Quadra
Discos / Sepultura

Quadra

6 / 10
Ricky Lavado — 26-02-2020
Empresa — Nuclear Blast
Género — Metal

No resulta fácil acercarse a valorar de forma mínimamente objetiva el nuevo disco de una banda a la que la alargada sombra de lo que fue en el pasado le pesa como una losa. Cualquier trabajo de Sepultura sin los hermanos Cavalera sufre necesariamente el agravio comparativo de tener que continuar con la colección de obras magnas que los brasileños entregaron a principios de los noventa. Desde los imprescindibles “Beneath The Remains” (1989), “Arise” (1991) y “Chaos Ad” (1993), hasta la explosión de alcance planetario que supuso “Roots” (1996), la primera mitad de la carrera de Sepultura justifica sobradamente su estatus de leyendas incontestables, y de forma casi inevitable todo lo que los brasileños han hecho desde entonces se ha visto empequeñecido en una pugna comparativa en la que los Sepultura pos-Cavalera siempre tienen las de perder.

“Quadra” no es, ni mucho menos, un mal disco, de hecho seguramente sea de lo mejorcito que Sepultura han hecho desde la incorporación de Derrick Green a las voces en 1997 tras la partida de Max Cavalera. Hay a lo largo del disco suficientes momentos inspirados como para resultar interesante, con un Green entregando un apabullante despliegue de recursos vocales y una producción impecable a manos de Jens Bogren. A pesar de ello, el resultado final dista mucho de ser espectacular o emocionante. Quizás lo mejor de “Quadra” es que, por momentos, los Sepultura de ahora suenan como una buena banda tributo a los Sepultura de antes.

Influenciado por la numerologia, algo llamado la Teoría Quadrivium y estructurado en cuatro grupos de tres canciones, Quadra supone un viaje irregular y por momentos errático en el que la justificación conceptual entorno a la mística que rodea al número cuatro da como resultado un conjunto de canciones que va de más a menos, concentrando los mayores aciertos en el arranque del disco, con la encadenación de “Isolation”, “Means to an end” y “Last Time”, tres pepinazos de trash metal canónico que nos transportan directamente a la época de “Arise”. Velocidad, contundencia y mucha mala hostia. Las percusiones tribales y el groove metal marcan la siguiente triada de canciones, bajando el tempo y profundizando en la pesadez y la complejidad rítmica de las efectivas “Capital Enslavement” y “Raging Void”, y a partir de ahí, todo hace aguas.

Arreglos orquestales histriónicos, pasajes instrumentales que no aportan nada, coros operísticos, sintetizadores, atmósferas acústicas, melodías de regusto comercial, épica trasnochada y heavy metal casi paródico son los elementos que dan forma a una segunda mitad de disco en el que Andreas Kisser y los suyos se pierden poco a poco en una especie de prog metal sinfónico en el que nada funciona y que termina sin pena ni gloria.

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