El miércoles 11 sorteamos los intermitentes chaparrones para llegar a la boluetarra sala Santana 27 de Bilbao. La ocasión bien lo merecía, pues el británico Miles Kane venía a presentar su flamante nuevo álbum “Sunlight in the shadows”. Los teloneros propuestos por la promotora Last Tour fueron los jóvenes de Mungia TOC, fichados por el sello Oso Polita (perteneciente asimismo a Last Tour).
TOC forman parte de la efervescente escena actual de rock euskaldun y dieron buena muestra de su solvencia con temas como la bonita balada “Gau eternal bat” y la melódica “K” (muy en la onda de Lukiek). También lucieron la festiva “Bi miru gu” saturada de autotune y el cierre “Ametsen batean”, cuyo guiño al “Bad Romance” de Lady Gaga nos descubrió Iván Gómez (baterista de Mi Buenaventura) según pasaba a nuestro lado.

Miles Kane salió al escenario a las 21:00 en punto con ganas de darlo todo. Recordemos que en su anterior visita en 2024 en el Kafe Antzokia (crónica aquí) hizo honor a su álbum “One man band” tocando él solo acompañado de sonidos pregrabados. Esta vez, en cambio, no había ni trampa ni cartón, iba acompañado de guitarrista-teclista (Dominic John), otro guitarrista, bajo (Nathan Sudders) y batería (Victoria Smith) preparados para dar un directo crudo y eléctrico sin sonidos pregrabados.
Ocuparon sus puestos al sonido del clásico “Stand by me” en la versión de John Lennon y abrieron con la groovy “Electrical Flower”, clara deudora de T.Rex. Sin perder un segundo volvieron al 2011 con la contagiosa “Rearrange”. En aquel año, el primo de dos miembros de The Coral, exlíder de The Rascals y mitad de The Last Shadow Puppets junto con Alex Turner (Arctic Monkeys) sorprendió con su debut en solitario “Colour of the trap”. En aquellos años en los que el pop-rock con querencia indie fue perdiendo importancia entre el público joven frente a los estilos urbanos, Miles Kane y en paralelo Jake Bugg fueron dos figuras que supusieron un soplo de aire fresco en la revivalista escena británica.
La banda continuó con la enérgica “Troubled son” y Kane saludó al público antes de tocar la sexy “Cry on my guitar”, durante la cual ejecutó un magnífico punteo con su preciosa guitarra semihueca. Durante el concierto, en repetidas ocasiones se cambió al micrófono dinámico que tenía a su izquierda para darle un efecto vintage a su voz. Tras agradecer al público el acudir al bolo a pesar de la lluvia, volvió al álbum actual con la glam “Without you”. Es una pena que el sonido tan pulido del disco, con Dan Auerbach (The Black Keys) de productor y mano derecha quedara ayer tan deslavazado: la voz con demasiada reverb se perdía en la mezcla, el bombo de la batería junto con el bajo dominaban el conjunto , las tres guitarras no convenientemente paneadas… el sonido de frontón de Jai Alai de ayer no tiene nada que ver con la sala donde el sábado anterior todo sonó en su sitio con los Sexy Zebras. Quizá estaba pensado el sonido para un aforo más lleno, pero siendo miércoles, la competencia del Athletic, de Santiago Motorizado en el Kafe Antzokia, la ausencia de turistas británicos en febrero y cualquier otro factor que escape a nuestro control hizo que la pista estuviera a medio gas.
Kane y su banda siguieron desgranando el álbum con “Love is cruel”, en la que Dom John se trasladó al teclado (apenas audible) decorado con animal print antes de acometer la bailable “Inhaler”--en versión mucho más macarra.--y “Telepathy” del mismo primer álbum. Miles tiene una facultad innata para actualizar los sonidos del Swinging London añadiendo influencias del soul y del glam de una manera muy orgánica. Incluso aires de blues añejo se pudieron oír en Blue skies que vino a continuación.

Dieron buena cuenta del álbum actual con “I pray”, “My love” y “Walk on the ocean” (Kane enarbolando guitarra acústica) así como de clásicos que animaron al público como “Colour of the trap” o “Don´t forget who you are” en la que especialmente vimos lo compenetrada que estaba la banda. También sonaron “Never taking me alive” (más punk que la grabación) o “Coup de grace” durante la cual vibraba el suelo por la sobrecarga de graves.
Consciente o no del problema del sonido, el británico pisó el acelerador para recortar el set en 20 minutos. El respetable bailó al cierre de “Come closer” y la mayoría dio por terminada la velada mientras algunos nos echamos los últimos bailes de clásicos indies en la sala contigua de la mano de Adrián. Clásicos indies como los suyos se merecen una tercera visita en la que esperamos sople el viento más a su favor.
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