Vivir hasta el final
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Vivir hasta el final

9 / 10
Patricia Capel — hace 1 año
Empresa — Propaganda Pel Fet!
Fecha — 20 octubre, 2018
Sala — Sant Jordi Club
Fotógrafo — Montse Galeano

Llevan trece años siendo la banda sonora de una generación y ahora toca despedirse por un tiempo de los escenarios. A estas alturas no se requieren presentaciones. Ellos y nosotros sabemos que son un must en todos los carteles, no importa si es en una fiesta mayor de pueblo o en uno de los mejores festivales de nuestro país, allí van -o mejor dicho, iban- a estar. El sábado fue la segunda noche del paso de La Raíz por Barcelona, una segunda casa para ellos donde las diferencias lingüísticas, sociales y culturales les han hecho crecer.

Esta vez la cita iba a ser un tanto agridulce. Con todas las entradas agotadas desde hacía meses, el Sant Jordi Club acogió a más de 4.000 personas para poner el broche de oro a un capítulo inolvidable de la banda. Fueron dos los motivos que hicieron que los minutos de espera después de abrir las puertas a las 20h se esfumasen: unas teloneras que prometían y un concierto muy especial para los fieles seguidores de los levantinos -hay que reconocer que tiene mucho mérito hacer cola desde las nueve de la mañana-. Tribade (foto inferior) fueron las encargadas de inaugurar lo que iba a ser una velada imborrable para todos los que estuvimos allí. Cuando la música de Zoo dejó de sonar y se acababan de ultimar los preparativos del escenario, todos los jóvenes -sí, hasta los 30 y largos sigues siendo joven- se pusieron en pie.

Tribade Palau Sant Jordi Barcelona Montse Galeano 2018

Bittah, Sombra Alor y Masiva Lulla aparecieron en el escenario con una actitud arrolladora, tanta que nadie diría que la primera vez que lo hicieron como Tribade fue en septiembre del año pasado. Empezaron su actuación con un breve discurso sobre las injusticias sociales y las presas antifascistas, algo de lo que hablan muy bien en sus canciones. La puesta en escena era más que impecable: juegos de luces rojas, azules y verdes que cautivaban todas las miradas. Si bien muchos no las conocían, al final todo el mundo acabó cantando -a pesar de que la velocidad con la que rapean estas chicas es impresionante-. Encontramos autocrítica, feminismo y una vocación de concienciar en todo lo que hicieron en el escenario. Los dejes aflamencados de Sombra en “No volveré” y el ritmo con el que se movían dejaron el listón muy alto.

“Hija de la luna” vino antes que “Mujeres”, el tema con el que consiguieron que todo el mundo bailase. Y es que este trío está siendo un fenómeno de unión y sororidad, una revolución del urban en toda regla. Una pequeña pausa llegaba mientras el DJ se encargaba de no dejar decaer el ambiente y por el lado derecho aparecía un símbolo transgénero enorme de color rosa. Minutos después volvieron al centro para cantar el nuevo avance de su primer disco (que escucharemos en febrero del 2019), “La Purga”, un tema que trata sobre la revisión de privilegios y que daba paso a “Gaupasa”, la última canción y el primer lanzamiento de las raperas. Tras dedicar palabras de agradecimiento y presentar a los protagonistas de la noche, se despidieron dejando un público más que impaciente.

El silencio se hacía imposible cuatro minutos pasadas las diez. Empezó a sonar “Las Miserias de Sus Crímenes”, la intro del disco más reciente de La Raíz. Quien lo ha vivido sabe que no importa cuantas veces repitas, la emoción que te generan es siempre la misma. Arrancaron con “Entre Poetas y Presos”, dando comienzo a un espectáculo en el que iban a intercalar canciones de sus últimos tres discos, “Entre Poetas y Presos” (2016), “Así en el Cielo como en la Selva” (2013) y “El Lado de los Rebeldes” (2011). Siguieron con “Borracha y Callejera” y “La Voz del Pueblo”, con un público entregadísimo que seguía todas las letras y que a su vez movía los brazos al ritmo de la música. Y fue justo antes de “Muérdeles” cuando empezaron los primeros pogos -aseguro que puede llegar a ser asfixiante-. Esto es algo que nunca cambia, una especie de ritual que se ha cumplido en cada uno de sus conciertos. Estaba todo el mundo muy arriba hasta que Pablo Sánchez nos volvió a recordar el parón indefinido que han decidido tomarse, pero fue reconfortante escuchar que aunque el futuro no está escrito, ellos siguen y seguirán siendo los mismos.

La Raíz Palau Sant Jordi Barcelona Montse Galeano 2018

Daba la sensación de que más que en un concierto estábamos en una montaña rusa, pero de emociones, ya que la rebeldía que transmitían en el escenario se transformaba en nostalgia para los que aún sin haberse ido ya los echaban de menos. Sonó “Jilgueros”, “Obediencia ciega” y “Una Selva Asesina” con los bailes de Julio Maloa y la conexión tan especial que crea Sen-K con las primeras filas. El momento más emotivo de la noche llegó antes de “El tren Huracán”. Los once integrantes quisieron rendirle homenaje a un vecino de Gandía que falleció hace diez años. El Cristo -así lo llamaban- llevaba una vida similar a la de la mayoría de artistas, y Pablo quiso transmitirnos un mensaje conmovedor: “queríamos vivir hasta el final, hasta que durara la Raíz, y sabíamos que iba a ser así”.

Fue el turno de “Nuestra Nación”, “Llueve en Semana Santa” y “Por Favor”, y con ello volvió la fuerza necesaria para una de las canciones más esperadas -me atrevería a decir la que más-. Con Sandra Monfort a la guitarra, en el centro del escenario, el público empezó a cantar “Suya Mi Guerra”, haciendo muy pequeña la voz de Pablo y recordando a los combatientes que cayeron en la Guerra Civil en defensa de la República, todo esto acompañado de puños en alto y banderas tricolor. Seguidamente cantaron “El Circo de la Pena”, “El lado de los Rebeldes” y “Elegiré”, en la cual parecía que había una marea bajo el escenario que se movía al mismo ritmo. Para sorpresa de los que no lo habían presenciado anteriormente, cantaron “L’Empordà” de Sopa de Cabra -ahí todos fuimos altamente sensibles- y luego “Radio Clandestina”.

La última parte del concierto empezó con un pasillo que dividió la pista en dos y que acabó en un pogo enorme durante “Solo quiero de ti”. A pesar de que a muchos no les hiciera mucha gracia (se podía ver perfectamente en sus caras) todo el mundo acabó sumándose. Y aquí vino la canción más evocadora de La Raíz, y es que aseguraron que no tenían palabras para describir lo que sienten cada vez que el público canta “La Hoguera de los Continentes”. Antes de la traca final y con Juan Zanza a la guitarra Pablo se despidió de todos nosotros, asegurando una y otra vez que “es el corazón quien decidirá nuestro futuro, nunca dejaremos que lo haga la industria musical”. Ni “El Mercurio”, ni “Rueda la Corona” ni “A la Sombra de la Sierra” iban a distraer el pensamiento de los que ya empezaban a tener lágrimas en los ojos deseando que ese “Nos volveremos a ver” sea verdadero. Y ojalá pronto.

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