Incendiar el Matadero
ConciertosDía De La Música

Incendiar el Matadero

7 / 10
Cristina V. Miranda — 22-06-2012
Sala — Matadero de Madrid
Fotografía — Mariano Regidor

El Día de la Música se celebra en todo el mundo el 21 de junio, y en Madrid, el festival escogió para ese día un sentido homenaje al genio de Enrique Morente de mano de sus Evangelistas. El grupo ha unido a miembros de Los Planetas y Lagartija Nick con el objetivo de seguir avanzando por el camino que abrió el “Omega”, un camino que gracias a la obsesión de J por electrificar los palos del flamenco ya se encargan de explorar Los Planetas con sus últimos discos y que con la aparición de esta nueva formación promete seguir sorprendiendo y logrando nuevos conversos. Como ejemplo, la salida al escenario de dos carismas desbordantes como Carmen Linares y la hija mediana de Morente, Soleá, y su perfecta compenetración escénica. Contemplar a Carmen Linares palmeando a J o a Soleá adaptándose a la guitarra de Arias es más que motivo para celebrar la música.

La jornada del 22 arrancó con un calor infernal que un año más ha vuelto a convertirse en protagonista de un festival condicionado por la restrictiva política horaria del Ayuntamiento de Madrid. Uno de los damnificados el viernes fue Lee Fields, programado a las 18.30 en uno de los escenarios grandes (RNE), llegando a convertirse en todo un acto de fe, tanto para él y sus cinco músicos como para el público, no ceder al calor y entregarse a su, ya de por sí, sudoroso soul. Precisamente, el soulman venía a presentar “Faithfull Man” y sólo la energía y la ternura de invocaciones al público (”Are you happy?”) lanzadas casi al vacío lograron mantenernos en nuestro sitio. Eso y las ganas de saber cuánto hay de hype en la propuesta de Azealia Banks, esa chica menuda que aun sin disco editado es capaz de entregar media hora de show nervioso, bien trabajado y pensado al milímetro para enganchar y seguir subiendo puestos en la programación de festivales internacionales.

A la misma hora en que la neoyorkina incendiaba el asfalto de la pista central muchos buscaron refugio en el escenario UFI, y tanto si fue voluntario como por refugiarse del calor, allí se encontraron con uno de los secretos mejor guardados del festival. JD McPherson dando vida al rockabillie trotón de su disco "Signs And Signifiers" y demostrando que el mal sonido del incomprensible show de Pegasvs no había sido responsabilidad exclusiva de la sala.

Un poco más tarde, debido a un polémico retraso en su programación, los británicos Tindersticks lograban llenar hasta los topes otra de las salas cubiertas, la de la Rockdelux, sin duda la más agradecida en cuanto a sonido de todo el Matadero. Cómoda, tanto para artistas como para público, en este caso el exceso de gente restó intensidad a un show creado para un recogimiento poco habitual en este tipo de festivales. Con todo, y especialmente cuando sonaron canciones como “Show Me Everything”, el suyo se convirtió uno de los grandes conciertos del viernes.

Paralelamente, en uno de los escenarios grandes James Blake confirmaba su progresiva separación de la etiqueta dubstep que le alumbró como fulgurante revelación hace ya un par de años. El británico se presentaba en formato trío para arrimarse un poco más a una peculiar y contemporánea reinterpretación del soul y la tradición folk. La versión de Joni Mitchell puede considerarse toda una declaración de intenciones en ese sentido.

A la hora a la que debería comenzar el festival salían al escenario RNE uno de los grandes atractivos de esta jornada, Two Door Cinema Club. Los irlandeses, que presentan su segundo disco el 3 de septiembre, combinaron hits ya de sobra conocidos como “What You Know” y “Cigarettes In The Theatre” con esas nuevas canciones, más cercanas a los medios tiempos y que al menos en una primera escucha resultan menos inmediatas que aquellas que les han convertido en superventas mundiales. Suyo fue el mérito de conseguir devolver a la vida a un público, por primera vez en todo el día, verdaderamente numeroso y revoltoso. Suya fue la actuación que más y mejor se recordará de esta edición del Día De La Música.

En el escenario Spotify, a The Raveonettes, otro de los grandes nombres del día, les tocaba competir con La Casa Azul para el cierre. Y por muy apetecible que siempre resulte ver a la atractiva pareja formada por Sharin y Sune sobre el escenario, la oscuridad de su último álbum en el que centraron gran parte de su repertorio, no puede competir con el perfecto espectáculo que ofrece Guille Milkyway con “Polinesia meridional” . Alguien comentó en algún momento del concierto que Guille, más allá de su genialidad como compositor y músico, había conseguido convertirse en una verdadera estrella del rock. Y es verdad.

Las alegrías del sábado continuaron con David Thomas Broughton. El de Leeds no necesitó más que su guitarra y esa voz animal y personalísima que le identifica para dejarnos pegados a la silla y olvidarnos por primera vez en dos días que ahí fuera hacía 36º a la sombra. Además de transportarnos a la campiña inglesa con las canciones de su álbum, también tuvo tiempo para bromear con algunas chicas del público. Y aunque lo que realmente apetecía era no moverse de esa nave, se hizo necesaria una pequeña escapada al exterior para intentar disfrutar de la cuidada propuesta de Fanfarlo. Con un imponente despliegue de músicos e instrumentos en el escenario, canciones como “Lenslife” o “Comets”, sonaron todo lo bien que podían sonar a esa hora y con un público discreto ante ellos. Nuevos cambios de horarios hicieron coincidir el show de Fanfarlo con el íntimo concierto de Julia Holter (a los teclados, acompañada de un cello y un batería, menos Liz Fraser y más Siouxsie Sioux, igualmente intensa) y la actuación de Frankie Rose, que superaron las limitaciones de la Nave 16 con un concierto correcto, por encima de la media de lo que nos han demostrado grupos de coordenadas similares a su paso por nuestros escenarios, mismamente la banda hermana Vivian Girls. Como curiosidad y también declaración de principios esa esforzada versión del “A Forest” de The Cure en la recta final.

Una visita rápida al escenario Spotify para ver a Francisca Valenzuela intentando animar el cotarro con más intención que resultados, incitando al cambio político y reivindicando sus raíces chilenas. ¿El show? Tierno, pero flojito. Justo lo contrario que el de ese monstruo de Texas llamado Alejandro Escovedo, que en su primera visita a Madrid tuvo que competir con los también texanos Spoon en otro alarde de incoherencia en la programación. A pesar de ello, fueron muchos los que optaron por ver al genio de Escovedo y sus tres músicos desplegar un show eléctrico lleno de nervio muy en línea con sus últimos trabajos. Parlanchín, sonriente y amabilísimo, Escovedo transmite una vitalidad y una garra que hace poner en duda el sentido de ese disco homenaje que algunos colegas como Lucinda Williams y Steve Earle le hicieron cuando estuvo al borde de la muerte. Algunos echamos algo de menos un set un poco más acústico, pero canciones como “Anchor”, esa historia interminable sobre el Chelsea Hotel y ver a todo el público en pie ovacionándole al final, no permiten muchas más quejas.

Tras este oasis en el desierto del Matadero asistimos a una (todavía) soleadísima puesta en escena del “Deserter’s Songs” de Mercury Rev. Si en algo parece que lograron estar de acuerdo los múltiples asistentes que, esta vez sí, se mantuvieron inmutables al sol para escuchar unas canciones que ya forman parte de nuestro imaginario emocional, es que sonaron como sombras de sí mismas, con poco fuelle y consistencia, y a pesar de los esfuerzos como director de orquesta de Jonathan Donahue.
Y es que para director de orquesta, nadie como Santi Balmes. Love Of Lesbian, la banda de pop española con mejor directo ahora mismo tuvo que enfrentarse al monstruo más temido de la jornada después del sol, el partido de España, y lo que es peor, a la decisión de la organización de poner una pantalla gigante al otro extremo de la plaza. Poco útil para los fanáticos, que si querían verlo ya tenían el escenario UFI o los bares de alrededor y un auténtico coñazo para los que estábamos en el Día de la Música, por la música. Al final, exceptuando molestias interrupciones con motivo del primer tanto mientras comenzaban con “Wio”, una de sus últimas canciones, los lesbianos se impusieron por goleada y dieron, no solo el más largo, sino el mejor concierto de toda la jornada. “Nuestra intención es anochecer con vosotros, y durar más que el partido”, y vaya si lo consiguieron. Casi dos horas divididas, como ya es habitual, entre sus canciones más lentas y las más canallas, entre las que ayer incluyeron una versión de “El ectoplasta” supuestamente protagonizada por Rajoy, Rodrigo Rato y Merkel. Arriesgar, tampoco arriesgaron mucho e introdujeron solo algunos temas nuevos (“Si tú me dices Ben yo digo Affleck”, “Oniria e Insomnia”…) en un set list dominado por clásicos como “Universos infinitos”, “Club de fans de John Boy” y el clásico cierre con “Algunas plantas”.

Con la resaca del fútbol y también de los conciertos de LOL y Maxïmo Park (poco que decir. Los británicos siguen perdidos en un bucle infinito) se afrontó la recta final del festival. Algunos de los que abandonaron en manada tras el concierto de Santi Balmes y los suyos se perdieron uno de los shows más consistentes de esta edición. Con “The Devil’s Walk” Sascha Ring (esto es, Apparat) ya anunciaba su intención de jugar en ligas mayores. En directo, aferrándose a una guitarra y con el apoyo de otros tres músicos, confirma un poco más la su apuesta por la épica y los coqueteos con el cliché “Sigur Ros”. Podría caerse con todo el equipo, pero muy al contrario sale airoso, recuperando de su pasado inmediato un 4x4 poderoso y vistiéndolo de emoción pop. Muy bien. Tanto que lo de Metronomy, uno de los nombres más esperados del festiva y teórico gran fin de fiesta del mismo, tuvo, en contraste, algo de decepción. Sonido minimalista, sin esa siniestra personalidad que hace a The XX tan especiales, y un ritmillo a medio gas que no llego a incendiar el patio del Matadero, precisamente cuando la noche nos envolvía, en la hora en que era más necesario que el calor llegara desde el escenario. Nos acordamos de Two Door Cinema Club…

3 comentarios
  1. Lo del futbol es totalmente respetable. Personalmente me parece bastante peor que le den 2 horas a un grupo que los puedes ver hasta en la fiesta de tu pueblo. Mientras que artistas internacionales mas complicados de ver por aqui los ponian a tocar a las 6 de la tarde con toda la solana insufrible.

  2. ¿y lo que cobraron por acceder al escenario rock de luxe donde tindersticks iban a tocar?nos soplaron 2 euros y al final entró todo dios, con y sin ticket. eso sí, tuve un asiento de puta madre sentado en un escalón del teatro. una organización pésima y conciertos solapados todo ello por 50 euros.

  3. sigo dando palos: las 6 de la tarde no es hora para programar conciertos a pleno sol canicular.no se como los grupos no os denunciaron por las condiciones.¿sois así de tontos o es que no dais para más?el cartel de este año parecía diseñado por alguna lumbrera de radio3, penosita la mezcolanza.

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