Crítica de 'I Used to Go to This Bar', lo nuevo de Joyce Manor
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Crítica de 'I Used to Go to This Bar', lo nuevo de Joyce Manor

8 / 10
Luis Benavides — 30-01-2026
Empresa — Epitaph / Pias
Género — punk pop

El nombre de Joyce Manor aparece en el cartel del próximo Coachella, el epítome de los macrofestivales brilli-brilli, pero la banda no olvida sus raíces ni de dónde viene. Ahí está el título de su nuevo trabajo, “I Used to Go to This Bar”, un guiño al Fern’s de Long Beach, un garito con solera punk que bajó la persiana después de la pandemia. En ese bar tomaron sus primeras cervezas, descubrieron música inspiradora y seguro que se enamoraron. Hay mucha nostalgia de la buena en este séptimo trabajo de estudio. Quizá porque los cuarenta están más cerca que los treinta para estos tres amigos de Torrance.

Barry Johnson, Chase Knobbe y Matt Ebert ya no son esos imberbes que empezaron a rascar sus guitarras en 2008 y convertir sus aventuras y desventuras adolescentes en canciones ultrapegadizas. Los primeros tatuajes (“Heart Tattoo”), esas noches de karaoke con final inesperado (“Last You Heard of Me”), declaraciones de amor con muchas dudas (“Think I’m Still I Love You”) y recuerdos amargos en los asientos traseros del coche (“Don’t Try”). Ahora suman a su repertorio otra tanda de canciones certeras e ingeniosas, dulces y divertidas, todas ellas inspiradas en sus vidas corrientes.

“I Used to Go to This Bar” cuenta con la producción musical de su amigo Brett Gurewitz, también máximo responsable del sello que ha publicado sus últimos trabajos. Con el guitarra y cofundador de Bad Religion salieron de su zona de máximo confort, el de las guitarras distorsionadas y los ritmos alborotados, para hilar mucho más fino y trascender el punk pop. En la confesional “All My Friends Are So Depressed”, por ejemplo, se arriman como nunca a The Smiths, con unas guitarras limpias y, sobre todo, unos arreglos preciosistas. De ahí también que hayan contado para la grabación de este ambicioso disco con músicos invitados de la talla del percusionista Lenny Castro, el teclista Roger Manning y tres baterías de nivel como Joey Waronker (R.EM., Oasis), David Hidalgo Jr (Social Distortion) y Jared Shavelson (Ways Away).

Joyce Manor nunca han tenido un ‘hit’ estratosférico de esos que venden millones de discos, pero tienen algo mejor: una discografía sólida y credibilidad. A principios de los dosmiles, por ejemplo, habrían funcionado de maravilla el rollo new wave de “Falling Into It” y, sobre todo, el estribillo de “Well, Whatever it was”, una canción para todos los públicos alegre y positiva (“no importa lo lejos / te encontraré”) con un gran estribillo y unas armonías vocales deliciosas.

Los nuevos reyes del punk pop más emotivo son conocidos por su llamativa capacidad de concisión, capaces de explicarte una buena historia en el tiempo que tardas en liarte un cigarrillo. De eso va precisamente otro de los temas incluidos en este disco, “I Know Where Mark Chen Lives”, escogido tercer adelanto. Y es que Barry y compañía ya han explicado que se remontaron a los primeros días de los clubes cannábicos en California (“Hey, give me all the money babe and no one gets shot!”). El Mark Chen del título, por cierto, sirve para reivindicar un músico de la escena DIY californiana, el cantante y guitarra de Summer Vacation y Winter Break. Con los primeros, como bien saben sus fans más acérrimos, Joyce Manor tienen un compartido publicado en 2010.

Lo peor que puedo decir de este disco es que solo tiene nueve canciones, ocho si tenemos en cuenta que “Well, Don’t It Seem Like You’ve Been Here Before?” es una versión bien grabada de la pretérita “Fuck Koalacaust” (incluida en el recopilatorio “Songs From Northern Torrance” de 2020) a la que han añadido una armónica weezeresca. Esa brevedad, en realidad, juega a su favor porque este disco, como mis favoritos “Never Hungover Again” (14) y “Cody” (16), se pueden escuchar del tirón una y otra vez. Puede que ahora los veamos subidos en grandes escenarios, y cada vez más, pero su corazón sigue en la barra de ese bar punk.

 

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