Este pasado viernes 20 de marzo, el espacio Laba de Iruña-Pamplona nos proponía una atractiva alternativa a la noche pamplonica, dando cabida a la propuesta de las bandas Harat y Kaskezur. Nos alegra ver que este tipo de propuestas amplían su alcance y van más allá de los espacios en los que se mueven habitualmente, llegando a un público más diverso.
Harat fueron los encargados de comenzar. La banda de Bera se dispuso en el escenario mostrando un despliegue de medios que ya anticipaba la paleta sonora con la que nos encontraríamos en su directo: guitarras pasadas por amplificadores de los de antes, potente combo de batería-bajo y fragmentos de voz que aparecen como megafonía que te guía entre pasaje y pasaje. Los ritmos asimétricos hipnotizaron a un público que terminaba de ubicarse en la sala, llevándolo de forma progresiva a terrenos más pantanosos, donde el principio y el final de las canciones se desdibujaban y los silencios y los cambios de ritmo dentro de las propias canciones te mantenían expectante de lo próximo. Han pasado ya más de tres años desde que el proyecto encabezado por Ibai Gogorza publicara su primer y único disco, homónimo, que partía de la improvisación y que desembocaba en canciones sin artificios, llenas de potencia y crudeza.

Tras un breve cambio era turno del cuarteto del Baztan, Kaskezur, que irrumpían en el escenario manteniendo el nivel de intensidad de la noche pero con su propio sello. Fieles a su identidad, sonaron con esa frescura imperfecta tan ruidista que les caracteriza. Apostaron por los temas de su última referencia "Deus", pero sin olvidar otros temas de su repertorio. Porque han pasado ya más de dos décadas desde que el proyecto diera sus primeros pasos, con idas y venidas de músicos (hasta 8), pero desde el principio con Ion Mindegia e Iñigo Belzunegi (ambos guitarristas y en las voces) al timón.
El cambio de energía fue palpable, las voces cobraron más presencia y las estructuras y ritmos pasaron a formatos más cuadrados, pero la potencia instrumental seguía siendo demoledora. La simbiosis entre batería y bajo hace de motor en esta banda, te atrapa y te prepara para el derroche de electricidad de las guitarras y el dúo de voces. No me gusta recurrir a etiquetas y referencias, pero para los que no conozcáis a esta banda, podéis encontraros sonoridades que van desde Kuraia o Berri Txarrak hasta Sonic Youth o KGLW.
Importante remarcar el esfuerzo del espacio Laba por servir de plataforma y escaparate de forma viable a todo tipo de propuestas, dejando claro que lugares como este son mucho más que una simple agenda de conciertos, son una referencia de la cultura local y un punto de encuentro único que enriquece la ciudad.
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