Y volver, volver, volver…
ConciertosMonkey Week Son Estrella Galicia

Y volver, volver, volver…

8 / 10
David Pérez Marín — 25-11-2025
Fecha — 21 noviembre, 2025
Fotografía — JM Grimaldi / David Pérez

Es cierto que volver a casa no implica, en muchas ocasiones, un marco concreto, un entorno determinado. Ese sentirse en casa, en gran medida, lo da la gente que nos rodea y abraza… Y eso también lo tuvimos en Sevilla, además de esa maravillosa Alameda y todas sus salas, bares, teatros y rincones mágicos made in Monkey. Estuvimos de lujo a los dos lados del Guadalquivir, pero, me van a perdonar, cuando uno ve la Bahía de Cádiz por la ventanilla del avión y comienza a callejear luego por El Puerto de Santa María… Ay, Sevilla, gracias por todo y volveremos siempre, pero ¡hogar, dulce hogar! Y es que, aunque no faltamos ningún junio a los brazos del Monkey chico, como dice esa ranchera eterna, el lado izquierdo del pecho siempre anda alborotado, quiere más y manda: “le hago caso al corazón, / me muero por volver… / Y volver, volver, volver…”.

Y si a esta celebrada vuelta, además de mantener escenarios de película, como la bodega del majestuoso Castillo de San Marcos y la pista de coches de choques más marciana y divertida del planeta, le sumamos una Casa Cossio en la que nos habríamos quedado a vivir, y la capilla y claustro del espectacular Monasterio de la Victoria, ¿qué más se puede pedir? ¿Qué tal un centenar de artistas de géneros sonoros mil, nacionales e internacionales, repartidos de jueves a sábado en una decena de mágicos lugares? Dicho y hecho, hasta el pecio del vaporcito se eriza de emoción.

Las jornadas profesionales volvieron a ser un éxito total, desde el cóctel inicial del miércoles, al despegue del jueves con actividades de todo tipo, de conferencias a asambleas, pasando por encuentros, presentaciones, talleres o sesiones suntracks. Nuestro Monkey Week SON Estrella Galicia 2025 comienza el viernes y, entre muchas otras voces y sonidos, aún resuenan los ecos de actuaciones que dejaron marca el día anterior: Musgö, su arpa y poderío, Julia de Arco cada vez más libre y brillante, la sugerente y atrayente delicadeza de Anouck the Band, la ráfaga de zarpazos rock de Winona Riders y otra nueva reconquista de unos Sanguijuelas del Guadiana que siguen ya su propia estela. Y si un servidor estaba hace unas horas en la isla canaria de Lanzarote, qué mejor llegada a este Monkey que aterrizar en la Casa Cossio con el estreno de loscoloresdelaspiedras (25) de Pleito, el nuevo disco y proyecto de la saxofonista canaria Alba Gil Aceituno, introspección sanadora y luminosa a base de respiración circular y oníricos loops que nos envuelven y hacen flotar de principio a fin. Así, sola en escena, saxo al mando, pero también rompiendo y acariciando silencios con su voz y susurros, pedaleras atmosféricas y percusiones, lapas incluidas, recorre los surcos del disco y nos mece en “arrorró/arinagua”, abrazamos y cruzamos la “ausencia” y cicatrizamos heridas con una chamánica y milagrosa “virgendelpinotepidoestarmejor” a la que nos aferramos con uñas y dientes para que nunca termine. Un resplandeciente trance sonoro en el que dialogan y se funden el jazz más vanguardista con el folklore de su tierra, y todo maridado con vinos y manjares canarios, con la buena gente del Hero Fest y Malpaís Records (sello lanzaroteño de Pleito) al pie del cañón, y la colaboración del ICDC. Reencuentros mil, estómago lleno, corazón contento y velocidad de crucero nada más empezar, ¡esto es el Monkey! No llegamos a Los Chivatos, pero les cogimos la matrícula en la Batalla de bandas y ya estamos deseando desquitarnos; antes fuimos a por otra dosis sonora canaria, esta vez de la mano de los experimentales Lagoss y su hipnótica electrónica volcánica, montando una rave tempranera en un Teatro Municipal Pedro Muñoz Seca que no para de bailar, entre lo místico y lo paranormal. Volvemos a Casa Cossio y Paco Pecado organiza una verbena kitsch en un parpadeo, del “Tango del clavel”, a una “Raffaella” a la que se suma una chica del público para cantar y bailar como la diva italiana, hasta llegar a ese “El club de la Plaza” como clímax que aparca el frío de un plumazo. El jardín de la casa (Cossio) palaciega y sus vinos nos absorben y, sin que nos demos cuenta, nos dejamos llevar por la brisa indie pop de los lisboetas Capitao Fausto, embrujo del que salimos a base de un hechizo superior, el de los siempre rompedores y sorprendentes Sara y Edi Pou, Los Sara Fontan, que ponen a prueba los cimientos del Castillo de San Marcos, removiendo cada barril centenario de su bodega y no dejando títere con cabeza entre el público. Huracán libérrimo de atmósferas electrónicas y ritmos que, violín y batería al mando, nos empapan con una fina y magnética lluvia sintetizada que no nos permite pisar el suelo ni un solo instante… Así, volando, nos vamos al encuentro de La Tania y quedamos extasiados tras el primer contacto con la nueva zona de escenarios: entrada con lona de carpa de circo incluida, pista de coches de choque a un lado y ese Monasterio de la Victoria que ya justifica esta edición o cualquier otra, pura maravilla, síndrome de Stendhal en vena tras presenciar un concierto allí. La Tania, en formato trío, se gana a los feligreses y feligresas, monetes y monetas que rebosan la capilla del monasterio, entre la mística y la verbena coplera más auténtica. Una voz fina que hiere a la primera, con ese sabor en blanco y negro de antaño, se extiende a sus anchas como enredaderas de neón por las columnas y cúpulas del monasterio: de esos emocionantes “Almendros” que florecen cada vez que se acerca esa persona que tienes o tuviste en mente, a esa sed que tengo y “Awita” no hay…, pasando por buenos y malos “Quereles” o “Un beso de mí compare”. Tras el poderío de la misa coplera-rumbera-electrónica de La Tania, toca ronda de guitarras y distorsiones mil, introducimos la primera ficha de la noche por la rendija y nos damos una vuelta por la pista de coches de choque a todo gas con Aiko el Grupo. Cada vez más rompedoras, pegadizas y frenéticas en directo, con un arsenal de hits afiladísimos que no dan tregua ni un solo instante: de una “Truchita (nunca volveré!!!!)” que pone la pista patas arriba, a “A mí ya me iba mal antes” o una “Por qué no dices la verdad” que late muy fuerte bajo las bombillas de colores… Ya juegan desde hace tiempo en primera liga y aceleran, sin techo a la vista, junto a sus referentes, de Triángulo de Amor Bizarro (grandiosa la versión de “El fantasma de la Transición”), a Los Punsetes. Nos vamos al claustro del monasterio y La Paloma, que nos enamoraron con la frescura directa y punzante de su primer álbum y EP, presentan hoy su segundo largo, el notabilísimo “Un golpe de suerte” (25), igual de pegadizo, pero más pop y menos cortante que sus lotes anteriores, del que brillan hoy, entre otras, piezas como “Sale el Sol”, “Las cosas que me gustan” y la titular, esta sí con el fuego primigenio al rojo vivo. Pero siguen siendo sus clásicos más crudos y guitarreros los que hacen que el claustro se tambalee, de “La edad que tengo”, a la muy El Mato e irresistible “Algo ha cambiado”, pasando por “Quejas célebres” o esos “Palos” que no cicatrizan del todo.

Julia del Arco

La fiesta rompecaderas llega con un magnético Triángulo de las Bermudas que va de la verbena electro-latina que monta Ortiga, cumbia y merengue bajo las alas, a Joe Crepúsculo con su imparable y adictiva máquina de baile sintetizada, fulminando dolores y melancolía a base de girar y girar su mágica bola de espejos; y Cupido, a base de su trabajada mezcla de sonidos urbanos, pop y estribillos directos al pecho. Y sin olvidar la rave final con Dalila, sobrepasando las tres de la mañana, pero con la pista de coches de choques on fire a sus dictados.Antes se fraguó traca de la buena en la Pista Jägermusic, primero con unos Ku! que nos dejaron muy buen sabor de boca, desgranando su debut homónimo de este año, tromba luminosa de post-punk, pop-rock lo-fi y lisérgico, con regusto kraut por momentos que se te queda pegado a la piel como salitre radiactivo: Del puro nervio y relampagueo de “Rápido”, a la oscuridad resplandeciente de “Seis semanas” o ese ultra pegadizo cover con garra psicodélica de “No culpes (será que no me amas)”, coreado por todo El Puerto de Santa María. Y con la pista de coches de choques en llamas, saltaron Repion a las tablas y el fuego creció y creció a cada tema. Las hermanas Iñesta (en formato trío, acompañadas de una portentosa bajista) con su recién lanzado segundo largo a la calle, “201” (25), más ese brillantísimo EP revisitado con sobresalientes colaboraciones que nos regalaron en abril, son sin lugar a dudas una de las bandas nacionales más en forma y destacadas de 2025, con un repertorio y directo ya a la altura de bandas estelares de larga trayectoria. De flamantes hits de su último trabajo como “Otro día será”, la dulzura amarga de “Me sabe a poco” o esa “X” que zarandea la pista al completo, intercalado con clásicos incendiarios como “Brillante”, “Barrio Somavilla” o ese “Viernes” que se lleva toda la tristeza que ya no toca, en pocos segundos. Y lo que sí nos tocaba era cerrar la madrugada por todo lo alto, con el esperadísimo debut de Cervatana, que, aunque nos acercamos peligrosamente a las cuatro de la mañana, la expectación, tras un único adelanto, es tan grande que el claustro del monasterio está prácticamente a reventar. Como revienta esa “Bomba” en directo y pone a prueba los cimientos del monasterio, con el tridente titular formado por Miguel García, la inconfundible voz de DMBK, al bajo incluido, el también Derby Motoreta’s José Ugía a los teclados/sintes y electrónica, y el multiinstrumentista Francisco Sánchez. Balacera de psicodelia y quejío eléctrico, con extra de techno mutante, ambient y krautrock, como si los Fat Dog organizaran una pelea de gallos en el Berghain de Berlín. Así, picotazo a picotazo electrónico, entre ráfagas rítmicas a quemarropa y tormenta de riffs, con Elena Gog danzando entre las llamas, nos noquean con cada embestida y nos dejan con ganas de más. A la espera quedamos de ese debut discográfico que verá la luz a finales del primer trimestre de 2026.

Repion

El sábado comienza con ibuprofeno, Batalla de bandas al sol en una Plaza Alfonso X abarrotada (se lleva la botella de Anís el Mono Ortiga) y vermut en mano, seguido de almuerzo felliniano rodeado de buena gente en una asociación flamenca que nos recibe con los brazos abiertos, concurso de baile incluido, El Puerto rules. Así, entre papas aliñá, chicharrones y caldito del puchero que nos termina de resucitar, cogemos carrerilla y despegamos la tarde con nuestra querida Le Parody, en una Milwaukee llena hasta la bandera, desplegando todos sus conjuros luminosos y adivinanzas electrónicas sanadoras, empapadas de folclore y raíces futuristas (esas que exploró antes que nadie) con compás flamenco y ritmos tribales que funden a golpe de beat, dos trompetas y percusiones industriales. Recorren las pistas de su sobresaliente “Remedios” (24), de “Se clavan” a “Un remedio” lisérgico que saboreamos sin pensarlo y la alegría de ese “Blacaut” para que nos pille el fin del mundo bailando; pasando por “La puerta” del magnífico “Porvenir” (19), con Dalila sumándose al éxtasis colectivo electrónico, y una “Europa”, compañera de surcos, que cada vez duele más y ahonda en la vergüenza de un continente que mira para otro lado cuando sus iguales sufren y son asesinados. Sole, grande entre las grandes. Digestión hecha, toca volar para poder cumplir el plan de la jornada: De las guitarras afiladas del trío catalán Diamante Negro, con las primeras filas de la sala Padreo saltando y cantando cada tema, con momentos álgidos como el vaivén luminoso de “Club Caribe” o la efervescencia punk-rock de “Olvídate de mí”. Pasamos a la Plaza Alfonso X, de nuevo hasta la bandera, para dos de las actuaciones más destacadas del día, primero unos Juventude que salen enmascarados y hacen que suban las temperaturas y la fiesta en un show sin fisuras, con sesión de viento incluida y la banda al completo dejándose la piel y transmitiendo el disfrute sobre las tablas. Pop setentero, surrealista y kinki, con Ángel y Nico al mando, conectando con un público entregado para la causa/verbena de principio a fin, y gozándolo mucho en temas como “La motillo” y “Dicen de ti”. Si lo de Juventude se veía venir, nos llevamos una grata sorpresa con el joven y explosivo dúo Dear Joanne (en formato trío, acompañadas de batería), hijas bastardas de la movida madrileña que parecen haber cogido un DeLorean directo de los 80 al Puerto de Santa María. Cóctel molotov de punk-rock, garage, new wave y power pop, con mucha energía, actitud y cuidada estética, más balacera incontestable de pildorazos que impactan de pleno: De “Ella quiere tocarme el pelo” a “Benito el aparejador”, pasando por esa “Angie la ladrona” a tumba abierta o “Se niega a saludar”. Quédense con sus nombres, Eva Summers (voz y guitarra) y Ale Conde (bajo), y pónganse a salvo, Dear Joanne, fuego a discreción. Justo antes vibramos en el Teatro Pedro Muñoz Seca con la descarga punk y post-hardcore de los burgaleses Memocracia, y después nos despedimos de la Milwaukee con la puesta de largo de “Peach please” (25), el segundo largo del cuarteto internacional-lanzaroteño Drûpe, que conectaron con el público desde el inicio y subieron las temperaturas a base de enérgico rock costero-volcánico, con una rocosa base rítmica, torbellino de riffs y el poderío vocal y rock & roll actitud de su vocalista, Camy Myles, a la cabeza.

Dear Joanne

Los solapes y la lejanía del Monasterio, nos hacen sacrificar algunas actuaciones que queríamos ver, como Dharmacide y Vera Fauna (nos consta que ambas formaciones dieron dos bolazos). Nosotros elegimos Frente Abierto, con su debut “Guerra a todo eso” (25) aún humeante bajo el brazo, así que tocaba desandar nuestros pasos hacia una expectante Casa Cossio, donde el colectivo de músicos andaluces capitaneado por Marco Serrato (bajo y contrabajo) vuelven a tocar techo y romperlo, esta vez acompañados de la cantaora Lela Soto y del cantaor Sebastián Cruz. Llegamos justo cuando la banda está construyendo un muro de sonido doom metal para que la voz de Sebastián lo escale y vuele por bambera, haciendo suya “Lo que el mundo vale”, interpretada en el disco por Inés Bacán; para después salir a escena Lela y parar el tiempo con esas melodías nuevas por alegrías a fuego lento, un bellísimo canto a la memoria que corta la respiración, “Con el polvo de tus huesos”, con Marco sumando texturas al contrabajo con arco. De nuevo la intensidad sube y la banda es puro fuego y metal en “Mal fin tenga mi sueño”, con Lela haciendo que su garganta se torne fragua por caña. Relevo de Sebastián en la emocionante letra de Dani Llamas “Si mañana no llego”, con camiseta de Camarón, pero con ese quejío morentiano tan genuino y tan suyo por serrana; y luego, entre texturas sintetizadas y atmósferas orientales, “Su cante me lastima”, con zanfoña de Raúl Cantizano (de la guitarra flamenca a la eléctrica sin despeinarse antes, genio, flamenco mutante como pocos) al mando, con Lela cincelando cada verso por tientos como si fuera la última noche en la Tierra. Recta final y nuestra ya querida y familiar Casa Cossio se prepara para temblar bajo la tormenta sonora que se acerca, “Parece que te estoy viendo”, con David Cordero haciendo que la banda al completo flote en sus atmósferas electrónicas y luego rompan con una tromba apocalíptica, Borja Díaz abriendo el cielo en dos a las baquetas y Carlos “Choco” Pérez echando rayos, riff a riff, a la eléctrica, mientras Sebastián y Lela nos reconquistan por soleá. Y cuando parece que ya habíamos alcanzado la cima, nos rematan por las bulerías Gnawa “Y quise yo beber”, con el autor de la letra entre el público y sumándose a Lela y Sebastián al cante de la misma, Miguel García (Derby Motoreta’s Burrito Kachimba), con toda la banda a una, en un fin de fiesta inolvidable.

Frente Abierto

Cambio largo de escenario, previo paso por la Plaza, con Space Surimi haciendo saltar hasta a Alfonso X el Sabio, y aceleramos hacia el Monasterio de la Victoria. Y antes del plato fuerte de la noche, nos da tiempo de parada en la Pista Jägermusic y disfrutar de la pegadiza psicodelia yeye, garagera y marciana de los portuenses Sunflowers, centrifugadora rítmica de mil colores y riffs distorsionados que nos ganan desde el primer chasquido. Siempre Oporto con amor, otra matrícula que apuntamos. Y ahora sí, tomamos posiciones en el claustro y el canadiense Dan Bejar, Destroyer, y su banda, comienzan con la majestuosidad espacial y onírica de “The Same Thing as Nothing at All”, tema que abre su último trabajo, “Dan’s Boogie” (25), del que también crecieron en directo y deslumbraron piezas como “Sun Meet Snow”, con su centelleante caos y explosiones de luz continuas, la delicada belleza de “Cataract Time”, con la banda flotando y la trompeta de JP Carter dibujando y desdibujando horizontes una y otra vez, y una “Hydroplaning Off the Edge of the World” en la que la formación al completo vuelve a tocar la excelencia y rozar el milagro, más una enigmática y sugerente “Bologna” junto a Fiver, que luego será total protagonista en “Hell”. La banda se encuentra en esa encrucijada de virtuosidad y duende donde Wilco se funden con los Bad Seeds más elegantes y sofisticados, con un Dan Bejar como crooner, maestro de ceremonias y director de orquesta total que, sin necesidad de grandes alardes vocales, con ese carisma y magia de los elegidos, emociona y eriza hasta los muros de piedra del monasterio en cada interpretación. El hechizo es continuo y seguimos levitando con piezas como “Times Square”, “Kaputt” o una infinita “Suicide Demo for Kara Walker” que nos sobrepasa y deja marca, con la banda y Dan subiendo a los cielos y bajando a los infiernos a su antojo. Y de masterpiece a masterpiece, la anterior del “Destroyer’s Rubies” (06), suerte la nuestra, una “Rubies” de más de diez minutos que, si estuviste allí y te dejaste llevar, aunque no te dieras cuenta, Dan Bejar y compañía te regalaron una vida extra. Más clase y revientan, el bolazo del Monkey y muy arriba en mi lista de mejores conciertos del año. Podría decir y no mentiría, que tras la barbaridad del show de Destroyer acabó mi Monkey, pero teníamos muchas ganas de ver a las chicas de Taqbir… nuestro gozo en un pozo, porque cuando llegamos a la pista de coches de choques, en la que no cabe un alfiler, son Nusar 3000 los que están tocando (con fiesta grande organizada, eso sí): ha habido un cambio de horario y la banda de punk marroquí toca dos horas más tarde, a las tres de la mañana… No llegaremos, pero lo intentamos, primero con parada en el caos de nocturnidad y alevosía de la banda de Gotemburgo Sylvie's Head y luego con el trío portugues 800 Gondomar, para despedir el claustro y nuestro Monkey bajo un tornado de garage rock y distorsiones, con “CoraÇao” contento reventándonos el pecho, base rítmica en llamas y enjambre de riffs que terminan con el guitarrista volando entre el público, sin dejar de arañar su guitarra ni un solo instante. Puro Monkey, ¡qué bien se está en casa!

 

 

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