Recuerdo el breve espacio temporal anterior a la democratización del smartphone. Como consecuencia natural de mi nacimiento el primer año del tercer milenio, pasé la década del 2010 embobado frente a la Nintendo DS Lite, la Wii o la PSP tratando de matar el aburrimiento antes de que musical.ly dejara de ser el apelativo con el que se popularizó la aplicación que dos lustros más tarde se apoderaría de la hegemonía del entretenimiento efímero, ya como Tik Tok. Siendo única y exclusivamente adolescentes despreocupados —y ajenos al término despectivo “generación de cristal”—, en aquella época los Gen Z también empleábamos la mayor parte de nuestro tiempo pegados a las pantallas, esperando impacientes el arribo de la Navidad para rellenar la carta a los reyes con el último videojuego de moda. No sé cómo, pero sin haber digerido lo rápido que pasan los años, hoy soy víctima de la adultez y apenas tengo un hueco para jugar a la consola. Mas, ¿quién me iba a decir que al darle al play a “OOPARTS” de Brunetto, desde el balcón exterior de la García Márquez, reviviría tales memorias? Mentalmente me transportó a las sombrías tardes invernales musicalizadas por la lluvia en justificación del binge playing previo a la reprimenda materna obligándome a poner pausa e ir a cenar. Parece mentira que un formato tan pequeño como el EP sea a la vez tan matón. Por eso siempre tiendo a reivindicar su relevancia en críticas como la presente. A decir verdad, tengo comprobado que a él acuden infinitud de artistas queriendo deshacerse del vértigo que genera el álbum, logrando simultáneamente experimentar sin límites. En este sentido, Brunetto es un ejemplo de ello.
Tras bendecirnos con la friolera de cinco álbumes su apuesta por el corta duración es un acierto en mayúsculas. Me aventuro a decir que “OOPARTS” se resume en dos vocablos: barroco compacto. A propósito, y recuperando mi nostálgica introducción, confieso asociarlo a la identidad musical de interactivos como “Code Lyoko” (DC Studios, 07), donde la banda sonora tenía un papel clave a la hora de definir el tono o carácter de cada espacio y personaje. Siento que, igual que un diseñador de videojuegos, Brunetto dota el proyecto con la misma capacidad narrativa; a pesar de la ausencia lírica nos guía a través de seis pistas heterogéneas a las que gusto referirme como seis niveles individuales. Además del símil con la dinámica de la consola, consigue una amplia diversidad en términos de texturas que se ve reforzada gracias a las influencias —italianas, senegalesas, jamaicanas, latinas— intrínsecas en el EP, probando el hecho que evidencia que la música contemporánea dejó de ser etiquetable hace rato. Pensando ahora en la idea del ooparts como concepto que define “un artefacto fuera de lugar” (out of place artifact, en inglés), no imagino mejor título para un trabajo capaz de abstraer al oyente de la realidad. Considerándolo bien, esta afirmación cobra aún más sentido si se entiende por realidad una industria que saca singles al mercado como patatas fritas de la air fryer. En definitiva, “OOPARTS” es un paseo de veintitrés minutos por una dimensión alternativa que demanda compromiso en la escucha para percibir con claridad los detalles que en él se esconden. Los cuales, precisamente, no son pocos.

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