Este año Ojeando esgrimía el leitmotiv “Back To Basics”. Una vuelta a los inicios, cuando la cita malagueña se abría paso en el calendario de festivales con nombres entonces tan desconocidos en la zona como la propia marca del festival. Y es que el cartel de esta edición ponía a prueba la denominación Ojeando y su capacidad para seguir seduciendo al público fiel pero sin el reclamo de alguno de esos primeros espadas que como Lori Meyers, Love Of Lesbian, Los Planetas, Supersubmarina o Fangoria habían pasado por el Patio del Colegio de Ojén en otras ocasiones con el consiguiente revuelo.
El viernes arrancaba una edición aparentemente tranquila. Este año no había conciertos marcados en rojo, pero sí mucho que ver. La mejor opción dejarse llevar por el programa y perderse en él con el mismo ímpetu que uno lo hace por esa especie de judería que es el casco urbano de Ojén. Por suerte todas la calles terminan confluyendo en la plaza de la Iglesia, donde algo nos decía que su escenario este año iba a tener más bullicio que nunca. Si hablamos de una búsqueda del origen, del talento seminal y de las bandas del futuro este ya no es un lugar de paso. La primera prueba Dolorosa. La banda de Granada tenía el honor de abrir Ojeando 2015. En el centro, impertérrita, Natalia Muñoz clavaba su mirada en la puerta de la Iglesia y flanqueada por Raúl Bernal y algunos de los mejores músicos de la escena granadina, desplegaba ese cancionero frágil en la forma, ardiente en el fondo. Bajaba la temperatura por fuera, subía por dentro al influjo de esa especie de canción mediterránea de sabor agridulce que transmiten con transparencia sublime. Una propuesta del pasado con enorme futuro. También se espera mucho de The Loud Residents que tenían el honor de abrir el escenario Patio y presentar su nuevo Ep y sus nuevas intenciones. El trío malagueño alternó la fiereza de su primera demo con ese giro hacia un sonido más atemperado. Las primeras filas cabecearon con “Verlaine” refrendando ese proceso evolutivo de la banda y sacaron a hombros a Sixto.

The Loud Residents Ojeando2015

En el camino de vuelta al escenario Plaza constatamos que Ojén ya era pueblo indie, que no indio como Guillermo de Perro le explicaba en una terraza a una señora ojeneta pérdida en la traducción -si los hubiera visto en directo horas más tarde dudo que le quedará claro la diferencia de términos-. De ese cliché se salían este año Guadalupe Plata, aunque su directo era muy esperado en Ojén. Perico puso en marcha el aserradero y cortaron por la tangente con un set a bloque. Han tocado demasiado pronto comentaban algunos de sus incondicionales.
Músicos, público y demás apuraban las tapas al igual que Glaciar nos confesaban están haciendo con “La Hora de los valientes” su Ep de presentación con el que demostraron en la Plaza porque son una de las esperanzas de la joven escena malagueña. Disfrutaron de un buen sonido como casi todas las bandas que pasaron por un escenario que este año se había remozado. No ocurrió lo mismo en el Patio del Colegio donde el sonido, apabullante y desproporcionado, fue durante todo el fin de semana quebradero de cabeza de los técnicos y músicos en el intento de extraer de una mole sónica y en algunos casos violenta los detalles diferenciadores de cada propuesta.Los primeros en sufrir esto fueron The New Raemon. La base de electroacústica del repertorio raemoniano sonaba tosca y abrupta. Esto no quitó que el público pudiera disfrutar de un set que recorría toda su discografía. Abrieron con “La Cafetera”, recuperaron “Fuera Complejos”, que llevaban tiempo sin tocarla en directo, por supuesto, “Oh, rompehielos” y “Reina del Amazonas” de su último trabajo, e incluso, le lanzaron el guante a Niños Mutantes con una versión de “Hundir La flota” de los granadinos. Buen concierto en su primera visita a Ojén. Sí se puede decir que Ángel Stanich repetía visita puesto que hacía unos meses había estado en la presentación del cartel y muchos de los que asistieron a su showcase en Las Cuevas de Ojén se miraban cómplices, seguros de que el cántabro la volvería a liar. Y así lo avisó el propio Stanich un minuto antes de saltar al foso y “ametrallar” a las primeras filas en el epílogo de una hora de sudor y zapateo. “Carbura!” y de que manera su repertorio con banda que, visto lo visto, lo sitúa entre los caballos ganadores para cualquier cartel. Siguiendo con el libro de visitas de Ojeando, la última vez que estuvieron Niños Mutantes en este rinconcito de la Costa del Sol fue un mes antes de que el fuego consumiera parte de la alfombra forestal que rodea el pueblo. Es por ello que empezaran con “Huesos” más habitual al final de su set a modo de reponso u oración respetuosa a un paraje que también hermanaron con su “Barronal”. A pocos kilómetros de uno de los epicentros de la especulación inmobiliaria en nuestro país, devolvieron el saludo a The New Raemon y pidieron la caída de los bancos y de todo aquello que ponga en peligro el futuro de enclaves y pueblos como el que les acogió durante todo el fin de semana. En otro orden de reivindicaciones en el escenario Plaza, Las Ventanas y sobre todo Denyse y los Histéricos dejaron claro que Ojén es pueblo indie pero como apostillaban los Bud Spencer Band un poquito rockero también. Los conciertos de Denyse en Ojeando es la cuarta participación son una una olla a presión, la plaza se apretaba tanto como sus leotardos para desmelenarse con un vendaval de “Retrorock”, su último trabajo.

Ojeando 2015

El cierre en el escenario Patio estaba reservado para Perro que llegaban a Ojeando con un boceto bastante avanzado de lo que será su segundo álbum. De hecho trufaron el repertorio de temas nuevos con títulos todavía por revisar como “La Corta” y otros como “Azul Mayoría Absoluta” que son más reconocibles en cuerpo y alma con ese imaginario de punk campestre de su aclamado debut. “Os gastáis bien la perras” era su manera de agradecer la invitación a Ojeando, una inversión que aquellos que no conocían la rabia del Perro dieron también por bien empleada cuando vieron boquiabiertos ejercitarse al cuarteto a dos baterías. Carlito Brigante fue el único que le saco partido al Hi-Fi del equipo del sonido con una exigente dosis de cardiopop.

Hi Corea! Ojeando 2015

El sábado se presentaba con un plan parecido, no había plan. Quizá esto propició público desde primera hora. Stone Pillow abrían el colegio y se mostraban sorprendidos cuando desde las primeras filas les pedían “La Bola China”, uno de sus primeros temas.Los malagueños han superado con creces el miedo escénico y lo demostraron con un concierto dinámico y contagioso. Igual de complacidos estuvieron The Wives que se encontraban la plaza con un ambiente inusual para no haberse puesto el sol. El escenario gratuito este año fue una bicoca, La prueba el concierto de Hi Corea!. Los sevillanos demostraron que su directo ya está a la altura de ese repertorio que nos ha embaucado en el último año y en Ojeando los vimos por primera vez atravesar el cuarto espacio. La fachada de la iglesia adquirió tonos rosáceos a la vez que ellos evocaban su “Sacred Place” y saldaban la cuenta con ese hit que sonó por fin como en disco. Y en esa tesitura se encontraba el técnico de Airbag cuando por el callejón de acceso al escenario Patio retumbaba el impacto de “La bomba de neutrones”. Ajenos al estruendo de fuera los esteponeros se sentían encantados de tocar en un gran festival a pocos minutos de casa. Y como en casa se sintieron jaleados por una primera fila militante que con camisetas de los Clash de Hm coreó clásicos de ayer y hoy para una vez la onda expansiva ya controlada, rematar dando patadas al aire con “Elena” .

Xoel Lopez Ojeando 2015

Los ganadores del concurso de nuevos talentos este año fueron Negroazulado y demostraron en la plaza que están un peldaño por encima del resto de bandas de su liga con un directo electrizante. Ya decíamos que este año no había ningún galáctico del indie, sin embargo Xoel López recogió el guante y se plantó en el patio con un directo colosal. Arropado por una banda de altura -Miguel Rivera, Charly Bautista…- y enmarcado en un telón multicolor, Xoel demostró que es algo así como el David Byrne español, capaz de agitar su pop con ritmos transoceánicos y crear momentos de exultante felicidad como ese “Yo sólo quería que me llevaras a bailar”. Pero Xoel, no lo olviden, es uno de los padres del indie nacional y para que quedara constancia sonó ese en otro tiempo, himno generacional “Que no”. Y de un elixir de eterna juventud a ese chute de afterpunk adolescente que son Belako. La sorpresa para muchos, la confirmación para otros. Fueron capaces de llenar el escenario principal con una propuesta que por naturaleza se defiende mejor en las distancias cortas. Los bizkainos rápidamente acortaron los espacios y al grito de “eurie” deambularon a un lado y otro del foso con un desparpajo inusual. Al igual que Grises el año pasado, el viento del norte dejó en Ojeando su racha más fresca. Terreno abonado para que El Columpio Asesino dieran el triunfo definitivo a las huestes de invernalia. Arsenal tienen suficiente y no faltaron descargas cuerpo a cuerpo como “Your Mind Is Dead” o “Toro” sin embargo es en los medios tiempos donde el acero de los navarros se muestra más incisivo. Temas como “Perlas”, que se consumen al mismo ritmo que el cigarro de Raúl son las que ponen de relieve el verdadero embrujo de una banda que va más allá de los fuegos de artificio. En la Plaza, como ya es tradición, la Bud Spencer Band, con la incorporación de una brillante voz femenina a la formación, certificaron que sí, que Ojén es un poquito rockero también.   Como cierre, y siguiendo con esa mirada seminal de esta edición, el festival quiso homenajear a todos esos aficionados al género que de alguna manera alimentan la escena independiente en la Costa del Sol, unos de ellos la pareja We Are Not Djs, habituales ya en otras citas festivaleras y que al grito ramoniano de Hey ho! pusieron el broche a una edición que reivindicó el poder de la tierra media.