808s & Heartbreak
Discos / Kanye West

808s & Heartbreak

4 / 10
Joan Cabot — 03-12-2008
Empresa — Rock-A-Fella
Género — Pop
Fotógrafo — Archivo

Resulta difícil enfrentarse a “808s & Heartbreak” sin dejarse distraer por todo lo que arrastra el cometa Kanye West en su estela, siempre tratado con dosis equitativas de admiración, envidia, desprecio y morbo. Cuando tocó hablar de su anterior “Graduation” ya comentamos en estas páginas que había que empezar a tratarlo como a un artista pop.

Eso es un hecho, ni bueno ni malo, confirmado por el último trabajo del músico más egocéntrico e iconoclasta que haya dado Chicago en años. Dedicado a su madre, fallecida poco antes de la publicación de su anterior álbum, y a la que era su prometida, éste debía ser el disco más íntimo y personal de West; también el más atrevido en términos musicales. Quizás el error haya sido abordar ambos retos a la vez. O más bien, tomar un cúmulo de decisiones erróneas en cuanto al segundo, empezando por los excesos con el Auto-Tune, que convierten estos once temas en un difícil trago para cualquiera. Hay destellos de algo parecido a buenas ideas en el single “Love Lockdown”, en el tratamiento rítmico de “Amazing” y “Say You Will” e incluso en la divertida “Paranoid”. Pero cortes como “Robocop”, la desconcertante “See You In My Nightmares” -con un irreconocible Lil´ Wayne- o “Bad News” parecen el resultado de una indigestión de Jean-Michel Jarre, Enya y O-Zone, hundiendo cualquier intento por tomarse “808s & Heartbreak” en serio. Lo más triste: fuera lo que fuera lo que nos quiera contar llega convertido en un chiste, en forma de un globo de chicle a punto de explotar, blando, pegajoso, desinflado. Un patinazo en toda regla.

Lo siento, debes estar para publicar un comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.