La del 28 de enero, un miércoles en el que el Barça se jugaba estar en el “Topocho” de la Champions, era una noche en la que se tenía que estar en La Nau. Ser testigo de la presentación en directo en su ciudad de “Sempre i per instint”, el segundo largo de gavina.mp3, uno de los mejores discos (¿el mejor?) publicado en Catalunya el pasado 2025 dentro de las coordenadas del pop independiente. Y sí, la sala del Poblenou se petó de adeptos entregados a la causa gaviniana -y de lo bueno y mejor de la escena local: los de La Ludwig Band (aunque esto no es remarcable porque Quim Carandell y resto de la banda no se pierden una), alguno de Dan Peralbo i el Comboi…-.
Max Codinach y compañía lo tienen todo. Son rabiosamente jóvenes. Son rabiosamente guapos. Son rabiosamente estilosos. Van sobrados de carisma. Y, lo más importante, se les caen los temazos de las manos. Lo demostraron hace un par de cursos con su carta de presentación, la imperfectamente perfecta “Molts ossos, molts estels” (autoeditado, 2024), escondite del aún insuperable “SOTA EL CEL”. Lo han reconfirmado con “Sempre i per instint”, pop de habitación en algún lugar entre la radiofórmula mainstream i Daniel Johnston, entre Manel i Cupido. “CIUTAT”, “HO SENTO MOLT”, “ANGELET” o “BALCONS, CAVALLS” (Max ya se ha ganado una entrada en la enciclopedia general de la música catalana solo por este tema) son el resultado de esta suma de factores. Canciones de melodías redondas como soles que adelantan al resto por la derecha gracias a unas letras que son poesía fotográfica generacional -Max no suele hablar de ello, pero el 2022 publicó el poemario "Els angles del vent" (Viena Editorial) y suele citar a Pepe Sales como referente ineludible en su manual de estilo-.
Gavina.mp3 lo tienen todo, pero en La Nau, donde contaron con la colaboración de socios habituales como Balma, Al·lèrgiques al Polen…, les faltó algo. No fue un mal bolo. Tampoco fue culpa de que fuera un concierto corto (una hora, pero sonaron todas las que tenían que sonar). Fue una chispa que no acabó de prender. Puede que fuera la tentación de autoboicotearse reinventando alguna de sus canciones más aclamadas. Un juego traicionero que te puede tentar cuando vas sobrado de talento. Hasta que llega un momento en el que acabas descubriendo que, si las cosas funcionan, mejor no arreglarlas.

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