Hasta mañanita si Dios quiere
DiscosFaenna

Hasta mañanita si Dios quiere

8 / 10
Daniel Caballero — 13-02-2026
Empresa — Autoeditado
Género — Rap

Hace algo más de 3 años con la publicación del oneshot “Papeles y Mechero” Julia González entró como cuchillo en mantequilla en el género con un estilo lleno de nervio, confrontativo y visceral. “Contando los días como un prisionero”, fue el primer rapeo que salía de la boca de la malagueña en aquella canción que ya daba pistas de esa nube temática negra y malditista de dramas cotidianos, de callejones vitales sin salida, de precariedad y de la visualización desesperanzada de un futuro amputado que lo único que promete es incertidumbre y falta de certezas al cuadrado, sobre todo, en la población más joven. En 2023 reunió cinco temas bajo la producción de Trozos de Groove publicando el EP “Espabilá” -que recogía la herencia visual y gráfica de la portada de “La Espabilá” de la cantante de flamenco murciana Antoñita Peñuela- y que incluía uno de sus puntos de ascenso como lo fue la eléctrica “Soniquete”.

Tras varios singles, algunos más sonados como “The Same Shit” o “Grindando los problemas” pasando por la intervención en la 13º edición de las sesiones colaborativas de sus paisanos Los Niños del Afromarket junto a Hide Tyson, Sokez o Delaossa, vio la luz “Julia y Manuel” (Ruanda Records, 24), el álbum colaborativo junto al productor Manu Beats que fusiona flamenco, jazz y hip-hop, cimentándose estética, espiritual y musicalmente en aquel folclore renovado de tradición y modernismo inspirado por aquella revolución sonoramente colorista del laureado dúo Lole y Manuel. Antes de llegar a este su primer larga duración publicó el EP onirista “Dreamless” (Autoeditado, 25), y además mostró más músculo lírico y de hermandad a lo largo de los meses lanzando varios Cyphers en los que se aliaba con raperas de diferentes de ciudades como Jime, Metrika, La Reina Mora, Las Ninyas del Corro, Huda, Molly o Tana Heredia.

“Hasta mañanita si Dios Quiere” (Autoeditado, 26) supone el alumbramiento formal y definitivo como solista de Faenna con un obús de rap expresivo, filoso y multitextura donde asienta su pulso creativo, a caballo entre el diario y el testamento que galopa entre conflictos internos, orgullo, ansiedad y la asunción del implacable paso del tiempo de una artista vitalista que, sobre todo, aporta espíritu al género y afirma su compromiso sobre quién quiere ser.

El disco da el pistoletazo de salida con “Pa mí se queda”, un triunfal inicio de trompetas producido por HipHorns y Sceno, donde la malagueña tira hacia el final de spoken word para tejer el hilo conceptual del trabajo: “Pa mí se queda aquel momento en el que, por un instante dejamos de intentar controlar el futuro / nos conformamos con todo eso que sí podíamos tocar con las manos y parecíamos eternos”. Si el futuro está suspendido solo queda tocar el presente. La producción en este disco es uno de sus puntos más fuertes, un elevador con diferentes tejidos que aglutina a nombres cuyas huellas de influencia en el rap nacional seguirán frescas y rastreables durante bastante tiempo. A destacar la producción industrial metal-rap de “Estoy hablando sola?” por Hoss&Swet 1987, dando lugar a una interesante atmósfera opresiva que encaja como anillo en dedo a sus rapeos. La aportación de Lost Twin en “Morí con mi propio veneno” es otro intrincado ejercicio absorbente de abstracción, distorsiones y cajas mecanizadas donde reverbera una Faenna ambiciosa y amenazante: “Dios me eligió para hacer esta mierda / llevo años en esto / puedes preguntarle a mis perras”. En “Tengo que hacer algo” Skyhook juega con las lindezas melódicas minimalistas del soft-trap mientras la rapera hace un guiño maldito (“me hicieron la cobra cuando fui a besar el santo”) y reflexiona sobre el equilibrio entre la responsabilidad, la planificación y la necesidad de acumular vida para contarla: “Tengo que hacer las tareas limpiar, fregar, tender, hacer la compra / tengo que leer mensajes, planear, contestar, sacar los pros y los contras / Tengo que ser creativa, ir al estudio, escribir y acabar la obra pero tengo que salir a la calle a reunir experiencia pa’ poder contar historias”.

Tensei One es otro que aquí se ha lucido produciendo casi un tercio del disco con “No toques mi alma con las manos sucias”, “Malas puñalás les den”, “Cuando no sepas qué decir di la verdad”, “Ni por todo el dinero del mundo” y “Me arrepiento de los errores que no cometí”. La vivacidad orgullosa de la primera, que referencia hacia el final el “Sweet Dreams” de Eurythmics, contrasta con la fricción sombría e intimidante de la segunda donde Faenna y su corillo sacan las uñas contra la impertinencia y los excesos de los hombres frente a las mujeres, “pa chula yo / tú solo eres un pamplina / lila / con el humor de ‘La que se avecina’”. La tercera es, con total seguridad, la llave que abre el cerrojazo más emocional de Faenna: un piano gélido y errante heredero del boom-bap de la Costa Este donde la malagueña se vacía sobre los intereses, los conflictos del mundo, la hipocresía activista de las redes y sobre su propia persona: “No hables muy alto que esto está lleno de topos / me dicen desconfiá / no sé si es crítica o piropo / Yo no madrugo pa’ que Dios ayude a otros”

Las texturas transoceánicas surgen en “Nadie reza por nosotros”, choque de manos con el aclamado argentino Cerounno en una instrumental semi-drumless construida por Manu Beats con bombos extremadamente sutiles, casi enterrados. “Y si no lo sabían, ya lo saben” -producido por un Edac Selectah inspiradisimo- es una raperada monumental, una de las canciones nucleares del disco, N-Wise Allah tira por la vertiente eléctrica y multisilábica del chopper rap destilando una técnica notable y demostrando que el cruce de generaciones puede seguir conduciendo a estampas tan potentes como esta. Digna la colaboración con su paisano Delaossa en “No canto por cantar”. Más música negra, el R&B aparece en colaboración con la prodigiosa voz y las buenas armonías de la canaria Alberdi en “Prefiero no ponerle nombre a esto”, a la vez que Faenna amplía el radio de registros rapeando menos arriba y más abajo como en la melosa “Ni por todo el dinero del mundo” o en la fusión flamenca de “Si yo cambio todo cambia” acompañada por la guitarra de José del Tomate, pasando por “Solo borracha te digo que te quiero” junto a la cantaora Lela Soto, una de las canciones más cautivadoras del álbum.

Todo esto rompe el corsé estilístico del boom-bap tradicional con el que Faenna se dio a conocer pero lo hace en su justa medida: siempre está el peligro de que quien mucho abarca poco aprieta, de tocar muchos géneros para tener más probabilidades de que suene la campana del éxito, pero aquí no toca géneros por tocar, le deja el protagonismo al colaborador y lo hace con un mínimo sentido, cohesión y raigambre, aunque se note alguna costura, aprieta lo que abarca. El disco echa el telón con la existencialista canción homónima producida por Milenari, embebida de autotune y modulaciones vocales que culmina además de con unos hermosos violines, con la frase pronunciada por su abuela que inspiró el título y alma del disco.

En la voz de Faenna hay crítica al sistema y sinceridad cristalina, su nervio se contagia y los rapeos huyen de la planitud, sobre todo, por ese deje expresivo tan característico de Andalucía que le aporta hondura y dinamismo. “Hasta mañanita si Dios quiere” no es el típico álbum debut donde el/la artista sitúa el mensaje en segundo plano para hacer un ejercicio de estilo mostrando qué es capaz de hacer, como si estuviera en La Voz o Got Talent, es una urgencia expresiva en sí misma. Y a pesar del riesgo de contar con 19 canciones, no se siente deslavazado siendo una mera colección de canciones al uso, y actúa como la notable puesta de largo de una artista con margen de crecimiento, que sabe de quién rodearse y consciente de que este era el momento de coger el toro por los cuernos. Faenna clava la bandera. Identidad en tiempos de clones artísticos, el rap lo celebra.

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