La catalana valenciana
ConciertosMaria Arnal

La catalana valenciana

8 / 10
Carlos Pérez de Ziriza — 04-04-2026
Fecha — 02 abril, 2026
Sala — Roig Arena, Valencia
Fotografía — María Carbonell

El titular de esta crónica no me lo invento yo: lo dijo ella. Así se definió Maria Arnal sobre el escenario del Roig Arena. Se mostró encantada de volver a una ciudad en la que estuvo un tiempo viviendo y aún conserva buenos amigos. Como la buena gente de Las Víctimas Civiles, de quienes adaptó su “Canción Total” junto a Marcel Bagés para su primer disco juntos (me pareció escuchar a Héctor Arnau gritarle “bonica!” desde las primeras filas) o la promotora local Pro 21, entre otros. Escucharle cantar “Meua”, esa finísima y elegante reformulación del clásico popular valenciano “Xiqueta meua”, que tantos marzos nos martillea en Valencia como un pasodoble fallero entre hedor a fritanga, pólvora y orines callejeros, fue como entrar en otra dimensión. Nunca pensamos que pudiera sonar tan delicada. Pero así es la artista de Badalona. Así de audaz es su enfoque de la música pop y de prácticamente todo lo que toca. Y así es como suena su más que notable "AMA" (2026), debut en solitario que profundiza en la indagación electrónica de lo que fue "Clamor" (2021) y que presentaba en la sala de menor capacidad del joven recinto multiusos valenciano (cerca de un millar de personas para un aforo de dos mil). Un disco gestado en torno a los múltiples significados del vocablo que le da título (y cuya génesis familiar explicó con detalle), al que solo se le puede reprochar que sea tan conciso, tan breve. Aunque también eso te deja con ganas de más, la verdad.

En algún lugar impreciso entre Holly Herndon, Tarta Relena, Marina Herlop y Rosalía (en ciertos momentos es inevitable acordarse de todas ellas), la economía de medios del disco se traslada al directo. Tan solo Pau Riutort a la percusión y programaciones y un teatral y fascinante trío de bailarinas acompañan en escena a Arnal, quien sigue siendo dueña de una voz privilegiada. Tan solo eché en falta que se desmelenase un poco más a la hora de dar rienda suelta a sus nuevas canciones, que prolongara algo más sus tramos finales – recurso efectista, sí, pero efectivo – para no plegar velas cuando llegan a un clímax que acaba un poco cortocircuitado. Que les hubiera aplicado esa máxima de “lo que te quede por decir te quedará por llorar”. Pero entiendo que esa es la propuesta. Y que quizá canciones como “Madrigal”, “Ama”, “Carta” o “Fui” no necesitan mucho más.
Me pareció brillante su utilización de la luz, también concisa: esa fina y cegadora ráfaga que tanto ella como sus bailarinas van rasgando mientras abordan “Si te asomas”. Maria Arnal nos recordó que los cuatro años transcurridos desde su último disco junto a Marcel Bagés no han sido precisamente una siesta, con la recuperación de esa canción con la que se presentó a los Goya y perdió (esto también lo dijo así ella, con retranca), una “La Virgen Roja” cuya percusión marcial suena – más aún un 2 de abril – a procesión de Semana Santa. Y aunque “Tú que vienes a rondarme” sigue activando el karaoke colectivo con un entusiasmo sin rival, me quedo con tres momentos especialmente contagiosos, todos de su última remesa: “Esquinitas”, “Tic Tac” y esa “Espejo” para cuya composición dice haberse inspirado en Lou Reed, aunque cualquier similitud con “I’ll Be Your Mirror” quede más que liquidada por su propia personalidad.

Nadie salió insatisfecho, y me dio la impresión de que parte de su público se ha renovado: diría que fue el concierto con una media de edad más joven de todos los que le he visto.

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