Hacen falta unos días de perspectiva para asimilar lo acontecido en Viveiro en la décimo cuarta edición de ese pildorazo que es el Resurrection Fest, el festival metal-hardcore-(stoner) por excelencia del panorama nacional y uno de los grandes de Europa. Hablamos de una forma distinta de entender un festi, que crece con su público y se reinventa anualmente para superar la edición anterior bajo el sempiterno lema “hecho por fans para fans”, una máxima que se merienda otros eventos prefabricados y que materializa su éxito mejorando su aforo: más de 102.000 personas en esta edición que, sin contar con los cabezas mediáticos de las anteriores, demuestra la fidelidad de un público heterogéneo -dentro de esta escena- que se cruza el país para perpetuar un concepto de festival que ya trasciende lo musical.

Quienes suscriben, con una docena de Resus encima, coincidimos en que ha sido una edición memorable. La peor parte se explica por la ley lógica que establece que cuanta más gente en el mismo espacio, menos comodidad y más tiempo para hacer las transiciones entre escenarios. Veinte mil personas más que el año pasado en el mismo recinto hace que las costuras se estiren y fallen ciertas provisiones e infraestructuras hasta ahora bien gestionadas (comidas, tránsitos, carpa…). En todo caso, nada que empañe la furia sonora que acompañó al clima todoenuno característico de la Mariña lucense, aunque persistan ciertos problemas de acústica inherentes a todo gran festival.

Este año el Warm up del miércoles salió al escenario Ritual, dejando la carpa Chaos a Ramiroquai y su pinchada Bandera Negra entre bandas, moviendo a la gente que llegaba con ganas de fiesta a golpe de temazos y clásicos de su isla sonora. Que hubiera 15.000 personas en el calentamiento -lo nunca visto un miércoles- confirmaba el “sold out” de abonos. Después de Devil In Me y Bury Tomorrow, llegamos a unos Municipal  Waste que tripiten trash en el Resu (2012 y 2016), y que pese a venir presentando disco, sabían “pa’ que me invitan…” y se desmadraron con sus clásicos terminando  a lo grande con “Born to Party” .

Pese a ello, el sonido de este escenario estuvo muy bajo toda la jornada. Así entraron los californianos Ignite, otra banda fetiche del festival, empezando con “Veteran” a un volumen que casi permitía hablar a unos metros del escenario. La primera mitad del bolo fue lenta y baja…pero en cuanto engrasaron la maquinaria y Lindberg calentó la voz, dejaron claro a qué habían venido. Homenaje a Bad Religion con “We are only gonna die” y cierre magistral con “Bleeding”. Otra guerra lo de los nórdicos Kvelertak. Atronando desde la intro “Apenbaring”, el nuevo cantante no desmerece si no que multiplica, aunando voz y crowdsurfung entre el público. No parecía la primera vez de los noruegos en Viveiro, y la masa coreó “Fossegrim” “Blodtorst” o “Mjod” como si fuesen himnos populares, cerrando la jornada previa por todo lo alto.

El jueves empezó desde Nueva Orleans con Cane Hill, primera vez en España, haciéndolo además en el Main del Resu, desengrasando melenas. Aunque había que madrugar, muchos se acercaron hasta el escenario principal evidenciando el hambre que había de festival. Como ya adelantamos en la crónica de la pasada edición, los nipones Crystal Lake merecían un sitio en el Main Stage y lo demostraron este año presentando “Helix” (2019). Bolazo y actitud, metalcore que llenó el principal a las seis de la tarde a golpe circle pit pese a la fina lluvia del momento que no pudo con su “Prometheus”.

Hablar de Gojira es hacerlo de una banda que nunca decepciona (su concierto en 2014 está en el Guinness de los Resu). No esperes fuegos artificiales, músicos llenos de tatuajes, o mensajes inspiradores. Llegan, tocan, te dejan con la boca abierta y se van. Varios temas de su anterior disco, “Magma”, un repaso a los más emblemáticos de su carrera y el público de nuevo entregado. Había muchas ganas de ver a Toundra para saber cómo suena al aire libre su último trabajo (Vórtex, 2018), después de una cuidada presentación por salas de toda Europa. Les tocó bailar en uno de los escenarios más difíciles del festival por los problemas de sonido. ¿Qué importa eso cuando crean una atmósfera única?

Los chavales del Resukids añadieron magia al subirse al escenario junto a Esteban, Macón y compañía. Mientras los vigueses CRÓ, hijos de mil proyectos que aúnan virtuosismo y delirio a partes iguales, hacían flotar el Desert, se preparaba la grande en el Main. Apolo y Zeus decidieron que la despedida de Slayer en España con su “Final Tour” tenía que ser épica. Tormenta eléctrica, ración de agua a chorros y cuarenta minutos de retraso que amenazaba con suspensión definitiva. Pero sí, rayos y truenos mediante, los de Araya y King descargaron su metralla a lo grande en cuanto cesó la tromba. Con la misma escenografía que en toda la gira de despedida, no escatimaron en decibelios y atronaron Viveiro restando palabras a su show para recuperar el retraso acumulado, empezando con “Repentless” y acabando con “Raining Blood, “Black Magic”, “Dead Skin Mask” y “Angel of Death”. Vamos a echar de menos a estos bastardos.

Terror volvió a Viveiro para mantener la fe del hardcore en la carpa, esta vez sí, con su vocalista Scott Vogel haciendo olvidar el karaoke de su última incursión (divertido, eso sí). Los guardianes de la fe, la fraternidad y la unidad de la escena no defraudaron en el Chaos, con temas como “Always the Hard Way” o “Keepers of The Faith” dando a la chavalada argumentos para repartir su karate pit.

Primera vez de los archisolicitados Parkway Drive en el Resu y esperamos que no sea la última. Había hype, expectación y el adjetivo que queráis colocar aquí. Y no defraudaron a nadie. Salieron rodeados de antorchas como está siendo habitual en la gira, y nada más pusieron un pie en el escenario se vivió una fiesta espectacular. Resonó “Prey” en Viveiro y a partir de ahí fuego por todas partes. Violinistas que bajaban del techo y un Winston que se quedó sin palabras en más de una ocasión cuando los allí presentes coreaban al unísono sus canciones. ¿Quién va a olvidar todo lo que pasó en “Wild Eyes”?

No era nada fácil el papel de Leo Jiménez en este Resu. Salir después de un concierto épico de Slayer es complicado, pero el vocalista de Saratoga aguantó el tirón contra los elementos. Los británicos The Adicts mantuvieron la llama de la fiesta, enganchando a su público en el Chaos, a través de himnos punk coreados entre abrazos y bailes, con el epílogo del “You’ll Never Walk Alone” entre balones hinchables y jolgorio.

El cambio de registro fue ver a Brant Bjork, psycho stoner desértico de uno de los padres del género; pocos asistentes en un show limpio y ácido a cargo de todo un Kyuss y Fu Manchu. Y para los que no se quisieron ir a ¿casa?, la noche se cerró con Batushka y su finísima liturgia black metal, demostrando que pueden llevar esa producción sublime al directo.

La jornada del viernes empezó con la mejor sobremesa posible, los brebajes psico-folk de los galegos MØURΔ presentando los pasajes ácidos de “Eira” (2019) en el Desert, para saltar al combo Brothers Till We Die/Just  en Main/Chaos a ritmo de su HxC de puño en alto. Mientras, en el Ritual, Megara asombró al respetable con un juego de metal con coreografías al que no estamos acostumbrados, un paseo por Alicia en el país de las maravillas que su cantante representa a la perfección. No pudo faltar el clásico “a por el bote” que resonó en todo Viveiro. Gracias, Broncano.

While She Sleeps se presentaron sin su frontman, Loz Taylor, siendo Scott Kennedy (Bleed from Within) el sustituto. Pese al cambio de vocalista por temas de última hora, poco a poco fueron desgranando temas nuevos y clásicos de su discografía, llegando al máximo con “Brainwashed” y “Four Walls”, animando al público a subirse a hombros y liarla. Estamos sguros de que repetirán con su formacion original. Casi a la vez, los jienenses Santo Rostro ambientaron el Desert en un horario que hace justicia a su progresión. Trivium era otra de las bandas esperadas el viernes y llenaron el Main con un setlist que prácticamente desgranó su dsicografía. Mientras, Wormed dieron cera al death patrio en el Ritual al tiempo que los canadienses Mute llevaban el HxC melódico a un nivel técnico superior bajo la carpa.

A esa hora, Arch Enemy fue otro de los hits del día por lo que se esperaba y por la casualidad de que Alex y su silla de ruedas hicieran viral el bolo de la banda sueca, en un gesto habitual en este festival. Alissa es pura actitud y, aunque el sonido no ayudó, consiguió ganarse al público empezando con la intro homenaje “Ace of Spades” y acabando con “Nemesis”. Siguiendo con el metal sueco, Avatar y los registros de su vocalista en el Ritual: Llegar, ver y vencer. Puede que no te guste su estilo, pero su presencia en el escenario y el espectáculo que ofrecen son dignos de ver. Más Suecia: Millencolin, con su punk rock en la carpa, se comieron el pato de coincidir con la banda principal del día, pero aguantaron el tipo con uno de sus mejores directos ante unos verdaderos incondicionales que no pararon hasta que cayó “Mr. Clean”.

Se afilaba la noche y se acercaba el momento por el que la gente llevaba años suplicando: Slipknot en el Resurrection. Todo tipo de pelajes y edades confluyeron en el Main Stage para ver a Corey Taylor y su baile de máscaras. El lleno más absoluto de todas las ediciones, por encima del directo de Rammstein que tenía el record hasta la fecha. Los casi diez años sin pasar por España se mascaban en el ambiente.  “For Those About To Rock” de AC/DC sirvió de preludio a los 90 minutos de espectáculo, plataformas, leds, bombos, tambores y monos que dan forma al show de los norteamericanos. Combo de “People=Shit” con “(sic)” para jalear cabezas, bombazos como “Duality” y un mix de grandes éxitos que justificaron la querencia del público por esta banda, que supo jugar sus cartas al acabar con “Surfacing” y “Spit It Out”.

Al tiempo que Craddle Of Filth oscurecía el Ritual, Converge demostraron de nuevo que son una tradición del HxC punk en este festival. Los de Bannon, Newton y compañía siempre son que se recuerdan (por eso vuelven). “Aimless Arrow”, “Rip What You Sow” o “All you love you leave behind” son piezas que te engullen en un equilibrio de potencia y desgarro. La jornada acabó con el ultrafucking thrash de los Crisix en el Main, zapatilla y diversión asegurada a cargo de la referencia nacional del estilo, y en el Desert con el post metal de los alemanes The Ocean presentando “Phanerozoic I” (2018), que consiguieron bajar pulsaciones y subir sensaciones a través de sus ritmos progresivos e intensos.

El sábado, la legión de camisetas negras tardó en entrar al recinto. El buen comer del pueblo, las playas y, sobre todo, el resacón músico-festivo del viernes, sumado al cansancio acumulado, hizo mella en las huestes del metal/hxc. Aun así, mereció la pena ver a Celtibeerian y quemarnos un poco. Folk metal para cambiar el registro, buena fiesta, varios wall of death y muchos circle pits. Un show digno de ver, en el que sus integrantes saben cómo meterse a la gente en el bolsillo. Mención aparte merece el jaleo que montaron al final de todo con “Saturday Night”. Una lástima la caída de Less Fortunate Songs por un problema insalvable del batería. Su grupo hermano Morgen les hizo justicia a base de skate punk rock bajo el sol.

Con un ritmo constante, los coruñeses Strikeback se han hecho un hueco entre las grandes del thrash metal nacional. Liderados por un Líber que no para de azuzar al público, también decidieron que era buena idea navegar un rato el público con una lancha hinchable. Aparición estelar de Castaño, de Display of Power, para marcarse un Fucking Hostile de leyenda. Atención a lo que se cocina en las antípodas: Alien Weapontry o la locura maorí. Que a esas horas tres chavales pongan patas arriba el Main stage es algo que solo había conseguido Crystal Lake el primer día. El cansancio dejó paso a bocas abiertas al ver una haka al inicio del concierto. Sin duda, se convertirán en cabeza de cartel dentro de muy poco.

En el mismo escenario, era el turno para que Testament se resarciese de su concierto-aquapark del año 2014 con la mayor tromba de agua en la historia de este Fest.  Los de Berkeley son un clásico que hay que ver al menos una vez en la vida en buenas condiciones. Chuck Billy demostró que no pasan los años por su garganta, manteniendo el tipo que los mantiene como referencia del thrash desde hace más de treinta años con una técnica instrumental apabullante. Chuck arengando a la masa al circle pit con “The Formation Of Damnation” define la comunión de esta banda con el festival.

Pero si hablamos de circle pit con mayúsculas, hay que invocar a la bestia, cordero de dios, Lamb Of God. Una barbaridad hecha concierto. Un grupo que inicia su actuación con “Omertá” lo que está buscando es que sea una locura general. Aunque para algunos es una canción lenta, las revoluciones de los allí congregados empezaron a llenarlo todo de polvo. Con “Redneck” llegó la locura, hasta cinco circle pits a la vez, comunicando algunos entre sí. Brutal. Los estadounidenses son los amos del grooove metal y lo demostraron durante la hora y cuarto que pisaron el Main stage. Confiamos en que vuelvan con el nuevo disco.

En el Desert, casi a la vez, Atavismo jugaron con la atmósfera psicodélica progresiva de su segundo LP, Valdeinfierno (2018) y poco después les siguieron los vascos Cobra, con su  thirller metal rock pantanoso a modo de BSO tarantiniana. Compartiendo bajista con ellos, en el Ritual, Berri Txarrak eran cita obligada, última gira de la mítica banda vasca. “Jaio.Musika.Hil” y “Ez dut nahi” abrieron un bolo ecléctico, metalero y emotivo a la vez. Se vieron lágrimas entre los puños en alto. El público euskaldún se hizo notar, cantando cada tema como si fuera la última vez, haciendo más épico el directo de los navarros, que acoplan stoner, metal, post-hardcore y casi pop con naturalidad, sin artificio. “Zirkua” nos puso a la moda antes de que entrasen los Resukids con “Ikasten” y se cargaran la pedalera de Gorka, que acabó el bolo sin efectos, para un final deseado con  “Denak ez du balio”, “Stereo” y “Oihu”.

Entrados en la noche, el premio al bolo extraño se lo lleva Whithin Temptation, que con su metal sinfónico se salieron de los sonidos más extremos del festival, con la presentación de su séptimo dico, “Resist”, con el que se desmarcan definitivamente de ese rock gótico de sus primeros tiempos. Si bien el sonido se fue equilibrando según avanzaba el directo, no hubo ajuste entre corales y voz durante toda la actuación, el concierto estuvo lejos de ser lo que se espera de un cabeza de cartel.

En otra liga, Brutality Will Prevail demostraron bajo la carpa que en Cardiff hay tipos muy duros, sonidos pesados e intensos para un público curtido en patadas voladoras y dientes partidos. Primera vez en Viveiro, presentando “In Dark Places”(2017). Del mismo equipo, Nasty marcaron su terreno a golpe de bajos y beats violentos que levantaron el césped con la puesta en escena marca de la casa, tirando de himnos a coro con el público como Shokka y su último disco “Realigion”. Duros y resolutivos, puro hxc.

Sin duda una de las actuaciones tapadas de este Resu estaba prevista cerca de la media noche en el Ritual. Cult Of Luna, banda sueca de sludge post metal con más de veinte años de camino, descargaron una explosión extrasensorial que resulta difícil de explicar. El juego de luces, visuales y doom con dos baterías te absorbe como un agujero negro y te introduce en un paisaje onírico potente y tenebroso. Después de “Vertikal” (2013) y “Mariner” (2016), en Viveiro presentaron el single “The Silent Man”, adelanto de su nuevo álbum.

El último cabeza de cartel del evento fue el único e histriónico King Diamond, alias del músico danés Kim Bendix Petersen, con toda su parafernalia. Para sus incondicionales, el bolo del milenio, para el resto un show digno de ver por lo auténtico de su película -con intro, desarrollo y desenlace- entre huesos, muñecas, ataúdes, fuego y cuchillos. Un metal teatro que puso el colofón en el Main Stage, con la voz de Bendix que mantiene la altura de los agudos igual de bien que hace 35 años.

 El broche final lo puso la magia de Colour Haze en el Desert, para llevarse una sonrisa lisérgica que te durará hasta que te des cuenta que solamente quedan 364 días para el próximo Resurrection Fest, XV Aniversario, que vendrá a lo grande del 1 al 4 de julio de 2020.