Único concierto en España, gente venida de todas partes, entradas agotadas y un concierto que no estuvo a la altura de la expectación generada. ¿Qué pasó? Pues sencillamente que el peso de la actuación recae en exceso en Jack White y esa es mucha carga para una sola persona. ¿Meg? No vamos a descubrir a estas alturas ni sus limitaciones golpeando parches, ni su escasa soltura en el micro y, si obviamos el indudable concepto estético y escénico que producen ambos, la cosa queda muy pero que muy desangelada. Es decir, nadie discute que el hecho de ser una persona y media sobre un escenario es muy loable, pero la cosa se complica si las canciones de tu último trabajo requieren de una mayor aportación instrumental. No basta con soltar riffs a troche y moche, pisar pedales y deambular de un micro a otro, porque o estás imbuido de un caudal de energía bestial o naufragas por falta de ritmo. Jack debe reconocer que por más que lo intente no siempre puede ser el Jack animal del concierto del Primavera Sound de hace dos años. Tal desgaste acabaría con él. Por eso quizás debería plantearse el recibir ayuda sobre el escenario. Perderían el savoir faire que ha dado fama a su dúo rockero, aunque ganarían a la hora de dotar a sus canciones de un cuerpo que ahora luce casi raquítico. Por eso, hasta que no sonó “Blue Orchild”, single de su último trabajo, la cosa no empezó a coger ritmo y eso que el público tenía muchas ganas de pasárselo en grande como demuestra el hecho de corear a voz en grito canciones como la celebrada “Hotel Yorba”. Lástima que en el listado de canciones se notó demasiado que venían a presentar disco y, por tocar, hasta se atrevieron con ese blues al piano que es “I´m Lonely”, una canción que en disco puede quedar muy bien, pero que en directo sobra (a no ser que pretendas que te llamen a Janis Joplin). Por cierto, se despidieron un poco a la francesa tras un show de una hora y cuarto y sin tocar la esperada “Seven Nation Army”, un hecho éste último que se podría perdonar si el resto del bolo hubiera sido epatante. Como no fue así, todos nos volvimos a casa echándola a faltar como broche que nos contentara a todos un poquito más.