Father Of All Motherfuckers
Discos / Green Day

Father Of All Motherfuckers

7 / 10
Sofía Cuevas González — hace 2 semanas
Empresa — Warner Music Spain
Género — Punk Rock

La versión de principios de siglo de Green Day habría tenido en los tiempos que vivimos material de sobra para marcarse una ópera rock como “American Idiot” (2004). Su primer disco profundamente reivindicativo y politizado marcaba un antes y un después a todo el material que había precedido a su carrera, y también con el que estaba por llegar a continuación, devolviendo a la banda a la primera línea de las bandas de rock para masas de nuestra época. Sin embargo, y a pesar de haberse posicionado en no pocas ocasiones en contra de los derroteros de la situación política que vive su país, Donald Trump no ha corrido la misma suerte que George W. Bush y en “Father of All Motherfuckers”. Green Day han renunciado a recuperar el discurso protesta con el que hace ya quince años consiguieron abarrotar Milton Keynes después de unos años más alejados del primer plano en el que les había colocado el pelotazo de “Dookie”. Seguramente, a estas alturas, nadie esperaba esa vuelta de los de Oakland al discurso reivindicativo, tras una trilogía (Uno”, “Dos”, “Tré”) en la que volvían a las composiciones sencillas y efectivas, aunque pocos temas eran realmente salvables, y una última referencia, “Revolution Radio”, que tampoco supuso un hito demasiado relevante en su discografía. De esta forma, si nos acercamos a “Father Of All Motherfuckers” con prejuicios y, sobre todo, echando la vista atrás y pensando que cualquier época pasada fue mejor, nos estaremos perdiendo un buen álbum, el más corto de su carrera, en el que el trío se ha centrado en despachar una buena colección de canciones frescas y disfrutables.

Haciendo un repaso de sus apenas veintiséis minutos de duración por diferentes corrientes musicales (en el disco hay ecos Motown, sixties, rock’n’roll, glam, garage o indie rock) y producido por Butch Walker (Taylor Swift, Weezer), el comienzo del álbum con Billie Joe Armstrong cantando en falsete en “Father Of All…” no es más que una declaración de intenciones sobre lo que viene después: una banda que, tras más de dos décadas largas de carrera, quiere centrar sus esfuerzos en componer canciones sin pretensiones y, como ellos mismos dicen, “not giving a fuck”. Seguramente no sea casualidad que este corte haya sido escogido como primer single del álbum, ni tampoco que el arte del disco refleje una versión garabateada de su icónica mano sosteniendo una granada, en esta ocasión con un unicornio superpuesto sobre el título del álbum y vomitando un arco iris. Al menos no podremos quejarnos de no estar avisados de sus intenciones o de que la banda nos haya vendido una moto con el primer adelanto…

Las temáticas cotidianas son reflejadas en canciones como la pop-punkera “Sugar Youth” la rock’n’rollera “Stab You In The Heart” o la vitalista “Meet Me On The Roof”. “Oh Yeah” cuenta con un estribillo que supondrá un caramelo para corear en estadios de todo el mundo en su inminente gira Hella Mega Tour junto a Panic! At The Disco y Weezer y “Fire, Ready, Aim” sigue en la misma línea (no en vano la banda ha conseguido un acuerdo para que el tema sea la canción principal de la NHL –National Hockey League– esta temporada). Por su parte, “I Was A Teenage Teenager” se alza como una de las mejores composiciones de la banda de los últimos tiempos, volviendo a su época adolescente y contando Billie Joe la forma en la que la pubertad siendo unos weirdo ha afectado a su desarrollo personal. “Take The Money And Crawl” recupera su actitud noventera de vivir el momento pasando de todo y solo en “Graffitia”, el último corte, tiene cabida la temática social al reflejar la situación de las fábricas cerradas en el cinturón industrial de Estados Unidos y los adolescentes negros que fueron asesinados por agentes de policía en Chicago.

Como nota negativa, esta apertura a diferentes registros y sonidos ha disipado parte de su característico sello como banda, siendo en no pocas ocasiones difícil reconocer que se tarta de un tema de los californianos y sonando como lo harían The Black Keys, Queens Of The Stone Age, The Hives o Jack White, en detrimento de su estilo personal. Llegados a este punto, para los nostálgicos solo existe una solución: aceptar esta nueva etapa de la banda y disfrutar de sus nuevas facetas o, por el contrario, perderse unas canciones en las que el trío ha demostrado que conserva su inquietud creativa. Y si este argumento sigue sin resultar convincente, tampoco se va a acabar el mundo… “Nimrod” o “Insomniac” estarán esperando en la estantería deseosos de recuperar su protagonismo.

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