A la salida de un macroconcierto tan populoso mientras buscas como llegar a casa, oyes todo tipo de comentarios. En general y en resumen la satisfacción fue total. Cierto es que a día de hoy no hay un grupo tan actual como Muse que monte y ofrezca un espectáculo de este tipo, tan original y grandioso. Si en el Palacio de los Deportes ya dejaron a todo el mundo con la boca abierta gracias al show de plataformas cilindricas que subían y bajaban para la ocasión habían construido una especie de edificio triangular justo encima de una de las porterías del estadio, que más bien parecía la entrada de un gran centro comercial de periferia, y que se presentaba totalmente blindado con multitud de pantallas de video. El concierto arrancó como si fuese una manifestación con decenas de personas portando insignias y banderas con la frase “We will be victorious” y que sirvió para introducir “Uprising”, momento en el que Muse apareció en escena totalmente vestidos de blanco bajo una lluvia de gritos y aplausos. Del repertorio habitual enseguida cayeron “Supermassive black hole”, “New born”, “Time is running out” o “Hysteria” que en algunas ocasiones eran finiquitadas con divertidos riffs de clásicos de Led Zeppelin, Animals, Deftones o Nirvana. Posiblemente la parafernalia del show se comiese un poco el lado más musical y musculoso de la banda, como la plataforma móvil que les desplazaba veinte metros por encima del suelo entre las primeras filas o el platillo volante de donde se descolgó una trapecista vestida en color plata, dejando al público totalmente atónito que sin darse cuenta se tragó las dos horas y pico de concierto como si nada. Cuando se llegaba al final cayeron todas las grandes, como “Stockholm syndrome”, “Plug in baby”, “Starlight” y un “Knights of Cydonia” que cerró una tremendísima noche. Los más madrugadores pudieron disfrutar en primer lugar del grupo inglés The Big Pink, que llevan una de las bateristas más sexys que se pueden ver hoy día y que presumen de tener uno de esos singles que levantan a las primeras filas haya donde van, “Dominos”. El otro grupo invitado de excepción fue Editors que a plena luz del día y a toda pastilla se despachó cuarenta y cinco minutos de buenísimas canciones, donde no faltaron “An end has a start”, “Munich” o “Smokers outside the hospital doors”. Afortunadamente entre las primeras filas el sonido era impecable y no era difícil meterse dentro del concierto sin esperar a que tocasen “Papillon” y se desatara la locura colectiva.
The myth that blocks my criitavety is that I need to have all my work done before I can go play in the studio. Of course, the work is never done! I must find a way to balance my work ethic with a play ethic. Intellectually I understand and accept the profound value of play and criitavety, but I get blocked at an unconscious level.Thanks Petrea