Carlota, Ana, Amber y Ade son ese híbrido estético y cultural entre las Spice Girls y The Breeders. Tienen la frescura y el descaro de una girl band que utiliza el escenario como recreo. Pero también son esas músicas que ejecutan buenas canciones ante un público que no solo demanda estribillos, sino una banda sonora vital que les acompañe. Lo que sucedió ayer en la sala Joy Eslava de Madrid (lugar escogido para la presentación de su segundo disco –“I don’t run” (Lucky Number Music) tras su paso por Primavera Sound) sirvió para que los allí presentes comprobásemos que a las Hinds ya no se les puede decir que no saben tocar. Que esa razón ya es una patraña y que si alguien quiere buscarles las cosquillas debe encontrar mejores argumentos.

El sonido robusto de la base rítmica, el brillo de sus guitarras (que parecían desprender casi tanta purpurina como la que tenían sus párpados) y sus voces (más maduras y afinadas) hizo que su nuevo LP –el cual desgranaron empezando por The Club, mismo tema que lo abre– se haya convertido en un cancionero generacional con el que el público disfrutó tarareando a grito pelado, saltando y haciendo pogos.

“Llevamos dos meses de gira, un poco enfermas… O cansadas” espetaba entre canción y canción Carlota, algo ronca pero con la energía suficiente para jalear al público. Un público que parecía un termómetro de street style milenial entre el que había menores (identificados con una pulsera naranja), algunos treintañeros y otro montón de hormonas con patas mayores de edad que no pararon de liarla durante todo el concierto.

La noche no solo estuvo protagonizada por Hinds. Diego García, de The Parrots, y Carlos y Fran, de Bay Waves fueron los invitados que las chicas sacaron al escenario. A estos dos últimos, Ana y Carlota les colgaron sus guitarras mientras ellas empuñaron sendos micros y se acercaron al borde del escenario para cantarle y bailarle al público “Davey Crockett”: una de las canciones con las que más disfruta la banda y con la que más sufre el personal de seguridad de la sala (sus caras ante la actitud punki de las chicas era todo un poema).

La penúltima canción del concierto, “New for you” –incluída en su último disco– trajo consigo una declaración de intenciones por parte de Ana: “Que sepáis que cuando vamos por ahí todo el mundo sabe que somos de aquí”, dijo entre orgullosa y triste. Y es que, la falta de reconocimiento ante su éxito –a pesar de sus extensas giras por Estados Unidos y Europa– por cierta parte de la prensa especializada y de la industria musical española es algo que parece importarles cada vez menos pero que, evidentemente, escuece todavía un poquito.

De lo que no hay duda es de que ser chica y tocar la guitarra se ha convertido en un género en sí mismo por derecho propio. Casos como el de Hinds, más todas las que estuvieron antes, confirman que la feminidad en la música (en cualquiera de sus expresiones) nos está dando a las mujeres el respiro que andábamos buscando: ser nosotras mismas a pesar de todo.