Diego Izquierdo (1995) lleva más de un lustro abriéndose camino de manera silenciosa pero firme en la escen del rap estatal desde que explotara con su álbum debut de 2020, “Blow Up”, hasta este su cuarto trabajo, “Príncipe”, pasando por los proyectos de “Madrid V” (22) y “Black Ops” (24). Originario de la Sierra de Madrid, su estilo recoge ese influjo gris plomizo del rap de la capital, ansioso, fuertemente vivencial y autobiográfico, sin filtros amables ni concesiones comerciales. De la escuela de Hijos Bastardos y Natos y Waor, el rap de Al Safir destila una bravuconería marca de la casa que le ha permitido conectar y aglutinar la fidelidad incondicional de una numerosa comunidad de fanáticos.
“Príncipe”, lanzado por sorpresa sin ningún tipo de promoción previa, cuenta con catorce cortes y está producido por su círculo habitual (DistrictBeats, Dawiz, Richie Rasheed y Bombony Montana), al igual que las colaboraciones vocales (Javi Bambini, JAVI, Midas Alonso y Samuel SLZR).
Este álbum no propone un nuevo rumbo ni nuevos conceptos sino que es una extensión a lo largo, no a lo ancho, de la senda estilísticamente bélica y osada que catapultó su carrera. Se siguen sucediendo aquellos ritmos trepidantes y con un toque oscuro como en “El Maquinista” o “Bix Saturno”. Los fraseos de Al Safir son ráfagas insufladas de fortaleza discursiva y chulesca (“Llega el halcón maltés / vuelan los cuervos” rapea en “Príncipe de Capitales”), algunas maridadas en advertencias (“quien se acuesta con perros / se despierta con sarna” expresa en “Amor y Alma”), en estampas vivencialmente agónicas (“esto no es vida / son bridas” sentencia en “Clepsidras”) y en los quemazones vaivenes del amor (“Nos conocimos negativo / tú me has hecho ser más” reconoce en “Solo”).
Los beats influenciados por el Detroit-rap y las referencias al mítico grupo de Smif-N-Wessun hacen acto de presencia en “La Pantoja”, pero sin duda lo más interesante del disco, que lo distingue de sus anteriores y le aporta ventilación, son las muestras del famosísimo “Last Christmas” de Wham! en la canción homónima: su bravura vocal forma un rico ligazón con la sensibilidad melódica y pitcheada de la canción del grupo británico.
Ojalá continúe transitando por este camino sampledélico, es una buena mina que explotar. Muestras melódicas y agrias que también surgen en la canción que cierra el disco, “Síndrome de Stendhal”, aunque, hasta el momento, no se ha podido identificar el sample original. El caso es que este tipo de matices le aportan una complementariedad rica al disco, apoyarse sobre dos patas es mejor que arriesgar a que todo el peso recaiga sobre una. Al igual que estas inclusiones son un acierto evidente y le otorgan una nueva dimensión al abanico sentimental, las incursiones en el reggaeton con “Marsupilami” y en el flamenco con “Amor y Alma”, aunque de nobles intenciones, son prácticamente prescindibles.
“Príncipe” aguanta el estatus de Al Safir actuando como un tiro seguro en la discografía del rapero madrileño, más sofisticado y profesionalizado en su estilo, pero sin variar en exceso la receta que le hizo conocido. Parece aplicarse eso de “lo que funcione tócalo lo menos posible”. No predomina el riesgo ni bucea por nuevas temáticas, pero sí aparecen ciertas ventanas de ventilación melódica a tener en cuenta para sus próximos movimientos.
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