El Niño Bola
DiscosMori

El Niño Bola

7 / 10
Eva Sebastián — 11-03-2026
Género — Pop

En una escalada meteórica, Rusia‑idk ha reimaginado el pop a la medida de la híper estimulación del infinito scroll. Protagonistas como Rusowsky o Ralphie Choo han acelerado los engranajes de nuestra música y nos han trasladado directamente a otro futuro posible. Pero, en un gesto de resistencia ante el incesante ritmo actual, su compañero Mori ha decidido marcar su propio tempo.

Después de más de siete años lanzando música Martín Moreno Rivera ha presentado, sin demasiado bombo y platillo, su álbum debut. “El Niño Bola” es un disco que no busca grandes estadios, ni momentos de culminación gloriosa, sino refugiarse en lo íntimo, sincero y en aquello que nos hace creer que aún quedan resquicios de humanidad en este mundo híper digitalizado.

En sus dieciséis cortes, y de la mano de la producción de Roy Borland, que consigue fundir todas las emociones en una aparente intimidad lo‑fi, de esa que parece hecha con artefactos que alguien olvidó hace tiempo en un desván, construyen una pequeña oda al amor en todas sus declinaciones. Ya sea romántico, propio o fraternal. En este trabajo hacia lo orgánico, el error es la gran virtud. Siguiendo la línea sonora de artistas como Dean Blunt, o las imperfecciones nostálgicas de Little Joy, no hay grandes historias, hazañas o rupturas, sino que se centra en inmortalizar la dulzura del gesto. Esos detalles, imperceptibles a ojos ajenos, hacen que el sentimiento sea imborrable. Rendirse, entregarse e incluso renunciar a uno mismo en el propio júbilo del momento.

El disco se vale de la ternura y de la voz de mori convertida en una textura entre mumble y desdibujada en una retransmisión desde un tiempo pasado. Un equilibrio entre lo crudo, lo vulnerable y lo pasteloso. Transita por el pop lento, propio de los cincuenta con sus cadencias doo wop románticas en temas como “Ready For Life”, que evocan canciones como “To The Aisle” de The Five Satins; hasta el post‑punk luminoso de “Is It Forever”. Pero sus guitarras también se mueven hacia la psicodelia o el funk, que crece en contraposición al carácter hip‑hop de “Lifestyle Clue”. Un tema que, sin duda, podría llevar la etiqueta #swag. Sin olvidar los distintos pianos, que evidencian pequeños errores de ejecución, y aparecen como pequeñas figuras de cristal moldeadas a mano en temas como “Tenderly, A Reassuring”.

Destaca en el disco su canción más comercial, “I Feel Good”, junto a su pareja Amore, un corte que brilla por su esperanzador pop y su capacidad de transmitir alegría sin artificio; o la nana “Only Natural”, que hace de los silencios parte de la instrumentación. Sin olvidar la colaboración con Rusowsky, que cuenta además con la producción de Ralphie Choo, exalta esa amistad sincera y pura, ese deseo de ver al otro brillar desde el afecto más auténtico.

A lo largo del álbum se repite como un mantra “You can’t always get what you want”. Pero lejos de ser una condena determinista resulta liberador. No siempre se puede conseguir lo que uno quiere, y cuando lo aceptas, vives más tranquilo, con una plenitud mayor de las pequeñas virtudes. “El Niño Bola” quizás no invente nada nuevo, pero nos ayuda a recordar que aún podemos existir en las grietas del error donde se encuentra una verdad más tierna, más humana, y más más cálida más allá del presente algorítmico que siempre querrá ser más rápido, más eficaz, más perfectamente estéril.

 

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