La raptora
Discos / Fee Reega

La raptora

7 / 10
Luis J. Menéndez — hace 6 años
Empresa — Truco Espárrago/Pauken Grabaciones
Género — Folk

A pesar de su juventud la berlinesa Fee Reega acumula ya una importante colección de discos en los que se maneja con soltura en su alemán materno, en inglés y castellano, idioma de adopción desde que se instalara en nuestro país hace cosa de un lustro. “La raptora” es de alguna forma su segundo disco puramente “español” y el que continúa aquella primera aproximación a nuestra lengua y cultura que fue “Te he amado en un hotel en la calle del Divino Pastor”. Tamizado en esta ocasión, eso sí, por el influjo de Rusia y los satélites de antigua URSS: el álbum está dedicado a “mi marido, Asturias y la lengua rusa”; “Wenedikt Erofeev, el gran bebedor” se inspira en un clásico de la literatura soviet; “Kamchatka, isla de volcanes” es un cover de la banda de Leningrado Kino; y en “Varsovia, la gran ciudad” rememora su experiencia vital en la capital polaca a partir de un relato de violencia, nocturnidad y alevosía. Por su parte un bar ovetense de los de toda la vida, Corner’s, inspira la canción de cierre y la plana mayor del underground asturiano (su pareja Pablo Und Destruktion, el Jr. Rafael Martínez del Pozo, Luis Rodríguez de León Benavente o la colaboradora de Manta Ray y Mus Sara Muñiz) está presente en un álbum tocado por una melancolía inevitablemente cantábrica.


“La raptora”
es también la sublimación del peculiar universo lírico de Fee, además del álbum más redondo y accesible de cuantos ha firmado hasta la fecha. El esqueleto de las canciones, esa suerte de lied levantado a partir de las herramientas de una folk-singer, ha sido arropado con exquisitos arreglos de cuerda y vientos que los enriquecen sin atacar su esencia. Por supuesto permanece la morbosa extrañeza que siempre hemos asociado a esta suerte de Josephine Foster germana en sus operísticos giros vocales -aunque Fee parece más contenida, más al servicio de sus canciones que nunca- y en la apuesta por versos chocantes encajados en una concepción de la métrica muy libre. Cuanto más evidentes más discutibles (“La sangre, cachorro”, “Los tres amigos”), palideciendo ante el resplandor melódico de “Corner’s el bar”, “Kamchatka, isla de volcanes” o “Wenedikt Erofeev, el gran bebedor” y la elegante solemnidad de la canción que da título al disco. Un disco que es otra pieza más con la que completar el mapa de esa agropsicodelia astur que con diferentes matices lleva gestándose varias décadas -Jr., Lucas 15, Mus, Materia Gris, Pablo Und Destruktion, Vegas,…-. Porque Fee va camino de convertirse para aquella escena musical en lo que Enzo Ferrero significó para el Sporting: el forastero destinado a convertirse en mito a orillas del Cantábrico.

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