peligrosamente. Y, cuidado, porque el hartazgo definitivo podría estar en camino y cada vez más cerca.

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