Una nueva tradición
Conciertos / Tomavistas Festival

Una nueva tradición

8 / 10
Beatriz H. Viloria y Bruno Corrales — 22-05-2017
Empresa — Tomavistas
Fecha — 19 mayo, 2017
Sala — Parque Enrique Tierno Galván, Madrid
Fotógrafo — Alfredo Arias

Es realmente gratificante ver que un festival como el Tomavistas se consolida, aunque no sin dificultades. En su tercera edición, la segunda de ellas desde su reubicación en el Parque de Enrique Tierno Galván, la cita crece sin ánimo de grandilocuencia, manteniendo un perfil medio pero llevando según la organización hasta 16.000 personas durante sus tres jornadas, en las que bandas internacionales como Goldfrapp, Temples y The Horrors compartían escenario y jerarquía con bandas patrias consolidadas como León Benavente y Lori Meyers, pero construyendo la mayor parte de su cartel a partir de nuevos valores en eclosión, caso de Morgan, Cala Vento o Los Bengala.

A mejorar sin duda el sistema de pago en barras, confuso y frustrante cuando debería servir para mayor comodidad de los asistentes, perdidos en la hora punta y molestos al darse cuenta de que los famosos tokens no servían en los siguientes días de festival  y que en vez de la devolución del dinero no consumido la organización sólo permitía intercambiar los tokens sobrantes por megas de la empresa patrocinadora. Las sensaciones, sin embargo, son positivas, destacando el gran número de padres que lo escogieron como plan de día en familia. Un crecimiento sostenible que convierte al Tomavistas en pulmón para la música independiente de la capital.

Día 1

Puertas abiertas, calor, rayos de sol por doquier y los setenteros Holy Bouncer derrochando actitud en la primera hora y ante el todavía escaso público que se congregaba en el anfiteatro (escenario Corona). Eso sí, el más avispado pudo llevarse algunos discos que la propia banda lanzó al público, tal y como había prometido. Ejemplar la actitud del grupo, recién llegado de China. El bautizo del escenario pequeño (escenario Wegow), este año ubicado más al fondo en un mejor aprovechamiento del espacio del parque, correría a cargo de White Bats, adaptándose todavía a su nueva etapa tras el cambio de cantante, un proceso nunca exento de dificultades. Y sin más preámbulos -aunque con muchos aún echándose la siesta en casa- llegaba uno de los momentos más divertidos del festival, pues la intensidad y salvajismo de Los Bengala no conoce de horarios. Y eso que Borja Téllez, fallón en la primera estrofa de '65 días', dejaba caer que se acababa de despertar. 'No hay amor sin dolor', avances del inminente nuevo disco y versión del El Niño Gusano para un espectáculo de los que hacen afición. A continuación aparecería en el Tomavistas la caravana de Quentin Gas & Los Zíngaros, interesantísima banda de Sevilla con el disco aún caliente de fábrica para la ocasión. Psicodelía, flamenco y distorsión. Llegaba entonces el turno de Los Nastys, siempre desfasados, así como para la extraña propuesta de Aquaserge, con motivos arabescos y en su mayor parte instrumental, que sufrió para mantener el interés. La primera parte de la jornada se cerraba con las británicas The Big Moon, joven cuarteto liderado por Juliette Jackson que debutaba en el largo el pasado mes de abril, una de las visitas internacionales que más curiosidad atrajo.

C. Tangana

Cayendo el sol, Schwarz resultaron ser la banda sonora idónea. La nueva alineación derrochó tablas ante el honorable, que se dejó mecer por los ritmos salidos de unos intensos teclados y una doble ración de percusión que a ratos recordaba a Kula Shaker, pero también bailó en sus minutos más tribales. El anfiteatro acogió el primer gran aforo del viernes de la mano de Lori Meyers. Sin dejarse fuera los ya inmortales himnos festivaleros que sus seguidores buscan una y otra vez ("Mi realidad", "Luces de neón"), Noni y compañía defendieron algo más que los radiados adelantos de "En la espiral". Los cuidados visuales de fondo no hicieron más que sumar a un directo de sobrada solvencia y calidad de sonido, que le hizo un guiño al ruidoso pasado con “Ham’a’cuckoo". De vuelta a la última hora musical, C. Tangana tenía la papeleta de tomarle el relevo a los granadinos y lo hizo con autoridad; de entrada, porque era el encargado de defender y estrenar el pabellón rapero del Tomavistas. Y para seguir, porque de él venían las frases que alteraron y que se tararearon más allá del postureo y de la mesa de sonido, y no únicamente las de "Antes de morirme", sin Rosalía pero sí con Agorazein . Al fin y al cabo, en breve se va a llevar el sobre, como recordó con “Espabilao".

Goldfrapp

Tanta pulsera azul marino (acceso de un día) podía deberse a Lori, Tangana o el plato estrella, Goldfrapp. La reina Alison cambió el oro por la plata para comerse con elegancia la medianoche en su ansiado regreso a Madrid. Aún con su reciente "Silver Eye" muy presente (“Anymore", “Systemagic" y "Become The One", chapeau), los graves atravesaron las entrañas y su voz reposó en los oídos del honorable sobre todo mediante el electroclash y el glam rock con los que se presentó en sociedad. Y lo hizo con una sucesión de temas digna de mención para hacerse una idea de la catarsis vivida: "Ride A White Horse", "Number 1", "Oh La La" y cierre con WStrict MachineW. A la una de la mañana, el listón era alto y difícilmente superable, pero no decayó la fiesta. Svper utilizaron el escenario Wegow como mesa de experimentos, estrenando en directo canciones como "Azul profundo", que compensan un largo parón. En el Corona, Andy Butler y sus Hercules & Love Affair fueron una inagotable fuente de bailes y simpatía de los vocalistas, cuya indumentaria habría recibido el sello de aprobación de Salomé y Locomía. Tomándose la molestia de traducir partes de "My House" a nuestro idioma, se ganaron a un público con pocas ganas de abandonar el recinto.

Día 2

La segunda jornada del festival arrancaba con propuestas tan interesantes como las de Her Little Donkey y, ante todo, Cala Vento. Embaucadoras las maneras de Joan Delgado a la batería, que junto Aleix Turon a la guitarra reparten hits con una pasmosa naturalidad. En adelante, momento para el contraste, del rock más estándar de los vascos Rural Zombies, ganándose un poco más al público a cada tema, a los excesos y el caos de Alien Tango. Totalmente desprejuiciada y en consecuencia imprevisible la banda de Alberto García Roca, caminando por el lado más salvaje y circense del rock. Aún tratando de asimilarlo, apenas hubo tiempo para disfrutar de Kokoshca, que se veían obligados a suspender su actuacíon por la indisposición repentina de Álex López, batería, que abandonaba el escenario en camilla. La organización reaccionaba ágil confirmando a través de las pantallas que el músico se encontraba bien, y que los navarros son la primera confirmación para el año que viene. Se adelantaba por lo tanto el concierto de Las Odio, que tras publicar su álbum debut no se habían dejado ver por la capital. Tan divertidas como necesarias, en un equilibrio perfecto, y demostrando ser un soplo de aire fresco para el punk madrileño a base de las sacudidas que suponen canciones como “Vitaminas" o “Indiespañol". A continuación, otro de los momentos más esperados: Los Punsetes. Liderados por la siempre inquietante Ariadna y un enérgico Antonna y bien preocupados porque no le faltase a nadie ningún hit. Ya sea de los nuevos, rápidamente adheridos a nuestro cerebro (“Mabuse", “Viva"); o de imprescindibles como "Opinión de mierda", "Tus amigos" o “Maricas". Aunque con un sonido mejorable, los madrileños volvían a demostrar con potencia y sobredosis de agudeza e ironía eso que les hace tan especiales, y queridos.

León Benavente & Las Odio

Mourn saltaron al escenario Wegow como los artistas más jóvenes del cartel, que no del festival –el parque estuvo salpicado de auriculares de colores destinados a los que apenas levantan un palmo del suelo– con la energía propia de su edad y el desparpajo de una banda que ya juega en liga internacional. León Benavente volvían al Tomavistas ante una notable legión de almas que venían preparadas. Un cartel de “¡Es un hit!” anticipó el ‘Tipo D’ con el que empezaron un desenfrenado set –con invasión final de escenario a cargo de Las Odio– en el que Abraham Boba se propuso acabar con las reservas de baquetas de una banda de sobra engrasada. Equipados con himnos como "Ánimo, valiente" o la explosión de euforia de “Gloria", no podía haber fallo. Baywaves, que también repetían festival, trabajaron para conseguir en directo (con éxito) el sonido más fiel posible de sus psicodélicas composiciones.

The Horrors

Y por esos senderos llegaron The Horrors, envueltos en una bruma sonora a la cual arrastraron al personal sin muchos miramientos. "Sea Within a Sea" or "Who Can Say" son unas veteranas que con razón no abandonan un setlist corto por norma porque Faris Badwan y sus socios se recrean en las atmósferas que van tensando poco a poco hasta romperlas, para el deleite de los presentes. Los aires soleados de Aries quizás hubieran sido más adecuados con el atardecer de fondo, pero el de Isabel Fernández fue un toque de frescura y color muy acorde con lo que venía después. Llegados directamente de los sesenta, Temples se lucieron con una ejecución cuidada hasta el mínimo detalle, como su discografía. Con un sin duda carismático James Bagshaw al frente, el cuarteto británico mostró su paleta de sonidos, de lo más electrónico (“Certainty") a la psicodelia que enamoró a sus fans ("Shelter Song") pasando por los irresistibles efectos de orquesta de "Mystery of Pop". La fiesta aguardaba en un Wegow que probablemente le iba pequeño a Delorean, pero ayudó a crear un más que disfrutable ambiente de club con un buen puñado bailando por todos los rincones al ritmo de “Muzik" y “Deli". Venidos de tal descarga de coloridos sintes de los vascos, la aparición de Suuns en el escenario Corona se planteó como un abrupto cierre de jornada, con una intensidad y oscuridad a la que costó amoldarse pero surtió efecto gracias a “2020".

Día 3

Lo que viernes y sábado había sido un clima casi veraniego en las horas de luz, el domingo amenazaba con torcerse. Afortunadamente no pasó de ahí, y desde mediodía los carritos de bebé se entremezclaban con los apasionados del vermú y la psicodelia de los aragoneses My Expansive Awareness. Y si una de las razones de ser de los festivales es conocer nuevas propuestas, muchos de los presentes se apuntaban en rojo el nombre de Pavvla, el proyecto de la barcelonesa Paula Jornet. Personalidad, carácter y mucha expresividad y matices para defender las canciones de su primer disco, versión del "Do I wanna Know?" de Arctic Monkeys incluida. La mañana avanzaba ágil ahora en compañía de Cómo Vivir en el Campo, sobrios pero convenciendo desde el inicio. Momento a continuación para una verdadera espantada, la de los estadounidenses Triptides, ilocalizables y sustituidos en una gestión exprés por parte de la organización por Dani Llamas. Una papeleta que el líder de GAS Drummers resolvió con gran solvencia, adelantando algunas las canciones de un inminente tercer disco que en breve grabará junto a Ramón Rodríguez (The New Raemon) y cerrando con una fabulosa versión de James Carr. La música regresaba al escenario grande de la mano de Atención Tsunami, únicos en su manera de entender un rock bailable hasta arriba de guitarras, arracando fuerte con "El algoritmo de la noche". Poco después llegaría la oportunidad de conocer a Las Robertas, trío de garage punk procedente de Costa Rica, con Los Nastys como buenos anfitriones en la capital, que daba paso a una de las cimas musicales de la jornada, de la mano de Morgan. Porque ya no se trata solo de la magnífica y particular intérprete que es Nina, sino de las hechuras que a base de carretera y complicidad ha alcanzado la banda. Un rato que supo a poco para un grupo en permanente progresión. Mirando más hacia el futuro, cogía el relevo el estadounidense Jeremy Jay, estupenda oportunidad para comprobar por dónde van los tiros del que pronto será su quinto álbum.

Airbag

El festival entraba en su recta final con la voz de Enric Montefusco escuchándose desde la estación de Méndez Álvaro. Su proyecto personal tiene en sus cuerdas vocales su arma principal, pero, ha sabido rodearse de músicos solventes que además le ayudan a invocar sus raíces reconstruyendo "¿Por qué me llamas a estas horas?” de Standstill. Y que le siguen en una ya tradicional maniobra que no dudó en ejecutar en pleno anfiteatro: volver a entonar ‘Todo para todos’ arropados por el público, mientras Fuckaine ya andaban haciendo de las suyas al otro lado. Con toda clase de distorsiones y sonidos posibles, desde el arranque de Windows hasta los propios, pusieron la nota de color al domingo gris con una alocada intervención de Alien Tango. El tándem formado por The New Raemon y McEnroe firmaron el set más solemne e intimista, porque trajeron "la lluvia y los truenos" que no estropean una tarde, sino que la mejoran, con mención especial a Marc Clos, hombre orquesta a la percusión. Deseándoles nosotros también una pronta recuperación a Egon Soda, caídos del cartel hace unos días, hay que aplaudir a Rufus T. Firefly, dignos sustitutos que viven su merecido momento.

Rufus T. Firefly

Las psicodélicas explosiones de cuerdas y teclados maquinadas por Víctor Cabezuelo y sus socios, con las baquetas de Julia Martín-Maestro como ingrediente indispensable y "Río Wolf" como el mejor de los resultados, se vieron premiadas con gritos de “¡Escenario principal!”. El viaje lisérgico derivó en un viaje a la juventud, aunque por Airbag no parece que pasen los años. Fueron los culpables del único pogo del Tomavistas, porque con energía y desenfado le salvaron el domingo a un montón de chicos que se habrían encerrado en casa. Polock cumplieron con sus intenciones de conseguir unos riffs más pegadizos y estrenaron en directo "Magnetic Overload", una balada “para agarrar a la muchacha/o de al lado”. A Luis Albert Segura le tocó cerrar el festival con rock regio, no necesariamente porque "King of Beasts" acaparase el setlist. "Stop The Clocks", “Dualize" o "On The Radar” derivaron en un karaoke colectivo con una banda de altura. La cálida voz del mallorquín puso el punto y final a la tercera edición de una cita con una mayor amplitud de miras y que tanto artistas como asistentes esperan que se convierta en una nueva tradición… pero recuperando el antiguo sistema de pago, por favor.

L.A.

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