Hay algo raro —y realmente valioso— en The Secret Society. Es una banda importante del indie español y, sin embargo, nunca ha jugado a parecerlo. Desde que Pepo Márquez puso en marcha el proyecto a mediados de los dosmiles, The Secret Society ha ido reuniendo un buen puñado de canciones con personalidad propia. El sábado en Vigo muchas de ellas volvieron a sonar.
La noche la abrió Tuya, que desde hace años ocupa un lugar muy particular dentro del pop electrónico español. Su concierto funcionó como una antesala elegante y atmosférica, pero también como un pequeño juego de espejos: David T. Ginzo, pieza clave en el recorrido de Tuya, forma parte también de la banda que acompaña a Pepo en esta gira, junto a Klas Van Hasselt. Más que dos proyectos distintos, parecía una continuidad natural.
Tras una breve introducción, el concierto de The Secret Society entró en materia con "Si pudiste con tanto dolor, podrás con esto", una de esas canciones que resumen bien la ética sentimental del proyecto. Después llegó "La distancia más corta entre dos puntos es el miedo", una canción que Pepo escribió en Buenos Aires en 2013 y que ahora ha reaparecido con una forma completamente distinta: otra melodía, otra dinámica, otra manera de decir lo mismo.
Las canciones nuevas se integraron sin fricciones. "Mi hogar no está en ningún lugar", "Contra toda autoridad" —que da título al nuevo epé— o "Como una piedra en el fondo del mar" ampliaron un repertorio que siempre ha preferido las canciones con ideas dentro a los eslóganes rápidos. Entre medias apareció "Parte de guerra" y también un momento más íntimo con "Sunflower", de Low, que Pepo contó que solía cantar a sus hijas para que se durmieran. Esos gestos domésticos —casi fuera de foco— siempre han tenido un lugar en las canciones de The Secret Society.
Hacia el final llegaron "Aquellos que lo quieren todo no merecen nada", la nueva "Yo merezco" y "En la sala del Guernica (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid)", antes del cierre con "Las pistas falsas conducen al desamor", la canción que siempre termina pidiendo todo el mundo y que, con los años, se ha convertido en uno de esos clásicos que la banda guarda en su repertorio. En tiempos de canciones cada vez más cortas y discursos cada vez más livianos, Pepo sigue apostando por otra cosa: canciones que se toman su tiempo y que no tienen prisa por decir lo que dicen.

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