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Breeders

The Breeders fue la salida que, coincidiendo con el cambio de década, encontró Kim Deal ante el yugo ejercido por Black Francis y tras las tensiones mantenidas entre ambos durante sus años en Pixies. Y lo cierto es que, dado su posterior éxito con referencias tan apreciables como “Pod” (4AD, 90) y sobre todo “Last Splash” (4AD, 93), seguramente también terminó suponiendo una pequeña y satisfactoria venganza personal para la bajista. Justo una década después del aceptable “Mountain Battles” (08, 4AD), la banda regresa con el que es su quinto disco de estudio, presentando la formación clásica –las hermanas Kim y Kelley Deal, Josephine Wiggs y Jim Macpherson– y de nuevo al amparo del mítico sello 4AD.

Un álbum en el que las peculiaridades del grupo siguen latentes, pero convenientemente maduradas casi tres décadas después de su surgimiento original. Así los instrumentos mantienen líneas gruesas de actuación (sobre todo guitarra y bajo) y presencia destacada, mientras que la voz de Deal suena a la vez afilada y misteriosamente embaucadora. Sin embargo, los medios tiempos triunfan en número sobre piezas de descaro evidente, y las propias canciones invitan a una degustación más reflexiva que explícitamente visceral. La rabia y el nervio van ahora por dentro, y se presentan más como remate de las propias canciones que como argumento principal.

La entrega se abre con un tema brillante como “Nervous Mary” que pone en guardia al oyente ante el regreso en cuestión, después de probar las reconocibles cualidades del cuarteto. Tras él llega un corte incontestable y de evidente regusto al movimiento riot girrrl como es “Wait In the Car”, y un claro single concretado en la propia “All Nerve” que da título a la obra. Otras canciones de nivel consiguen mantener vivo el interés hasta el final, caso de “MetaGoth”, “Spacewoman”, la creciente “Dawn: Making An Effort”, “Walking With A Killer” o el cierre que supone “Blues At The Acropolis”. Y es que, en realidad, ninguna de las nuevas composiciones empaña el cómputo global de un elepé más que notable.

El tiempo ha pasado e inevitablemente The Breeders ya no impactan tan frontalmente como antes, pero a cambio controlan muy bien la situación. Es la conclusión que se desprende de un disco que mantiene las virtudes del combo, pero que a la vez resulta tan coherente con el momento actual que ni siquiera roza ese ridículo caricaturesco en el que suelen caer otros grupos al protagonizar este tipo de retornos. Sobre todo porque el último trabajo de las norteamericanas alberga pleno de canciones vigentes dentro de la escena actual (atemporales en realidad) y, además, inquietas y casi siempre trascendentes.

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