Once años han pasado desde la última entrega del trío Alabama Shakes que ahora mismo forman Brittany Howard, Heath Fogg y Zac Cockrell. Y la verdad es que retoman lo suyo donde lo dejaron, pero con la conciencia del tiempo transcurrido. "I Must Be Dreaming" (2026) subraya lo reconocible sin dejar por ello de acentuar su madurez. Todo suena más sereno, macerado por la experiencia y cierto cribado de sapiencia y madurez. La producción es impoluta, a cargo de Shawn Everett, un señor que cuenta con seis premios Grammy (por sus trabajos para los propios Alabama Shakes, The War on Drugs o Kacey Musgraves) y el rango de colores y texturas que aborda la formación de Athens (la de Alabama, no la de Georgia) es suficientemente diverso como para que estos 48 minutos cundan sin aburrir. Todo suena clásico. O vintage. O con aspiración de clásico inmediato sin dejar de sonar medianamente contemporáneo, que viene a ser un poco lo mismo. Sin escapar de un cierto formulismo, que tampoco es grave.
No faltan baladas canónicas, prendadas de espiritualidad soul: “Garden”, “Time” o “Easy”. Tampoco acercamientos a una psicodelia leve (a ratos me recuerdan a los mejores Grizzly Bear), como “Tea Time”, “Friends” o “Tied To You”, las tres dotadas de cierto halo ensoñador. Ni siquiera algún medio tiempo con lectura sociopolítica, como esa “I Feel Hope Coming” (con ese gran falsete a lo Curtis Mayfield) que resalta la necesidad de combinar cierta paz interior con la armonía para con un mundo con el que cada vez es más complicado conciliarse.
La calentura más característicamente soul rock la ponen puntualmente “Another Life” y “American Dream” (fabulosa), recordándonos – como hacen los últimos Afghan Whigs – que a veces aminorar el tempo y rebajar el volumen de las guitarras no equivale a mermar en intensidad.
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