Kamikaze
Discos / Eminem

Kamikaze

5 / 10
Marcos Molinero — hace 1 año
Empresa — Interscope / Universal
Género — Rap

La venganza dicen que es un plato que se sirve frío, pero también que la venganza es inútil pues es algo interminable. Y en esas está Eminem, pasando factura a periodistas, medios y bloggers que criticaron su anterior disco. Utilizar la mayor parte del minutaje para vengarse de los que pensábamos que “Revival” era un ladrillo infumable es un mal punto de partida. Si a eso sumamos que también se dedica a lanzar dardos contra la gran mayoría de los jóvenes valores del rap (con o sin razón) tenemos un disco que letrísticamente parte desde la parte más oscura del alma de Eminem. Acertado en el título, el de Detroit se lanza a la yugular y abre una guerra que no le va a hacer ningún bien. Musicalmente vuelve a sus inicios con una producción menos recargada y artificiosa (gracias a Mike WiLL, Made-It, Tay Keith y Ronny J) y también opta por cambiar el esquema compositivo que tanto éxito le dio el siglo pasado. Otro de los puntos positivos es la ausencia de colaboraciones mainstream que más que lustro daban grima. Esta vez son pocas, pero acertadas: Bon Iver (aunque Justin Vernon reniega de ella, la cosa funciona) y Joyner Lucas, que aparece en “Lucky You”, de lejos lo mejor de “Kamikaze”. Y tampoco están mal los skits con su manager (una autocrítica sincera, pero estéril). Ahora pasemos al otro lado de la balanza. Podemos empezar por la polémica con Tyler The Creator (sabíamos que Eminem es puto american white trash, pero meterse en un charco innecesario con el dichoso verso sobre la sexualidad de Tyler The Creator es todo un patinazo). El humor de Eminem ya no encaja con lo que la sociedad yankee vive actualmente. Los ataques algo infantiloides a Die Antwoord, Drake o Lil Pump, Lil Tan o Lil Yatchy tampoco ayudan. Eso sí, se rinde a la evidencia y rinde pleitesía a Kendrick y se deshace en elogios ante Big Sean y Joe Cole.

Es cierto que el disco empieza con fuerza y mejores bríos que “Revival”, pero poco a poco va perdiendo fuelle y lo que parecía aire fresco acaba volviéndose espeso. Y mientras nos vacila con los veinte millones de copias vendidas de su disco más celebrado y le saca brillo a su Óscar, su peso en la escena rap actual es la de un artista dolido por el paso del tiempo y dolido con los jóvenes que le han superado.

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