De la manera más sorpresiva y dentro del ciclo Night+Day de actividades paralelas al BBK Live que comisarían The xx, los del sur de Londres daban anoche pistoletazo de salida a esta semana de frenesí musical en Bilbao, con un concierto anunciado como el más íntimo que han dado en muchos años.

La velada comenzaba desde la cabina con Las Tea Party DJs, encargadas de calentar un ambiente que ya estaba hirviendo de por sí y permitiendo que los miembros masculinos de la banda se refugiaran en la taberna frente a la sala para ver el partido del mundial, haciendo gala del rumoreado y celebrado refuerzo de graves que la organización había dispuesto para esta ocasión.

Ante una excitada y apretadísima audiencia, en la que a juicio de los que pagaron la entrada de 49 dólares el número de invitados aka vips aka gorrones era pelín excesivo, The XX aparecieron en escena agradecidísimos en euskera y encantados de la vida. Su fórmula minimal de eficacia sobradamente demostrada en macrofestivales de todo el planeta, en un escenario de estas dimensiones resulta vibrante y épica. Su menos-es-más y su empleo del silencio como instrumento dotan al repertorio de una dinámica y una emotividad de desgarradora delicadeza.

Arrancaron con “Dangerous” y “Islands” con el respetable coreando hasta el último suspiro de los característicos duetos de Romy y Oliver, mientras Jamie ejercía de gurú desde su fastuoso set, que haría palidecer al Jean Michel Jarre más megalomaníaco y a todos sus pingüinos. Poco a poco alternados los diferentes éxitos de sus tres trabajos hasta la fecha en un recital sin fisuras. La química en escena es innegable y su dominio de las intensidades para manejar las emociones de la audiencia es una herramienta de valor incalculable. “Crystalised”, “Sunset”, “I Dare You”, “Performance” con un guiño al “Ray of Light” de Madonna, “Infinity”, una recreación preciosa de“VCR” y el Antzoki era una olla a presión. Atacaron incluso “Loud Places” del Jamie en solitario, las celeradas “Intro” y “Angels” que el malabarista del MPC alargó con una muestra de su virtuosismo a modo de aperitivo de la fiesta en el Guggenheim con la que sigue el despendole esta tarde, en la que pinchará con Honey Dijon, Joy Orbison con John Rust y John Talabot, entre otros. Ya lo comentaron ellos al despedirse y yo te insisto, si fuera tú no me la perdería. Esta mañanita he pasado por allí en bici a cotillear y el montaje tiene una pinta estupenda.