El trece para otros es un número maldito. Para Viveiro, el capítulo 13 de la saga del Resurrection Fest es un número afortunado que sigue sumando ediciones. Contra agoreros y haters de todos los pelajes y estilos, este festival demuestra que la fidelidad y la fraternidad están (casi) por encima del cartel. A diferencia de otros productos vacíos creados ad hoc, el Resu tiene alma y una personalidad propia que honra a su nombre, resucita cada año, y hace que el público repita capítulo a capítulo. Las cifras hablan de nuevo: más de cien bandas, casi ochenta y dos mil asistentes y sold out el sábado. Hasta Zeus abrió la mano y permitió el mejor clima posible para un festival, apenas unas gotas el miércoles y cierto bochorno sin sol que hizo que las camisetas negras picasen menos durante el día.

El warm up del Pre Resu se calentó en el escenario Ritual con Riot Propaganda, entró en ebullición con Jello Biafra y los suyos haciendo un show que ya suma clásicos y ardió con los Ministry de Al Jourgensen presentando su “AmeriKKKant” (2018). Powerflo cerró el show dando cera al rap-heavy metal con Sen Dog dejando calentito al personal para el jueves.

Jueves

La primera jornada demostró que la organización cumple el quid pro quo con su público, y que su “hecho por fans para fans” no es solo un simple reclamo de marketing. Baños más limpios y atendidos, sin apenas esperas en las barras, tránsitos entre escenarios sin agobios y un personal de seguridad en los fosos que se gana su jornal con una sonrisa pese a las patadas en la cabeza que se llevan.

La bilocación de los que suscriben permitió dividirnos entre los escenarios para abarcar más bolos, así que el primer día oficial pudimos disfrutar de buena parte de ellos. Destacar la mejoría en el sonido del escenario Desert, que el año pasado flojeó y esta edición demostró que el camino del stoner, doom y sonidos arenosos ha sido otro acierto de la organización. Aunque Vörtex pagaron el pato con su metal y no sonó demasiado bien al principio, sobre todo si tenemos en cuenta cómo suena su último trabajo. Agoraphobia tomaron el relevo en el Desert, y ellas sí sonaron casi perfectas y demostraron que el cambio de rumbo y el macarreo bien ejecutado está llevando a las de Boiro a nuevas y mejores marcas.

Cabe destacar la presencia en el Chaos un grupo que habría que recomendar siempre, Cuchillo de Fuego. Podríamos definirlos como un grupo de hardcore punk, pero con unas letras cargadas de ironía y de humor absurdo. Con temáticas como la de los coworkings o la familia real, entre otras muchas más cosas. Por la gloria de Jaime Peñafiel y de Yvonne Reyes.

Mientras, en el Ritual, sonaban The Raven Age con el cantante haciendo de las suyas demostrando por qué giraron con los Maiden con un único disco de estudio. Justamente un escenario que abrieron horas atrás Bloodhunter, con una Diva Satánica que poco a poco fue enganchando a más adeptos para su causa. Los ucranianos Jinjer peinaban para atrás en el escenario principal al público con los cambios de registro de voz de su cantante, Tatiana Shmaylyuk, del melódico al gutural sin inmutarse. A continuación, el thrash hizo presencia en la misma ubicación con Overkill, que empezaron con un sonido un poco bajo, pero con un Bobby Blitz que encendió al público con sus gritos y acabó con el clásico “Fuck You” dedo en alto.

Rozando las ocho, en el escenario Chaos empezaban los que, para quienes firman, fueron la revelación del Resu. Se ven pocos asiáticos en este festival, pero los nipones Crystal Lake multiplicaron su presencia con un sonido limpio y atronador que hicieron que la gente no cupiese bajo la carpa. La versión metalcore del tema “Rollin’” de Limp Bizkit hizo volar a la chavalada en el pit. A nadie le extrañaría verlos en uno de los escenarios principales en próximas ediciones del fest. Justo después, en el Main Stage, Anti Flag empezaban actuación con su punk rock político-festivo. Había ganas de verlos desde su épica actuación en 2012, y se nota. Temas míticos cargados de coros y reivindicaciones, incluyendo una versión del “Should I Stay Or Should I Go?” que coincidió con la subida de los Resukids al escenario, jaleando al público con sus mini cuernos al aire. Hubo hasta crowdsurfing de un cámara y la batería en el pit… fiesta y bolazo de los norteamericanos.

Casi sin tiempo y mirando de reojo como The Lurking Fear atronaban el Ritual, en el Chaos empezaban Stick To Your Guns demostrando que el hardcore sigue siendo el núcleo duro y esencia de este festival, con un bajo que dirige a la banda mientras el público arranca la hierba en el pit con melodías duras en una carpa que cada año suena mejor. De vuelta en el escenario Main, Stone Sour empezó casi de noche con un Corey Taylor –armado con un cañón de confeti- que llenó las primeras filas de ojos melosos con su camiseta del Resu, se marcó unas volteretas y realizó un repertorio algo happy que puso el punto final a su gira europea ante un público entregado más por el mito de Slipknot que por conocerse los temas de una banda que venía con fecha única en España. Al tiempo, Cancer Bats demostraban en el escenario Chaos que, aunque sean pocos, los grupos hardcore mantienen la línea dura y la unidad con su público, que no falló pese a coincidir con un cabeza de cartel del día. Un clásico de su directo, la versión del “Sabotage” de Beastie Boys.

   

Ghost es una de esas bandas que o la odias o la amas, no hay medias tintas. Entre los asistentes al espectáculo de Tobías Forge hay opiniones de todo tipo. Para algunos no ha sido para tanto, otros dicen que se llegaron a aburrir y que les faltó ritmo, hay quien critica que la percusión estaba demasiado potente, y también quien dice que ha sido de los mejores conciertos de su vida. Lo cierto es que el Cardinal Copia brilló con temas como “Rats”, “Absolution”, “Ritual  From The Pinnacle To The Pit”No faltó su clásica pregunta en varias ocasiones, “Are you with us?”. La respuesta afirmativa llegaba entre saltos al sonar”Cirice” o la propia “Miasma”. “Dance Macabre” puso el festival patas arriba, pero “Square Hammer” terminó de rematar la faena. Eso sí, todavía quedaba una bala en la recámara. Con el público pidiendo otra, y Tobías amagando con irse, llega turno de su canción-homenaje al orgasmo femenino: “Monstrance Clock”. Un feliz fin de fiesta.

At The Gates cerraron el Ritual con la tralla sueca que se esperaba, con un directo de death metal melódico que aplasta tanto como asusta. Pese a la disparidad de opiniones sobre este tipo de bandas, Abaixo Cu Sistema volvieron al Resu para abarrotar la carpa del Chaos con su tributo armenio-festivo que las masas cantaron felices y etílicas, último retal antes de preparar la jornada del viernes.

Viernes

El segundo día oficial amaneció soleado y con el aviso de la organización sobre un cambio de horarios que respondía a razones logísticas y que, por lo que se intuye a través de los comunicados oficiales, gracias a la colaboración entre bandas -con agradecimiento en directo de Megadeth a Scorpions- se evitó un descalabro mayor. Al mediodía en la zona cero del casco vello de Viveiro, donde se come como en casa de tu abuela y se bebe como en el bochinche de la fiesta, se empieza a notar que entramos en el fin de semana y eso significa mayor afluencia. Locales con gente esperando para comer, terrazas llenas teñidas de negro Resu y primeras hordas de veteranos (y no tanto) con sus camisetas de Scorpions.

Las primeras bandas fueron las grandes perjudicadas por el cambio horario, llegando a adelantarse una hora el concierto de Santo Rostro en el escenario Main, que sonaron muy alto y contundente, quizá por la escasa afluencia de gente a esa hora. En horario del vermú, los Stoned At Pompeii dejaron claro por qué Warner se los ha llevado y aderezaron su gran directo con un lanzamiento de balones de playa con su logo y un elegante color negro. Los coruñeses Hongo hicieron su fiesta neo-crust en el Desert demostrando por qué llevan tantos años en la escena. En la carpa del Chaos, los donostiarras Adrenalized hicieron un repertorio de hardcore melódico a-toda-hostia con un nivel técnico apabullante que hizo desperezarse a los asistentes que aún se estaban espabilando.

Otro de los sonidazos del festival se pudo vivir en el Desert. Los bilbaínos The Wizards fueron una apisonadora sacando todo su potencial y enganchando cada vez a más gente en el escenario más pegado a la entrada. Continuando con la onda Euskadi, Niña Coyote eta Chico Tornado destilaron electricidad a golpe de riff y caja y nos dieron uno de los momentos del festival, al interpretar “Killing In The Name” con los Resukids en el escenario.
Mientras, en el escenario Main, los franceses Rise Of The North Star renovaban su Saiyan Style manteniendo el espíritu de Shibuya cercana al hardcore neoyorquino de los noventa, aunque al principio el sonido no ayudó y los graves estuvieron desajustados la primera mitad del bolo. Aun así, la banda de Vithia, Hokuto y Fabulous Fab levantó al público, que se dedicó a remar, saltar y girar siguiendo el Furyo style de quienes ya son unos veteranos en Viveiro. En ese momento ya se arremolinaba la gente esperando a una de las cabezas de cartel, Megadeth.

Los de Dave Mustaine llegaron a Viveiro en su último concierto después de tres años de gira. Sí, tres años. Aunque como siempre, la ejecución fue perfecta, la interacción fue mínima salvo para agradecer a Scorpions su ayuda. Quedó la sensación del “llegar, tocar e irse”, ya que además se marcharon antes de tiempo. Aún así, es un clásico al que hay que ver al menos una vez en la vida. Como curiosidad, el público se auto gestionó. Ellos mismos decidieron cuándo hacer un circle pit, cuándo era el momento de un wall of death y hasta de ponerse a remar al unísono sentados en el suelo.

Una de las bandas más perjudicadas por el cambio de horarios fue Leprous, y no por haber cambiado su horario. Vieron como les cortaban el sonido en su última canción ante el inminente inicio de Scorpions, algo que llegó hasta las redes sociales. Allí, el CM del Resu volvió a demostrar su buen hacer y se disculpó. Al mismo tiempo, en el Ritual, Suffocation demostraban que son el conjunto musical que más cera dan en todo el planeta, y en el Chaos, Sick Of It All recogían los frutos de la semilla que allá por 2006 engendró este Resu. Comunión absoluta con el público, casi como una reunión familiar en la que el circle pit sustituye al abrazo de bienvenida a casa, himnos, puños en alto y fraternidad: puro Resurrection Rest. Wolfbrigade mantuvieron la misma línea de zapatilla crust sueca bien armonizada que la gente esperaba y que lleva coreando lustros.

Con toda la atención para ellos, Scorpions saltaron con un pequeño retraso al Main. Tras caerse el telón, los alemanes hicieron acto de presencia. Uno de los momentos más polémicos, la bandera de España de fondo que ilustraba las pantallas electrónicas. Pero la música siguió siendo la protagonista y obviamente “Send Me An Angel” puso a todo Viveiro en modo romanticón, igual que “Winds Of Change”. Tuvieron tiempo hasta de hacer un homenaje a Lemmy, ante la presencia de Mickey Dee en la banda, tocando “Overkill”. Tras “Blackout” y “Big City Nights”, llegaría el clásico “Still Loving You”. Y como despedida, un “Rock You Like A Hurricane” que dejó a sus seguidores con la sonrisa en el santo rostro.

Y cuando terminaron Scorpions, con algo de retraso empezaban su actuación los británicos Paradise Lost. Un rápido repaso a temas de siempre y a los de su último álbum, aunque con una despedida un tanto abrupta, quizá por ese tiempo robado.
El cierre en el escenario principal lo pusieron unos Angelus Apatrida que no pudieron ni hacer pruebas de sonido. Además, para este bolo contaron con el batería de In Mute ante los problemas de salud de Víctor Valera. Según avanzaba el concierto, fueron encontrándose más cómodos y ajustando el sonido, con un pulpo en el escenario incluido. Entre circle pits a saco y un wall of death gigante terminaría la noche del sábado. El tributo corrió a cargo de los Seek Em All, que no son Metallica pero te hacen el apaño para un feliz fin de fiesta.

Sábado

El sábado amanecía con pinta de tormenta, pero la descarga fue obra de un tal Tom Morello en el main stage con Frank Carter como cómplice. Antes de que los Prophets of Rage hiciesen acto de presencia, Tremonti dejó el listón muy alto en el Main. De menos a más, fueron ganándose a todo el mundo, hasta a los que solamente estaban esperando a Kiss, guardando sitio desde primera hora.

La hora más alocada fue obra de Frank Carter & The Rattlesnakes. Si estás leyendo esto y todavía no lo has visto, ciérralo todo, compra entradas para donde quiera que esté ahora este eléctrico británico y vete. Si en su momento ya conquistó el campo de fútbol con Gallows y ya en solitario se comió la carpa hace un par de años, en esta ocasión demostró que el escenario principal no se le queda grande, al contrario. Su tema “Wild Flowers”, con speech reivindicativo y pidiendo a las chicas que hicieran crowdsurfing (amenazando al que se pasara de “tocón”) fue uno de los momentos álgidos. Y sin duda, “I Hate You” traduciendo el estribillo fue un gran colofón. Al acabar su show, volvió al escenario a darle el setlist a Berta, la pequeña que vivió ojiplática el bolo en primera fila sobre los hombros de su sonriente padre.

¿Y qué podemos decir de Prophets Of Rage? Uno de los grupos del momento y que hace que la nostalgia se apodere de nosotros. Morello, con la cicatriz de su operación tras su fisura en la mano aún visible, puso a la gente a saltar casi antes de empezar. Trocitos de Rage Against The Machine, Cypress Hill y Public Enemy. ¿Necesitas algo más? Imagínate que está Frank Carter en el crowdsurfing y le invitan a tocar con ellos “Killing In The Name” (y que acaba tirándose al pit desde el escenario con el último riff). Espectacular, homenaje a Chris Cornell incluido por su confluencia en Audioslave. Su único punto negro, despedirse de Barcelona y no de Viveiro.

Ya con la noche sobre Viveiro, era el turno de Kiss, la banda que provocó que se colgase el cartel de no hay entradas. Empezaron cerca de quince minutos tarde, aunque eso no parecía importarle lo más mínimo a todos sus fans pintados como ellos. El primer tema fue “Deuce” y poco después Paul Stanley ya estaba arengando al público pidiéndoles más y más aplausos, gritos y demás. Para los fans, una noche pintada de blanco y negro con canciones ya atemporales que un público de todas las edades y condiciones cantó al unísono. Desde otro prisma, un show visual interesante, sin entrar a valorar temas vocales o la falta de potencia de unos fuegos que muchos compararon con la barbaridad de pirotecnia de Rammstein del año anterior.

El hecho de que Kiss empezasen tarde, hizo que también se retrasaran en su finalización cerca de media hora. Y los penalizados fueron los Alestorm, que veían a los de la cara pintada desde su escenario. Eso sí, la fiesta fue por todo lo alto, con un pato gigante sobrevolando Viveiro.

El público manda, y no hay más que ver las caras de la gente cuando sale del Resu el último día, expresiones de bendito agotamiento pero con amplias sonrisas de satisfacción tras ver a bandas históricas y descubrir nuevos sonidos con agrupaciones emergentes. El feedback es el mismo en las redes, retomando fidelidad y fraternidad a un festival que cuida a su gente, que tiene alma y personalidad y que sabe morir cada año para resucitar meses más tarde con miles de puños que le aúpan.