Hubo un tiempo reciente en que lo fácil era criticar a Coldplay. Ahora que con “Viva la vida” los británicos parecen haber conciliado de nuevo a público y crítica –algo que no pasaba, al menos de forma tan unánime, desde “Parachutes”- siempre seguirán estando ahí grupos como The Killers para despacharse a gusto. Otros sostienen, viendo la eufórica comunión entre la banda y los ocho mil presentes que agotaron las entradas en horas, que tanta gente no puede estar equivocada. La respuesta más fiel a la realidad, probablemente, no la tengan ni unos ni otros. The Killers, como Coldplay, son, en efecto, un grupo de pop rock de estadios. La banda ha ganado soltura con los años y el cantante Brandon Flowers, aún sin ser la alegría de la huerta, muestra más tablas y capacidad comunicativa que en su anterior visita. En directo, los temas de su nuevo “Day & Age” suenan más rock que disco, y su puesta en escena al estilo Las Vegas, eso es, a lo grande –con palmeras, letreros luminosos, un saxofonista, confeti y pirotecnia incluidos- subraya su perfecta adaptación al gran formato. En cuanto al repertorio, y al margen de debates entre cambios de chaqueta sin rumbo o notable capacidad de reinvención, el problema sigue siendo el de siempre: The Killers son un grupo de singles, que no de discos. Lo confirmó el contraste entre canciones como la inicial “Human” o “Somebody Told Me” –la tercera de la noche- y otras más anodinas, entre las que se salvaron “Bones” y novedades como “Spaceman” o “The World We Live In”. Aunque por encima de todas destacaron con diferencia “Mr. Brightside” y una vibrante “When You Were Young”, punto final a una hora y media claramente desigual. Si todos sus himnos formaran parte de un solo disco, sin duda, estaríamos hablando de The Killers en otros términos.