Vetusta Morla iniciaban su gira española en Salamanca, después de rodar las nuevas canciones en directo por toda Sudamérica y con su último (y excepcional) disco “Mismo Sitio, Distinto Lugar” (Pequeño Salto Mortal, 17) ya bien asentado entre todos sus seguidores. La formación se encuentra así en posición de aprovechar un entorno de lo más favorable, para refrendar estatus como el grupo español más exitoso de la última década. Por eso el primer concierto en territorio patrio era una victoria segura, con todo el papel vendido desde hacía meses y la ansiedad por volver a disfrutar del directo del grupo latente en el ambiente.

En cualquier caso, los madrileños difícilmente van a permitirse caer en el error de una decepcionante relajación, así que su concierto resultó una apabullante exhibición de potencia y pasión. Un total de 25 canciones y algo más de dos horas durante las que ni la paupérrima acústica del pabellón logró ensombrecer la demostración acontecida desde el escenario, devorada en catarsis por las 5.500 personas que abarrotaban el recinto. El sexteto interpretó su nuevo disco al completo, dejando claro su confianza en el mismo y que el ostracismo y la recreación excesiva en logros pasados no es su forma de entender el asunto. Temas de por sí verticales en su versión de estudio como “Deséame suerte”, “Palmeras en la Mancha”, “El discurso del rey”, “23 de junio” o “Te lo digo a ti” se tornan arrasadores sobre el escenario y, lo que es realmente valioso, propician una sucesión coherente y continuada junto a los numerosos clásicos del combo. “Copenhague”, “Maldita dulzura”, “Fuego”, “Al respirar”, “La deriva”, “Mapas” o “Fiesta mayor” -cerrando el grueso del concierto- sonaron intercaladas con composiciones más recientes, a un ritmo imparable que no contempla la relajación de artista ni público. El poder narrativo de sus canciones, emotivo y empático, poético pero impactante, se vio potenciado con unas proyecciones y puesta en escena atractivas y bien elegidas. Un ejercicio invencible tejido en torno a la figura crecida del vocalista Juan Pedro “Pucho” Martí, exprimiendo a conciencia las consecuencias del trabajo de equipo y hasta que el trío formado por “Consejo de sabios”, “El hombre del saco” y la sentida “Los días raros” marcaba el final de la velada, ya en los bises.

La suya es la historia del himno interminable, y ante eso y como público sólo queda rendirse y disfrutar de los diferentes capítulos de una victoria tan segura como trabajada y merecida. El resultado de una conexión imbatible entre artista y público, que propicia un espectáculo que por momentos incluso deja sensación de ser historia en directo de nuestra música. Hace ya tiempo que Vetusta Morla sentaron las bases para el éxito genérico de muchos otros grupos que vendrían después desde una supuesta independencia creativa. Pero por calidad y personalidad, los de Tres Cantos parecen únicos en su especie, y son ellos quienes seguirán marcando el camino, sin que ningún otro pueda seguirles más que a una generosa distancia.