Siete años después de su última visita a Bilbao, la banda del pastor David Eugene Edwards volvía para adoctrinar a su parroquia bilbaína (en cada concierto convierten a curiosos y neófitos en fervientes y devotos fieles a su palabra) en un tropical miércoles de mayo. Los cantos de guerra apaches por megafonía anunciaban la aparición en escena de unos Wovenhand más conectados con la Tierra y sus fuerzas que nunca, entregados desde los poderosos primeros acordes de “Hiss”. En formato de cuarteto apocalíptico, se muestran despiadados y arrasadores, a pesar de que su técnico todavía no le ha cogido el sonido a la sala. Con “Crystal Palace” comienza la presentación de su último álbum “Star Treatment”: imagínate a los Bauhaus paseando al mediodía y sin sombrero por Death Valley. Parece que alguien en la mesa ha encontrado el botón que pone la guitarra de Edwards en su lugar y su volumen. La mezcla suena mágica en la sutil frontera entre lo espiritual y lo esotérico. Como un Nick Cave a caballo por las Rocosas, Edwards tiene una presencia escénica imponente, su voz es profunda y reverberante y sus letanías obsesivas conducen inevitablemente al trance místico en “Hired Hand” y “Swaying Reed”.

Todos aportan en la banda, las baterías polirrítmicas y envolventes de Ordy Garrison cimientan la base que sustenta los bajos tenebrosos de Neil Keener, un auténtico hijo del metal. A las segundas guitarras y coros guturales Chuck French, en la formación desde hace tres discos. Destapando su cara más siniestra en “All Your Waves” y “Corsicana Clip”, el peso del bolo se lo llevan los temas de sus dos últimos discos. La P.A. de Black Fever suena brillante y arrolladora, los fans más apasionados y reincidentes aseguran que jamás los habían oído sonar tan bien en directo.

Para la traca final formada “The Refractory”, “Obdurate Oscura” y “Sinking Hands”, Edwards saca su juguete favorito, un cacharro antiguo que se afina y toca como un banjo pero tiene cuerpo de mandolina y lo inunda todo de folk de las tinieblas. Soberbio. Pone la cinta de los indios cantando en pie de guerra y la banda desaparece brevemente para volver a rubricar el recital con “Five by Five”, “Low Twelve” y el desmelene mesiánico de “King o King”. Bolazo.