Entre el espectáculo y la interrupción
ConciertosThe Last Dinner Party

Entre el espectáculo y la interrupción

6 / 10
Lluís S. Ceprián — 13-02-2026
Empresa — Primavera Sound
Fecha — 11 febrero, 2026
Sala — Razzmatazz 1, Barcelona
Fotografía — Christian Bertrand

Parece que lo de The Last Dinner Party no va a ser flor de un solo día si tenemos en cuenta la más que cálida —tórrida, para ser más precisos— acogida que recibieron por parte de una audiencia que abarrotó la sala grande de Razzmatazz. La gira está funcionando, lo cual sorprende teniendo en cuenta que su último disco, el segundo de su carrera, “From the Pyre”, no ha ido todo lo bien que les hubiera gustado ni a ellas ni a sus seguidores. Recordemos que era la segunda vez que pisaban Barcelona; la primera fue en el Primavera Sound de 2024, apenas unos meses después de la publicación de su debut, “Prelude to Ecstasy”, un disco que, no olvidemos, llegó al número uno en Reino Unido y acabó certificando el oro en ventas.

Sobre el escenario se presentaron Abigail Morris (voz principal), Georgia Davies (bajo), Lizzie Mayland (guitarra), Emily Roberts (guitarra), la multiinstrumentista Aurora Nischevci (teclados), y Casper Miles (batería); y arrancaron el primer rugido del público —femenino en su mayoría— con el binomio conformado por “Agnus Dei” y “Count the Ways”, siguiendo el mismo orden de apertura de su último disco. Tanto la escenografía como los recursos lumínicos fueron siempre grandilocuentes, encajando con la idiosincrasia de un combo que parece tener estudiado cada gesto de su interpretación, mostrando coreografías que, por momentos, resultaban más propias de un desfile de moda.

Sin duda, lo suyo es una vuelta de tuerca a la tradición de los grupos de chicas, eso sí, con referentes muy distintos, ya que aquí no hay ni rastro de soul. En cambio, las influencias vienen del glam más pomposo y teatral, de la estética new romantic combinada con eso que ahora llaman baroque pop, todo ello bien apretado con un corsé sonoro propio del musical setentero. Para entendernos, es un batiburrillo en el que hay ecos de Queen, Meat Loaf, T-Rex y David Bowie en su alter ego de Ziggy Stardust. Además, lucieron un juego de armonías vocales, complejo por momentos, con alguna referencia incluso a las voces búlgaras, como en “Gjuha”. También hubo fogonazos hard rockeros y transiciones cercanas al rock progresivo, como en “Caesar on a TV Screen”.

De hecho, a lo largo del concierto no se echó en falta ninguno de sus grandes hits, siendo los momentos más coreados “I Hold Your Anger”, “My Lady of Mercy”, “Inferno” y, cómo no, el hit “Nothing Matters”, con el que se retiraron al backstage tras casi dos horas. El bis lo bordaron con “This Is the Killer Speaking” y cerraron igual que habían empezado, con un reprise de “Agnus Dei”.

Fue una velada en la que hubo de todo, y eso incluye algunos momentos más bien ásperos. Y es que la interrupción del ritmo fue una constante, propiciada, sobre todo, por su cantante principal, Abigail Morris, que se empeñó en tomarse muy en serio aquello de que lo suyo es algo más que un concierto al uso. Y sí, está bien que se busque sorprender y salir de lo monótono y previsible, pero para ello hay otros recursos más eficaces —y agradables— para el público que ponerse a cantar el cumpleaños feliz en directo a un más bien poco receptivo miembro del equipo de touring, hacer referencias la noche anterior en Madrid, o publicitar los proyectos benéficos en los que el grupo está involucrado. Y no me malinerpreten, no es que esté en contra, sinó que no creo que sea la vía ni el momento más oportuno para hacerlo. En definitiva, fue un sinfín de largos monólogos que no hicieron otra cosa que cortar el ritmo de un espectáculo que podía haber lucido más.

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