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Como un padre que no sabe si alegrarse o no por el rumbo tomado por sus insanos retoños. Así me he sentido viendo crecer a una de las bandas que más han podido atraparme durante los últimos años. Que conste que al calificarlos de insanos los pongo en lo más alto de mi escala sociocultural, al mismo nivel que catequistas en tierra extraña o que activistas del antifascismo. Así está la cosa, y así se lo voy a contar. Si no respirasen algo de demencia cada uno de los temas que engordan su segundo largo, no me sentiría como lo hago escuchándolo.
Como un padre que no sabe si alegrarse o no por el rumbo tomado por sus insanos retoños. Así me he sentido viendo crecer a una de las bandas que más han podido atraparme durante los últimos años. Que conste que al calificarlos de insanos los pongo en lo más alto de mi escala sociocultural, al mismo nivel que catequistas en tierra extraña o que activistas del antifascismo. Así está la cosa, y así se lo voy a contar. Si no respirasen algo de demencia cada uno de los temas que engordan su segundo largo, no me sentiría como lo hago escuchándolo. Y no me puedo sentir mejor, cosa que puede llegar a ser preocupante, ya que no sé si me gusta su discurso porque soy un degenerado, lleno de lascivia, ganas de perder la cabeza bailando, y pleno de rabia antisistema. Si es así, estupendo; el fin de semana está cerca. No he escuchado mejor versión de Pixies que aquel “Vamos” incluido en el primer y homónimo trabajo de los pamplonicas, y en este nuevo disco nos encontramos otra vez cara a cara con las enseñanzas del Black más inspirado. “Edad legal”, “El regreso del evangelista” o “La perra del hortelano” con ese comienzo: “Hey!!! Chiquitita” an pruebas irrefutables de que son los más aventajados de la clase. “Lucas 44-48” se pasea con la cabeza bien alta entre Delorean, The Faint o You Say Party! We Say Die! “Pacífico” llama a las puertas de una Velvet Underground incuestionable e imperecedera, y “Sintetizadores sobre motos y guitarras” o “Floto” suenan a El Columpio más que ninguna otra cosa, a ese Columpio machacón en bajos y baterías, al Columpio que esperaba desde que me hice con su Ep “¡Ahah!” (Astro, 04). Consíganlo también, escuchen “¡Ahah!” y siéntanse igual de sucios y felices que un servidor.

MÁS SOBRE EL COLUMPIO ASESINO
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