TRES
DiscosCalequi & Las Panteras

TRES

7 / 10
Víctor Terrazas — 15-03-2026
Empresa — El Tragaluz
Género — World Music / Mestizaje

Hay discos que amplían un sonido y otros que amplían una estructura. “TRES” de Calequi y Las Panteras consigue ambas cosas. Por un lado, expande los registros y tonalidades de su anterior trabajo, “Mezcla Rica” (23); por otro, consolida a Lauri y Luisa en el plano compositivo, pasando del acompañamiento a Javier Calequi a la primera línea creativa. Un disco que nace desde una horizontalidad que ya se percibía en directo y que aquí se filtra en la propia forma del álbum, dando lugar no solo a su mejor trabajo hasta la fecha, sino también al más representativo de lo que hoy en día  es la banda.

Esa lógica se percibe desde “SOY PANTERA”, el tema que abre el disco y que funciona como carta de presentación tanto letrística como musical: un viaje entre África y América que recupera esa idea de tránsito constante que ya sobrevolaba su anterior álbum. Si algo define “TRES” es su capacidad de retroalimentarse mientras cambia de piel. Un disco que, cuando parece asentarse, vuelve a desplazarte.

“De vida, baile y resaca” muestra bien esa fluidez. Empieza en un terreno cercano al indie electrónico y, de pronto, se abre al merengue con una sección de metales grabada junto a músicos del entorno de Juan Luis Guerra. Algo parecido ocurre en “Analog-Digital”. Arranca en una atmósfera de pop urbano algo más oscura hasta que aparece la voz de Rocío Márquez, primero como una interferencia de radio lejana y luego empujando el tema hacia el flamenco. Después vuelve a su punto de partida, se corta con ráfagas de funk tropical y termina con un sample de un viejo programa argentino de los setenta. Cada detalle suma, pero en ningún caso resulta barroco.

En el extremo más íntimo del álbum, “La herida que prefiero” introduce un bolero lo-fi. “Dulce Picante”, junto a El David Aguilar, también bebe de la tradición latinoamericana, aunque su pulso recuerda por momentos a la sensibilidad de Ed Maverick. El cierre, “No sé cómo llegamos a esto”, baja por momentos las revoluciones con una melodía que recuerda a la melancolía luminosa de Sen Senra, antes de volver a levantar el ritmo bailable tropical en su tramo final. También hay guiños gallegos: la presencia fantasma y funk de Xoel López en “Duele lo que no se nombra” y el merengue urbano junto a Ortiga refuerzan la fiesta colaborativa que atraviesa todo el disco. Un álbum que crece con cada escucha, que se mueve y nos hace mover con él.

 

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