Un concierto al que llamar hogar
ConciertosLa Maravillosa Orquesta Del Alcohol

Un concierto al que llamar hogar

8 / 10
Víctor Terrazas — 21-02-2026
Empresa — Black Izar
Fecha — 19 febrero, 2026
Sala — La Riviera, Madrid
Fotografía — Virginia Barbero

Hay algo que te atraviesa de manera visceral cuando uno acude a un concierto de La Maravillosa Orquesta del Alcohol. Algo reconocible, casi físico. Una sensación que no se explica del todo, pero se entiende rápido, parecida a un abrazo con un viejo amigo o a volver a un sitio conocido después de mucho tiempo fuera. No es nostalgia sino pertenencia. Sus canciones, ya sean los viejos himnos o los nuevos clásicos, funcionan como un punto de encuentro. En un concierto de estos burgaleses nadie está solo.

Antes de arrancar con “Héroes del Sábado”, ya en los últimos compases del concierto, David dijo algo simple, sin énfasis: “Gracias por hacer que nuestras canciones os acompañen en los buenos y en los malos momentos, somos unos afortunados”. Y no hacía falta añadir nada más. Ahí estaban las canciones que han servido para atravesar pérdidas, para sostenerse, para salir adelante. Para llorar de alegría o reír en la tristeza. Ese mismo cariño se notaba en la sala, en la forma en que el público escuchaba y cantaba: la certeza compartida de que La M.O.D.A ha estado, y está, en muchos momentos importantes. Afuera hace frío. Dentro, no. Por eso los afortunados somos nosotros de que existan grupos como este.

Si hace cuatro años sorprendieron con seis conciertos en La Riviera durante la presentación de “Nuevo Cancionero Burgalés”, en esta ocasión, con la gira de “San Felices”, añadieron dos fechas más. Ocho conciertos en poco más de un mes en Madrid, todos con el cartel de entradas agotadas. Un respaldo que no se limita a la capital, sino que se repite en el resto de la gira, iniciada en Bilbao el pasado noviembre: todas los conciertos hasta el momento han colgado el  sold out. Todo ello, además, en un contexto complicado para el septeto, marcado por la situación de Wegow, la ticketera encargada de gestionar las entradas, que entró en concurso de acreedores.

Según se acercaba la hora del espectáculo había expectativa, pero también confianza: se sabía lo que iba a pasar y, aun así, se esperaba que volviera a sorprender. Salas grandes, locales pequeños, fiestas de pueblo o escenarios en la España olvidada por sus gobernantes; cada vez que Álvar, Caleb, David, Jorge, Nacho y José suben al escenario, el tamaño del lugar deja de importar. Lo que permanece es la honestidad con la que encaran cada concierto y el oficio de más de una década recorriendo escenarios.

La ausencia de Jaco, miembro histórico que dejó la banda hace un año, seguía siendo perceptible; su sombra es alargada y querida. Por eso, uno de los primeros aplausos es para la burgalesa Marina López, que se ha incorporado para cubrir ese hueco, adaptándose con naturalidad a la banda y reforzando el apartado vocal en los coros. Tampoco pudo estar presente por motivos personales Joselito Maravillas, el corazón de esta orquesta que no deja de ser el acordeón. Su sustituta, Josune Arakistain, entendió bien el pulso de la banda y mantuvo intacta su esencia.

El concierto arrancó pasadas las nueve de la noche y se extendió durante algo más de noventa minutos, repartidos en veinticuatro canciones. El ritmo fue constante, sin grandes pausas, con un público entregado desde el primer momento. El repertorio resultó amplio y sólido. Aunque algunas piezas históricas como “Campo Amarillo” quedaron fuera, aparecieron otras como “La Molinera” y “Catedrales”, junto a algunos de los pilares indiscutibles del directo: “Nómadas”, “Hay un fuego”, “PRMV” o “La Inmensidad”, coreadas de principio a fin.

El eje estuvo en "San Felices", y el mejor cumplido que se le puede hacer es que las canciones nuevas encajaron, sumaron y ampliaron el relato. Temas que remueven por dentro, limpian por fuera y suenan tanto en directo como en formato físico como si llevaran toda la vida ahí. El concierto se abrió con el tema homónimo, seguido de “Letra Helvética” y “Alsa para Madrid”. Entre los momentos más destacados estuvieron “La Vida en Rosa”, con el escenario teñido de ese color y una conexión inmediata con el público, y “Subiendo como El Chava Jiménez”, celebrada desde la primera subida, con la voz de Leiva sonando en ausencia física, integrada sin romper el momento. Un tema que apunta a convertirse en uno de esos cortes con largo recorrido. Ojalá, incluso, pueda acabar siendo la sintonía de La Vuelta ciclista de este año.

El tramo final, ya en el bis, estuvo compuesto por las eternas “1932”, “Héroes del Sábado” y “Mañana voy a Burgos”, cerrando el concierto por todo lo alto con la sala completamente entregada. Cada vez que los veo lo tengo claro: La M.O.D.A no solo hace canciones, construye espacios. Y durante algo más de hora y media, esa sala volvió a sentirse como un lugar al que llamar hogar.  Cuando se encendieron las luces, nadie tenía prisa. Afuera hacía frío. Dentro, todavía no.

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