Hay artistas que parecen vivir toda su carrera atados a algo. Un estilo, un género, un disco, algo que los defina. Hacen malabares con la presión de mantenerse reconocibles mientras buscan la forma de superarse a sí mismos. “Qué buen álbum, pero complicado que el siguiente sea mejor. Ha puesto el listón demasiado alto”. Yo mismo he pensado eso muchas veces. Por suerte, no creo que este sea el caso de Dillom. Ni que vaya a serlo nunca,
Y es que el “súper rapero nacional” lleva tiempo demostrando que el sobrenombre se le ha quedado muy corto. “Post Mortem” (21) y “Por Cesárea” (24) ya nos dieron muestras de ello. Y “La Nueva Violencia” viene a constatar lo que es ya evidente: Dylan vive en una constante evolución musical. A ratos puede sonar a Gorillaz, pero también a Babasónicos, a Ramones, a Viagra Boys…
El argentino entiende su música como un espacio de libertad total. Y este disco explora con soltura los límites entre el dance punk, el pop rock, la new wave o la electrónica –por citar algunos estilos– y para ello se deja acompañar por artistas de la talla de St, Vincent, Sebastian Murphy (Viagra Boys), Dickhead Mehrtens (Amyl And The Sniffers), Miranda!, Juana Aguirre y un coro integrado por Juana Rozas, Babeblade y Terra. El resultado es un disco que, por momentos, te hacen pensar en que sería lo que Damon Albarn quiso hacer con los Blur de los noventa.
“La Nueva Violencia” es un proyecto complejo que se construye sobre la idea de ser una suerte de caricatura de la industria musical. Detrás del humor y la irreverencia, sin embargo, también se exploran diferentes tipos de violencia. El horror, la muerte, el sexo y la fantasía sirven de puntos de partida para explorar las consecuencias de la violencia social y política, pero también la violencia psicológica, corporal, sexual y simbólica.
Desde un primer momento, el disco juega con tus expectativas. “La Nueva Violencia”, el tema homónimo del proyecto, arranca con un sonido punk que recuerda a “Rojo Profundo” para después dar paso a “Vedette”, un tema pegadizo e hipnótico que no deja indiferente a nadie. Después, “Papá Se Volvió Loco” vuelve a romper con lo establecido. Y así podría seguir con todo el disco, no sin antes hacer mención especial a “Souvenir” y “Maniquí”, que ya se han ganado hueco en mi corazón.
Esta riqueza que representa lo más positivo del álbum, deja a la vista también una de sus mayores imperfecciones: el apartado vocal. Ciertos estilos exigen a Dillom un rango de actuación más amplio del que suele operar. En este sentido, da la sensación de que esa voz suya, tan única y distintiva, se convierte en un arma de doble filo incapaz de ponerse a la altura, algo que le pasa factura en algunos momentos.
A lo largo de sus temas, “La Nueva Violencia” se despliega como un viaje frenético, sobre capas de ruido, sintetizadores, bajos robustos y guitarras que van y vienen entre géneros, encontrando descanso en pequeños lapsos de vulnerabilidad. Con este nuevo trabajo, Dillom certifica que su esencia nunca ha estado en el sonido, sino en el mensaje. En saber que se puede hacer comentario social sin dejar de lado lo divertido. En demostrar que, a veces, la mejor respuesta ante una realidad absurda es, simplemente, ser más absurdo aún.
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